lunes, 29 de marzo de 2010

Capítulo 28.


Tras ese momento, nos quedamos callados, mirándonos. Desconocía que estaba pasando por su mente, me sentí algo incómoda, así que retiré mis ojos de los suyos, entré en la habitación, y me tumbé en la cama. Era incapaz de asimilar lo que había pasado, además me iba a costar horrores volver a tratarle como el principio, como si tuviéramos la pura amistad de aquellas 3 semanas anteriores. Oí unos pasos (supe que eran los suyos, ya que hacía tiempo que era aficionada a reconocerlos), y a continuación como se cerraba la puerta. Suspiré y me incorporé. Se había marchado.

Un sentimiento de culpa me envolvió, desde la cabeza hasta los pies. Pero también era cierto, que yo no había iniciado aquello. Decidí dejar de darle vueltas y traté de dormirme, algo que conseguí no sin esfuerzo.

Un pequeño ruido provocó que me desvelara. Percibí como el colchón cedía, por lo que supe que Michael había vuelto. Abrí los ojos. Se encontraba de espaldas a mí. Quise abrazarle, apoyarme sobre su pecho, y dormirme mientras él me cantaba sus canciones. Pero no era el momento más indicado para ello. Aún así, odié la distancia que nos separaba (había vivido 19 años lejos de él y no estaba dispuesta a que volviera a suceder), por lo que me arrimé a él e incliné mi cabeza sobre su hombro. Y casi al instante, se dio la vuelta y me rodeo con sus brazos. No dijo nada, aunque tampoco era necesario. Me besó en la frente dulcemente y cantó para mí, hasta que volví a dormirme.

La claridad del día que incidió en la habitación me despertó. Maldije en mi fuero interno que no existieran las persianas. Cerré los ojos con fuerza hasta que me dolieron.

-¿Qué hora es?- pregunté colocando un cojín sobre mis ojos.

Sentí su mano acariciándome los hombros.

-Temprano aún. Son las 7 y 30.

-He pasado una noche espantosa. Apenas he dormido.

-Bueno, ya somos dos.

Preferí no preguntar el por qué, estaba segura de que conocía los motivos.

Bostecé y aparte el cojín a un lado. Abrí los ojos .Me sorprendió la inexistente distancia entre nosotros. Nuevamente, tenía su perfecto rostro a escasos milímetros del mío. Disimuladamente, intenté alejarme un poco. Mi autocontrol no era perfecto, y tenerle tan cerca no ayudaba a que siguiéramos con esa “amistad pura e inocente”. Me aferró la mano con fuerza.

-Espera.

Le miré y observé como en sus ojos se llevaba a cabo el más extraño de sus debates internos. Me acercó a él. Evité mirarle a los ojos, pues si lo hacía estaba más que segura de que me perdería en su mirada.

-¿Qué ocurre Michael?

-No, no me llames así. Llámame Mike, como ayer.

-Está bien. ¿Qué pasa?

Suspiró y se apartó uno de sus rizos. Contempló el techo de la habitación, rehuyendo mirarme.

-Ni yo mismo lo sé. Creo que tengo que decirte algo…

Me mantuve a la espera, por primera vez no tenía ni idea de lo que quería hablarme. Pasaron largos minutos…

-¿Mike?

-Me voy a duchar.- se levantó, cogió algo de ropa, y se encerró en el baño.

Sacudí la cabeza, desconcertada. ¿Qué se suponía que estaba pasando? ¿Por qué ese trato frío e indiferente en cuestión de minutos? Me levanté y me fui al balcón. Admiré la belleza de las pirámides durante largo tiempo, evadiéndome. Escuché de nuevo como Michael abandonaba la habitación. De nuevo sin decir nada, de nuevo sin despedirse. Me empezaron a picar los ojos, y supe que era cuestión de segundos que me echara a llorar, por lo que cogí la ropa que me había comprado el día anterior, me duché, y me vestí. Al ver mi rostro en el espejo comprendí que desde luego, ese no iba a ser uno de mis mejores días.

Bajé las escaleras hasta llegar a la recepción, donde se encontraba su guardaespaldas, o lo que fuera.

-El señor Jackson está en la cafetería, señorita.

Asentí y me dirigí hacia allí. Era buffet libre, por lo que me llené la bandeja de napolitanas y sandía (lo demás no tenía aspecto de que fuera muy apetecible), y me senté en una de las mesas. Busqué a Michael entre la gente, pero no le localicé.

Terminé de desayunar, e intenté levantarme, pero una mano me sujetó el hombro y me lo impidió. Sabía que era él, por lo que me giré, para poder enfrentarle y pedirle explicaciones. Y al hacerlo lo vi de nuevo. Vi las llamas en su mirada, las mismas que me hacían rendirme y abandonar todo atisbo de orgullo y arrogancia.

Se acercó a mí de la misma manera de la que lo había hecho la noche anterior. Su mirada me aturdió, su respiración descolocó todos mis principios. Apoyó su mano a un lado de mi cuello. Estaba gélida. Decidí tirar la toalla, y me rendí ante el poder de su mirada. De nuevo, me besó, moviendo sus labios contra los míos. En ningún momento cerró los ojos. Con sus dientes enganchó mi labio inferior, y tiró suavemente de él, lo que provocó que me estremeciera de arriba abajo.

Y de repente, se separó de mí, me sonrió de un modo que no había hecho antes(casi podría jurar que con picardía), y se marchó.

“¿Qué se supone que significa esto?” era la pregunta que afloraba en mi mente una y otra vez, pero por más que lo intentaba, no encontré explicación alguna.

4 comentarios:

  1. ayy dios que capitulo!!!!!! que bueno que encontré tu novela en el hideout te felicito es hermosa

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  2. Dios Mio nena acabo de detenerme en la lectura porque me comen los nervios, eres cruel. mentira gracias por la novela te juro demasiadas emociones.

    Lisette. (mjjlatino)

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  3. esto es fantastico ! estoy tan nerviosa, como si fuera isabel xD

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  4. ¿ Que pasará en el último capítulo?

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