domingo, 21 de marzo de 2010

Capítulo 22.


Apenas había terminado de pronunciar esa frase yo ya estaba metiendo las cosas en la maleta, de cualquier manera. Michael suspiró.

-Anda, déjame a mí.

Y sin más, empezó a doblar mi ropa y a guardarla cuidadosamente. He de reconocer que aquella visión me resultó graciosa: Michael Jackson, preparándome la maleta. Me giré y observé el cuadro.

-Esto…Michael…¿Qué vamos a hacer con el retrato?

-Pues llevarlo a tu casa.

Me di la vuelta para contemplarle.

-Ya te dije que mis padres no están en casa.

-Bueno, ¿no me contaste que habías hecho amistad con la recepcionista? Pídele que te lo guarde hasta que lo puedas llevar a casa.

Cavilé en mi mente unos instantes.

-Vale.

Michael sonrió y siguió preparándome la maleta. En cuanto terminó, hizo ademán de abandonar la habitación, y yo le seguí. En ese momento, se paró en seco. Se dio la vuelta y contempló con ojos vidriosos la habitación.

-Me da pena tener que irme de aquí.

-A mí también- afirmé

Me miró y esbozó mi sonrisa predilecta.

-¿ A pesar de las cucarachas?

-Sí- admití.

Ensanchó aún más su sonrisa y me rodeó con uno de sus brazos.

-Venga, vámonos.

Cerramos la puerta y descendimos a la recepción. Me despedí de Julia (me resultó realmente difícil, habíamos congeniado muy bien).

-Más te vale que me llames – me dijo mientras me miraba desafiante.

-Descuida, lo hará.-dijo Michael a mis espaldas.

Al abandonar el hostal, me giré para mirarlo una vez más…y no pude evitar preguntarme si volvería a verlo algún día. Michael me dio un apretón en la mano, y como por arte de magia, toda mi tristeza desapareció.

Cogimos un taxi para llegar al aeropuerto. Al llegar...

-¿Michael…y tus maletas?

-Me las envían directamente al hotel.

-¿Eres tan vago que no puedes cargar con ellas?- bromeé mientras le daba un codazo en las costillas.

- No, son las ventajas que tiene ser yo.- respondió mientras alzaba la cabeza.

-Vago- murmuré.

-Repítemelo- dijo acercándose a mí.

-V-A-G-O.

Eché a correr y Michael comenzó a perseguirme a lo largo de las terminales. La gente nos observaba con incredulidad, y algunos molestos debido a los golpes que les propinábamos para poder seguir avanzando. Finalmente, Michael me cogió de la camiseta y tiró hacia atrás.

-Te pillé.

-“Último aviso para el vuelo con destino a Egipto 223”- anunció una voz por megafonía.

-Corre, vámonos, que lo vamos a perder.

En eso estábamos cuando frené en seco.

-¿Qué pasa?- preguntó él.

-Las maletas.

Michael no dijo nada. Empezó a reírse a mandíbula batiente mientras se aferraba a una barandilla para no caerse al suelo. Le miré, intentando parecer enfadada.

-A mí no me hace gracia.- comenté.

-Pero mira que eres despistada- se jactó.

-“ Último aviso para el vuelo con destino a Egipto 223”

-No nos va a dar tiempo- afirmé.

-¿Cómo que no?- preguntó Michael divertido- ¡Una carrera hasta donde están tus maletas!

Y antes de que me diera tiempo a responder, echó a correr, riéndose todavía.

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