sábado, 6 de marzo de 2010

Capítulo 15.


No pude evitar sonrojarme ante aquellas palabras, ni ante su intensa mirada. Escondí mi cabeza en su pecho y me quedé ahí, esperando a que mi cara volviera a tener su habitual tonalidad. Al cabo de un rato nuestras ropas se secaron.

-¿Nos vamos?-preguntó mientras colocaba un mechón de mi pelo en su sitio correcto.

Asentí. Nos levantamos y echamos a caminar, en silencio. Notaba las piernas entumecidas, al igual que mis brazos, supuse que fue por el frío. Cuando llegamos a las puertas observé, para disgusto mío, que habían cerrado las puertas. Forcejeé un poco con ellas, intentando abrirlas, pero no hubo manera. Nos habían dejado encerrados. Empecé a dar vueltas en círculos, presa del nerviosismo.

-¿Puedes pararte quieta, por favor? Me estás poniendo nervioso.- sugirió Michael mientras miraba en todas las direcciones.

Sólo el hecho de pensar que tendría que pasar una noche en aquel lugar, me aterraba. Por que sí, por la mañana era todo muy bonito, pero la oscuridad dotaba aquel lugar de un aspecto algo siniestro, ya que ni siquiera se escuchaba el sonido procedente de los pájaros. Tampoco había ningún tipo de luz con la que nos pudiéramos guiar, estábamos completamente a oscuras.

-¿Qué vamos a hacer?.-le pregunté mientras me aferraba a uno de sus brazos.

-Pues…a menos que quieras ponerte a gritar hasta que nos escuchen…lo cual dudo que suceda…creo que tendremos que dormir esta noche aquí.

Me estremecí.

-¿Qué te pasa?

-Te mentiría…pero la verdad es que tengo algo de miedo.-contesté.

-Gallina.-me pinchó mientras me hacía cosquillas.-anda, vamos a buscar algún sitio donde podamos descansar…

Empezamos a caminar muy lentamente, ya que no se veía absolutamente nada. Yo continuaba agarrada a su brazo, y lo apretaba de tal manera que estaba segura de que le hacía daño, pero él no se quejó en ningún momento. Tras caminar durante media hora, por fin hablé:

-Creo que estamos andando en círculos.

-¿Qué te hace pensar eso?

-Pues que me he tropezado 6 veces con la misma piedra.

-Eso no significa que estemos andando en círculos, si no que eres torpe.-contestó riéndose.

-Tú di lo que quieras, pero estoy segura de que ya hemos pasado por aquí.

-Está bien.

Finalmente nos sentamos al cobijo de un árbol, lo supe porque percibí su textura, y su olor característico. Oí a Michael quejarse.

-¿Estás bien?.-le pregunté preocupada.

-Sí, es sólo…creo que me he hecho daño al caerme antes.

No dije nada. Le cogí de los hombros y lo tumbé hacia atrás, dejando su cabeza apoyada en mis piernas. Suspiró y cerró los ojos.

Distraída, empecé a jugar con sus rizos mientras miraba hacia el cielo, notablemente más tranquila. Michael se durmió. Lo noté porque su respiración se volvió mas lenta y profunda. Pensé en dormirme yo también, pero no me apetecía. Sólo quería recrear en mi mente aquellos 4 días mágicos que había pasado a su lado. Comencé a acariciarle suavemente el rostro, repasando el contorno de sus ojos, sus cejas, su nariz, sus labios…memorizándolo en mi mente. Sonreí al contemplarle dormido. Nunca antes había tenido la ocasión de hacerlo. Era aún más encantador cuando descansaba. Dejé descansar mi cabeza sobre el tronco del árbol, y me dormí.

Desperté tumbada en el suelo. Una claridad se filtraba a través de los árboles, por lo que supuse que estaría amaneciendo. Busqué a Michael, pero no lo encontré por ninguna parte. Me levanté, repentinamente alerta, y comencé a caminar, a sabiendas de que seguramente no debería alejarme de aquel lugar, ya que podría perderme. Opté por caminar en círculos, intentando encontrarle.

-¡Hola!.- dijo su voz.

Me sobresalté.

-¡Me has asustado!.-le dije.-¿dónde estás?

-¡Aquí!

-¿Aquí dónde?.-insistí, mirando a mi alrededor.

-Encima de ti.

Alcé la mirada y lo localicé, subido en las ramas de un árbol. Sonreí de nuevo.

-¿Subes?.-me preguntó.

2 comentarios: