lunes, 20 de diciembre de 2010

Capítulo 76


-¿Y no puedo ir contigo?-pregunté esperanzada.

Él se giró para mirarme y esbozó una traviesa sonrisa.

-¿A qué viene de repente tanto énfasis por acompañarme?

-Es que…te voy a echar de menos-me limité a contestar.
Era cierto, pero también lo era que no me apetecía quedarme en la habitación con el susodicho Matt.

Por unos segundos, a Michael se le enterneció el rostro, lo cual me hizo pensar por unos instantes que había conseguido mi propósito. Pero…me equivocaba. Otra vez.

-No tardaré-me prometió con dulzura.

Y tras darme un fugaz beso en los labios, se marchó, dejándome en la puerta de la habitación sin saber muy bien dónde meterme o qué hacer. “No seas cobarde”, me regañé a mí misma. Cogí aire y volví a entrar en la habitación. Observe detenidamente como Matt se encontraba aún en la terraza, hablando por teléfono.
Fruncí el gesto, confusa. Físicamente, ese chico distaba mucho de parecerse a la persona que me había atormentado en sueños durante semanas, sin duda. Pero tenía que tratarse de él, ¿De quién si no? Me apoyé contra la pared al verle colgar y salir del balcón.

Me contempló unos segundos y luego se acercó hacia donde me encontraba, tendiéndome la mano.
-Hola. ¿Qué tal? Es un placer conocerte.

Solté el air de golpe y estreché su mano, obligándome a ser cortés y amable.

-Igualmente, yo soy Isa.

-Ya, me lo ha dicho Michael. Debe de ser genial que seáis primos lejanos, ¿verdad?

Un momento. ¿Había dicho “primos lejanos”? ¿De dónde se sacaba semejante estupidez? Estuve a punto de contestarle eso mismo, pero por fortuna caí en la cuenta de que, quizás, Michael había mentido sobre nosotros para protegernos de la prensa.
Al fin y al cabo, nadie nos podía garantizar que ese chico no fuese a contarlo todo nada más salir del Hotel. Así que opté por actuar de la mejor manera que pude.

-Sí, la verdad es que sí. Es una pena que nos veamos tan de vez en cuando, pero estoy encantada de tenerle por aquí, aunque sólo sean unos días.

Matt no dejaba de mirarme. Y me sorprendió gratamente el hecho de no ponerme nerviosa, ni de balbucear, como me ocurría en mis sueños. Aunque pensándolo mejor, en ese preciso momento… ¿Cuántos años tendría él? ¿19? ¿20?
El Matt que me tenía preocupada tendría entre los 30 y los 33 años, según me lo mostró Eric. Así que…gracias a Dios, ese chico no me atraía lo más mínimo. No en ese momento, al menos.
Ese pensamiento provocó que todo mi cuerpo se relajase notablemente.

-Pero si hace tanto que no os veis… ¿Cómo es que no te has ido a los ensayos con él?

-¿Quieres que te diga la verdad? Eso mismo me pregunto yo.

Permanecimos callados. Sólo interrumpió la quietud del momento el estridente ruido del teléfono.

-Deberías contestar.

-¿Eh? Ah sí, claro- respondí, interrumpiendo bruscamente mis pensamientos.

Caminé con expresión ausente hacia el aparato y lo descolgué.

-¿Diga?

-Isa, soy Mike.

Sonreí.

-Ya me he dado cuenta.

Y tanto…podría reconocer su voz a kilómetros de distancia.

-Seguro…Oye, que lo he pensado mejor…y…¿Te vienes al ensayo? Pisar tierras españolas no es lo mismo si no te tengo a mi lado tropezándote cada dos por tres.

-Vaya…es todo un honor que eches de menos mis caídas y no a mí.

Su suave risa se escuchó desde el otro lado de la línea.

-No seas tonta. ¿Bajas? Estoy en la parte trasera del hotel en una furgoneta blanca. Te espero allí.

La llamada se cortó. Me giré con intención de disculparme pero Matt me detuvo alzando una mano.

-Lo sé, tienes que irte, es normal.

-Sí…bueno, tal vez nos veamos en otra ocasión-contesté quitándole hierro al asunto.

-Claro, me encantaría. Siempre podemos vernos cuando Michael se marche, supongo que estos días estarás con él, ¿No?

Una pequeña parte de mí se entristeció al preguntarse cuando volvería a verle, ya crecido y cambiado. Supuse que sólo el tiempo, y Eric, serían capaces de responderme a esa pregunta.

-Ha sido un placer, Matt.

-Igualmente Isa.

Y tras darnos dos rápidos besos en la mejilla, salí de la habitación, precipitándome escaleras abajo hasta llegar a la planta baja.
No me fue difícil averiguar dónde se encontraba la furgoneta, pues a través de unas ventanas se veía con claridad. Aceleré el paso hasta llegar al vehículo y golpeé la puerta un par de veces, que se abrió a un lado dejando entrever a Michael…

Y por desgracia para mí, a otra persona más.

-Isa-comento él- quiero presentarte a una amiga muy especial y a la que es actualmente mi dermatóloga. Debbie Rowe.



sábado, 18 de diciembre de 2010

Problemas.

Chicas, me temo que tengo un inconveniente bastante gordo.
Resulta que se me ha estropeado el ordenador y no encuentro manera alguna de encenderlo, así que sintiéndolo mucho no voy a poder subir capítulos hasta que consiga arreglarlo.

Y he decidido agradecer todo vuestro apoyo de la siguiente manera: VOSOTR@S seréis quien decida cómo va a terminar la historia, pues va a tener 2 finales diferentes. El que estaba previsto, y el que vosotras elijáis. :)

Os agradecería muchísimo que fueséis poniéndome vuestras sugerencias para ir dando forma a la historia, que ya sabéis que le quedan pocos capítulos.

Un beso enorme, y muchísimas gracias por vuestra comprensión!!!!!

viernes, 10 de diciembre de 2010

Capítulo 75.


Lo que más habría deseado en ese momento sería, sin duda, que Michael se hubiese negado y que aquello no fuese más que un inoportuno encuentro.

Eso es lo que habría deseado. Michael, desde luego, no era esa clase de persona.


-Sí,¡claro!-respondió con una sonrisa- ¿Dónde lo quieres?

Matt dejó caer de su espalda una pequeña mochila, la abrió y empezó a sacar cosas: todas de Michael. Discos, camisetas, singles, cintas de vídeo, posters, entradas de conciertos… ni yo misma en mi época fan había llevado nunca semejante cantidad de cosas encima… más que nada por miedo a perderlas, dada mi capacidad para olvidarme las cosas en los sitios menos indicados.
Observé como Matt miraba indeciso entre todos los objetos, supuse que sin saber cual escoger.

-Pues…la verdad es que no lo sé-contestó él con una risa nerviosa.

-Bueno-respondió Michael-haz una cosa. ¿Por qué no te vienes a nuestra habitación? Tengo la mañana libre e incluso podría firmarte todo.

El chico le miró con los ojos como platos y la boca semiabierta a causa de la sorpresa. Tras unos segundos, comenzó a reírse, y Michael se unió a sus risas.

-Anda vamos-le dijo mientras le ayudaba a recoger la mochila y emprendían el camino a la habitación, charlando como si fuesen íntimos amigos.

Me quedé allí, a la espera de que al menos mi novio se acordara de que me había dejado atrás, pero no. Antes de entrar en la habitación se giró para localizarme.

-Isa, ¿vienes?

-Esto…si, ahora voy…tengo…tengo hambre, voy a bajar a por algo de comer.

Michael asintió con la cabeza, me guiñó un ojo, y entró en la habitación con Matt. Decir que estaba mosqueada era poco, muy poco. Odiaba que Mike fuese tan amable…bueno, no lo odiaba. Sólo odiaba que se comportase así con la gente que me estaba amargando la vida.

No tenía pensado pasarme por la habitación en horas, hasta que Matt se hubiese ido, por lo que decidí darme un paseo por el Hotel. Al pasar por una de las cafeterías, me encontré con Eric, que seguramente me estaba esperando.

-Te estaba esperando-comentó sonriendo.

(¿Veis?, lo que yo decía.)

-Hola- saludé desganada.

-¿Qué tal Matt? ¿Se lleva bien con Michael?

Le fulminé con la mirada y me senté en una de las mesas.

-¿Has hecho eso aposta?

-¿El qué?-preguntó.

-Eso…lo de que se lleven bien

-Isabel…puedo alterar el paso del tiempo, pero no interferir en el libre albedrío de las personas. Si a Michael le ha caído bien, o si se hacen amigos, no es asunto mío. Ya deberías saberlo.

Fruncí el ceño, disgustada. Evidentemente, tenía razón.

-Es igual…de todas formas no quiero volver a cruzármelo nunca más.

-No seas tonta, sólo son 3 días los que vais a estar aquí. Disfrútalo mujer. El chico es un encanto.

-Como si es el mismo mesías. Eric, que me da lo mismo. No quiero volver a verle.

-Bueno como quieras. Pero como se hagan amigos es algo que vas a tener que soportar… a no ser, claro…

-¿A no ser…?-pregunté.

-A no ser que me pidas que te lleve de vuelta al 2010.-respondió con una ancha sonrisa.

-Prueba con otra cosa. Porque eso será lo último que te pida.

-En ese caso no te quejes. Disfruta del tiempo que te he ofrecido al lado de Michael, y ya está.
Matt solo intervendrá en tu vida en caso de que lo desees así, ¿no te das cuenta? Libre albedrío, ¿recuerdas?

-Vale, vale, lo capto. ¿Y tú que estás haciendo aquí? ¿No deberías irte a donde quiera de donde provengas?.

-Puede. ¡Pero es que es taaan divertido espiaros!

Por primera vez desde que le había conocido, nos echamos a reír. Riéndome con la persona que me estaba complicando la vida. No tenía sentido. Aún así…¿algo de los últimos 7 años lo tenía?

-Bueno Eric, voy a subir a la habitación. Quizás se haya ido ya.

-No se ha ido-contestó él.

Suspiré y me encogí de hombros.

-En fin, pues esperaré. Hasta la próxima.

-No dudes que la habrá-respondió.

Abandoné el bar con la mente en blanco. Si lo que me había dicho Eric era verdad, no tenía ningún problema. Si yo no lo deseaba Matt no iba a cambiar nada, así que podía estar tranquila.
En cuanto llegué a la puerta de la habitación, cogí aire y llamé suavemente con los nudillos. Casi al instante Michael abrió la puerta de un tirón, mientras me regalaba su mejor sonrisa. Entré en la habitación y él me sepultó en un dulce abrazo. Sus labios comenzaron a recorrer mi mejilla, siempre con la presión y la suavidad de una pluma, pero no por ello menos intensos. Cuando descendió por mi cuello le detuve. Él me miró contrariado.

-No creo que hacer esto sea lo más adecuado cuando tenemos visita-le recordé.

-Está en el balcón haciendo unas llamadas.

-Aún así, no es el momento.

-Nunca es el momento-masculló, disgustado.

-¿Perdona?

-Lo que oyes, siempre dices que estás cansada o que no es el momento, o que no es lugar…siempre hay un pero.

En esta ocasión fui yo la que abrió los ojos como platos. ¿Qué YO me había negado a…a… a acostarme con Michael? ¿Eso desde cuando? “Eric y sus trampas, seguro” dijo una voz en mi cabeza.

-Esta noche, Michael.

-Ya, claro, siempre dices lo mismo- contestó bajando las comisuras de sus labios y mostrándome un perfecto puchero.

Me eché a reír.

-¡Michael! Esta noche. ¿Vale?

Él lo sopesó durante unos segundos.

-No sé, a lo mejor soy yo el que está cansado…es broma, es broma. En fin, yo me tengo que ir.

-¿Irte? ¿A dónde?

-Tengo ensayo. Mañana es el concierto. Pero no te preocupes, le he dicho a Matt que se quede contigo a hacerte compañía. Es muy simpático. No me pongas esa cara. ¡Seguro que os lleváis genial!

lunes, 6 de diciembre de 2010

Capítulo 74.


Me incorporé con lentitud y miré a mi alrededor para situarme. Me encontraba en una de las habitaciones de mi apartamento, tendida en la cama. Volví a mirar a Michael, sujetando su rostro entre mis manos, asegurándome de que él seguía siendo real, y que no había cambiado nada. Las facciones de su rostro se habían vuelto algo más finas y delicadas, su piel estaba coloreada de un color algo más claro que 2 años atrás. Pero seguía siendo Michael. Seguía siendo mi Michael. Aferré con fuerza el cuello de su camisa roja y tiré de él hasta tumbarle en la cama a mi lado para poder abrazarle con más facilidad. Él acarició con suavidad mi mejilla y esbozó una sonrisa burlona.
-Vaya, voy a tener que venir más a menudo a despertarte. No sabía que me echaras tanto de menos. Y más aún cuando nos vimos ayer por la tarde.
Iba a contestar, pero unos pasos que no eran los nuestros llamaron mi atención. En apenas un par de segundos, Judith entró en mi habitación como si de un torbellino se tratase.
-No es por ser una aguafiestas-anunció con petulancia en la voz-Pero tenéis que coger un avión en una hora, y el aeropuerto está atestado de periodistas. Y yo tengo que estar en el trabajo en 50 minutos. Y si queréis que os lleve en el coche de la empresa tenéis que...

Vale. Judith tampoco había cambiado. Seguía estresándome tanto o más que el primer día. Dejé que siguiera hablando. Estaba demasiado ocupada escuchando la respiración de Michael, que me rodeaba con los brazos. Tenía la sensación de que la charla de Judith le estaba importando lo mismo que a mí. Finalmente, se separó de mí, y me tendió una mano para ayudarme a ponerme en pie.
-¡Ya era hora!-exclamó Judith mientras abría el armario y sacaba una maleta- toma, aquí tienes tus cosas. Sí, ya me he encargado yo de preparártelas, porque como tuvieras que hacerlo tú, nos daría tiempo hasta de ver nacer a tus hijos, porque claro, como eres tan desordenada, pretendes que los demás...
-¡JUDITH!-La interrumpí alzando mi voz unas ocho octavas por encima de la suya- Ya vale. Y gracias por la maleta.
Ella me escudriñó con la mirada, para después encogerse de hombros.
-Os espero en el coche. Y como tardéis más de 5 minutos me voy sin vosotros.
Tras decir aquello abandonó la habitación. No respiré hasta oír como se cerraba la puerta del apartamento. Al comprobar que estábamos solos, Michael y yo soltamos el aire a la vez.
-Esto de que la hayan ascendido no la sienta bien, ¿eh?-comentó él mientras yo abría mi armario, escogía unos pantalones, una camiseta, y me cambiaba.
-Supongo que no-respondí. Desconocía que hubiesen ascendido a mi amiga, pero al fin y al cabo, era una buena noticia- Por cierto Michael...¿Cuántos días vamos a estar en España?
Le miré de reojo y ví como echaba cuentas mentalmente.
-Pues...creo que 4 días. Tengo 2 conciertos allí. Aunque si quieres podemos quedarnos más, claro.
¿Cómo? ¿Quedarme más allí? ¡Era obvio que no! Es más...¡ni siquiera quería ir!
-No hace falta amor, no quiero interrumpir tu gira.
Abrió los ojos como platos y esbozó una sonrisa de esas que con seguían dejarme sin respiración.
-¿Qué has dicho?-preguntó enarcando una perfecta ceja.
-Que no me apetece interrumpir tu gira por uno de mis caprichos.
-No, no digo eso. ¿Cómo me has llamado?
Adivinando sus intenciones, correspondí a su sonrisa y caminé hacia la puerta.
-Será mejor que nos vayamos ya, Judith debe de estar echando fuego por los ojos ahora mismo.
-Eh, no tan deprisa-dijo mientras se colocaba tras la puerta, impidiendo mi salida.- ¿Cómo me has llamado?
-Amor-contesté encogiendome de hombros.
-¿Amor?
-Sí. Perdona si te llamo amor-contesté citando a uno de mis autores favoritos del 2009.
Por el rostro de Michael pasó la más extrañas de las expresiones.
-¿No te gusta?-pregunté.
-Claro que me gusta. Es...diferente.
Mi móvil emitió un zumbido. Miré la pantalla. Se trataba de un mensaje de Judith. Lo leí en voz alta.
-“Me voy a ir ya, os lo digo en serio. Vosotros veréis, pero Michael actúa mañana, no sé como lo veréis...”
-Vamonos anda.
Aferré su mano con fuerza, y abandonamos el apartamento. Apenas fui consciente de nada más, sólo de que los brazos de Michael me rodearon en todo momento, firmes y dulces a la vez. En el avión me encontraba extrañamente cansada, así que dormí durante todo el viaje. Los labios de Michael presionando mi frente me despertaron.
-Arriba pequeña, ya hemos llegado.
Abrí los ojos, repentinamente alerta, y miré alrededor. Toda una comitiva de periodistas y fans nos esperaban. Miré a Michael con la interrogación en los ojos.
-No te preocupes-me tranquilizó él.-Yo salgo primero. Y pasados diez minutos sal tú, afuera hay un coche que te llevará al hotel. Nos encontraremos allí, ¿vale?
Asentí algo aturdida. Él besó mi frente con ternura y bajó del avión. Transcurrido el tiempo que el me había dicho, imité su movimiento. Para entonces por supuesto ya no había ni un alma en la pista. Salvo un flamante coche negro.
El viaje al hotel se me hizo muy corto, apenas fueron cinco minutos más. El hotel ya lo conocía, pues lo había visto en múltiples reportajes con anterioridad. En la recepción, rodeado de productores musicales y de empleados del hotel, se encontraba Michael, firmando unos papeles. No sé como lo supo, pero adivinó que había llegado, ya que alzó la cabeza y al localizarme, guiñó un ojo en mi dirección. Miré nerviosa a mi alrededor, como esperando encontrarme a Matt en cualquier momento. Pero nada. No había nada en aquel sitio aparte de Michael que me llamara la atención.
Me equivocaba. Al otro lado de la estancia, recostado sobre una pared, me contemplaba Eric, con una sonrisa de oreja a oreja. El brazo de Michael me distrajo.
-Ya he terminado Isa. ¿Subimos a la habitación?
-Sí, claro.
Cuando entramos en el ascensor y se cerraron las puertas no pude evitar soltar un suspiro de alivio.
-¿Estás bien?-preguntó preocupado.
-Sí,sí...es sólo que tanto trajín me agobia un poco.
-Claro, lo entiendo.
Las puertas del ascensor se abrieron al llegar al ático. Alcé la mirada. Allí estaban esos ojos verdes, mirándome con curiosidad desde el pasillo. La sangre dejó de circular por mis venas,a causa de la sorpresa. Ese era Matt, sin duda. Lo supe por el escalofrío que me recorrió nada más verle. Él en cambio, me ignoraba por completo, pues observaba completamente fascinado a Michael.
-Hola. Me llamo Matt, encantado de conocerte. ¿Me firmas un autógrafo, por favor?

sábado, 27 de noviembre de 2010

Capítulo 73.


Fueron los brazos de Michael los que lograron que me tranquilizara.

-Isa, ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?

-Nada...es sólo...he tenido una pesadilla.

-¿Quieres hablar de ella?-preguntó con un deje de preocupación en su voz.

-No...no es necesario. Estoy bien.

Apenas me hizo falta mirarle para saber que no se había creído mi embuste, pero dejó pasar el tema, cosa que agradecí enormemente.
Alcé la cabeza en busca de algún reloj, pues desconocía cuanto tiempo había estado dormida.

-¿Qué hora es?

-Las cuatro de la tarde. Has dormido bastante. ¿Tienes hambre? Puedo bajar a por algo de desayunar.

Mi estómago respondió por mi con un sordo gruñido. Michael rió.

-Vale, espérame aquí. Vuelvo en seguida.

Tras abandonar la habitación, dejé caer mi cabeza nuevamente sobre la almohada, respirando con dificultad. De seguir teniendo esos sueño, acabaría por volverme loca, desde luego. No podía dejar que Matt siguiese interviniendo en mi vida de esa manera, aún cuando no le conocía. Un suave golpeteo en la puerta de la habitación me distrajo momentaneamente. Dudaba de que se tratase de Michael, pues apenas habían transcurrido un par de minutos desde que se había marchado. Aún así, y a pesar de que una pequeña voz en mi cabeza me decía que no lo hiciera, me levanté y abrí la puerta.

Mi respiración se detuvo en el acto, y cada una de mis terminaciones nerviosas cobraron vida propia. El hombre me contemplaba con una media sonrisa al otro lado de la puerta.

-Servicio de habitaciones-anunció.

-Eric.

-¿Me dejas pasar?

Dubitativa, comencé a cerrar la puerta, pero él freno el movimiento con su pie.

-Sabes que una puerta no va a impedir nada, Isabel. Tenemos que hablar.

-No tengo nada que hablar contigo.-contesté apretando los dientes.

-Yo creo que sí. ¿Cómo van esos sueños?

No le contesté. Intenté aferrarme con toda la fuerza que me fue posible al pomo de la entrada, negándome a moverme de allí. Eric volvió a reírse.

-Desconozco por qué me tienes tanto miedo. No voy a llevarte a ninguna parte. Además, algún día comprenderás que te estoy haciendo un favor.

-¿Un favor?-pregunté con un tono de voz algo más que elevado.-¿Complicarme la vida de este modo es hacerme un favor?

-¿Me vas a dejar pasar o qué?

Tras unos segundos, suspiré y abrí más la puerta, cediéndole el paso. Él caminó hacia el centro de la habitación, para sentarse después en el borde de la cama. Le contemplé impasible hasta que finalmente habló.

-Sé que tienes preguntas que hacerme. Por eso he venido.

-Te vuelvo a repetir que no tengo nada que preguntarte.

-¿Estás segura? ¿Ni siquiera por esos sueños?

-¿Por qué no me dejas en paz? ¿Por qué siempre tienes que estar detrás de todo?

Eric ladeó la cabeza mientras jugaba moviendo sus pies de un lado para otro.

-Porque me desobedeciste. Te dije que no volvieras a meterte en su vida personal, que mantuvieses a raya tus sentimientos. Y me fallaste. Además, tampoco estoy siendo tan cruel. Podría haberte llevado de vuelta al presente por esto y no haberte dejado volver nunca. Además, he venido a ofrecerte algo.

-Nada de lo que tú me puedas ofrecer voy a quererlo- contesté plenamente segura de ello.

-¿Eso crees? ¿Y si te dijera que Michael va a conocer a Matt en persona? ¿Y si te dijera que tienes esa oportunidad para conocerle? ¿Y si...?

-Para, para-le interrumpí alzando la mano.- Me da lo mismo Matt. Es más, quiero que desaparezca.

-Estás enamorada de él.

-Eso es mentira. La única persona que de verdad amo se llama Michael y debe de estar al llegar, por cierto.

-No lo hará-contestó Eric convencido.- Y puede que no estés enamorada de él ahora, pero lo estarás. Se le llama destino, ¿Lo has escuchado alguna vez?

-Curioso concepto el tuyo sobre el destino. Sobre todo cuando has sido tú el que me ha mandado aquí para cambiar las cosas.

-Te equivocas. Ya te lo dije. Estás aquí porque así lo deseaste y porque yo decidí concederte ese sueño.

-Está bien. A ver...¿Quién es Matt?

-No puedo decírtelo.

-¿Por qué no puedo verle o tocarle, o hablarle?

-Porque es tu futuro, y ahora mismo vives en el pasado. No se pueden mezclar ambas cosas. A no ser que aceptes mi oferta y me dejes avanzar un par de años, hasta el día en el que podrás conocerle a tiempo real.

Retrocedí un par de pasos.

-No vas a hacerme perder más años al lado de Michael. Esta vez no.

-Te equivocas otra vez. No voy a enviarte de vuelta, simplemente voy a acelerar un poco el tiempo. Y vas a seguir al lado de Michael.

-¿De qué me sirve si no voy a poder vivirlos? ¿De qué me sirve si apenas voy a sentir esos 2 años?

Las lágrimas comenzaron a asomar a mis ojos. ¿Por qué siempre tenía que estropearlo todo? ¿Por qué no podía ser como yo deseaba?

-Míralo de este otro modo- dijo Eric levantándose y acercándose a mí.- no tienes otra opción: 2 años al lado de Michael, sin perderle, o toda una vida sin él.

-Jamás me iré de su lado-respondí.

-En ese caso, perfecto. Te prometo que cuando despiertes él estará a tu lado, y nada habrá cambiado.

-¿Por qué haces esto?-pregunté angustiada y huyendo de él, con los ojos anegados en lágrimas.

-Porque ya queda poco tiempo.

-¿Poco tiempo para qué?

Eric sonrió y antes de rozarme la mejilla con su mano, susurró:

-Ya lo entenderás.

Y después, todo se volvió negro.




Unos labios rozaron mi rostro, con la misma suavidad como si de plumas se tratasen. 2 años. Habían transcurrido 2 años. Abrí los ojos, temerosa de no saber que iba a encontrarme. Pero ahí estaba Michael, igual que siempre. Mirándome con la misma dulzura de siempre, sonriéndome de esa manera que provocaba que mi corazón se detuviese. Michael, sólo él. En ese momento, los 2 años no me importaron.
Él seguía conmigo, queriéndone como siempre, eso era lo que de verdad importaba. En definitiva, ¿Qué era mejor? ¿Dos años sin él o toda una eternidad? No me hizo falta responder cuando él presionó sus labios contra los míos.

-Buenos días-dijo con dulzura- ¿Lista para viajar a España?

jueves, 25 de noviembre de 2010

Nuevo Blog :)

Chicas...
No voy a enrollarme demasiado. Dado que a Back To The 90's le quedan apenas 27 capítulos, he decidido comenzar otro proyecto paralelo para seguir evadiéndome con la escritura.

Muchas de vosotras, las que me conocen en profundidad, siempre me han citado que mi vida merecería ser escrita, así que finalmente, me he arriesgado y he iniciado ese nuevo proyecto con una amiga, en el cual relatamos lo acontecido en este año dese 2 puntos de vista diferentes, dotándolo así de puntos cómicos, verídicos y sobretodo, naturales. ¿Michael? Mucho Michael, ya que forma parte de mi vida.

De momento sólo hay subido un capítulo, pero espero de veras que os guste y así os ayude a amenizar la espera, ya que cuando no pueda subir capítulos de Back To The 90's, los subiré en la otra historia, y viceversa.
Además, así me doy la oportunidad de que me conozcáis mejor, y que os sintáis igual de indentificad@s con lo que escribo, pues...¿a quién no le habrá pasado nunca alguno de los sucesos que se citan?

Mañana subiré el capítulo 73, le estoy dando las últimas pinceladas, ya que quiero que a medida que la historia vaya llegando a su fin, los capítulos sean mejores :)

Y pinchad AQUÍ para leer el primer capítulo de ese nuevo proyecto, titulado "Confesiones de dos escritoras".

¡¡Un besazo enorme a tod@s!!

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Nominaciones



Hola mis chic@s,

Me han vuelto a nominar para unos premios de novelas de blogger...
Sí, sí, lo sé dije que no quería aparecer en más premios y que con subir mis capítulos y con vuestros comentarios ya me sentía valorada. Pero el caso es que la chica que nomina las historias es una conocida mía de Barcelona, quien a su vez trabaja en una editorial de esa misma ciudad. Y puesto que se ha mostrado interesada y me parece una buena oportunidad de tener mi historia bien evaluada por una experta, pues no me he podido negar.
Sé que a diferencia de otras nominaciones sé que esto me puede abrir una pequeña puerta al mundo laboral.
Espero que lo entendáis,

Podéis votar haciendo click AQUÍ

Un beso a tod@s y os quiero un montón (L)

jueves, 18 de noviembre de 2010

Capítulo 72.


No viví jamás momentos tan felices como los que se sucedieron a continuación.

-Hay algo que quiero que veas-dijo Michael.

-¿El qué?

-¿Ya estás preguntando? Es una sorpresa.

-¿Ya estás con las sorpresas?-me burlé mientras le sacaba la lengua.

Él volvió a deleitarme con una de sus sonrisas y se adentró en la habitación, cogiendo el mando de la televisión y sentándose en el borde de la cama. Palmeó el colchón, indicándome que me sentara a su lado. No tardé apenas tiempo en hacerlo.

-¿Vamos a ver una película?-pregunté con curiosidad.

-¿Sería eso una sorpresa por mi parte?

-No necesitaría mucho más teniéndote a mi lado-respondí a la vez que le daba un leve beso en el cuello.

Sentí como se estremeció ante esa muestra de cariño, pero no despegó los ojos de la pantalla del televisor.

-Vale,vale-refunfuñé-la sorpresa.

Él en cambio sólo me respondió con un asentimiento de cabeza.

-Te va a gustar, ya lo verás.-Y a continuación pulsó uno de los botones del mando.

Lo que vi reflejado en la televisión me dejó literalmente sin habla.
Se trataba de un vídeo casero, en Neverland, en el que se nos veía a Michael y a mí en diferentes momentos desde 1989. Corriendo, cocinando, bailando en el cine, paseando...mis ojos se anegaron en lágrimas a causa de la sorpresa y de la emoción. Esas imagines eran la confirmación de que todo lo que había vivido era real, la confirmación de que, no importara lo que pasara, esas escenas existirían siempre.
Apenas percibí como Michael me rodeó con sus brazos para compartir conmigo aquel momento. Era todo tan precioso, tan mágico...una de las escenas me hizo sonreír. Se trataba del primer día que vivi en Neverland, en el que exploté un globo de agua sobre la cabeza de Michael. Verme corriendo para tratar de esquivarlo me hizo darme cuenta de la cantidad de tiempo que había transcurrido, aún sin yo darme cuenta de ello.
El vídeo finalizó con una frase. Corta, sencilla, pero sincera. Michael la pronunció a la vez.

-A mi pequeña campanilla. Te quiero, Michael.

El vídeo se paró y la televisión se apagó, pero yo aún era incapaz siquiera de moverme o de decir algo, pues en mi mente aquellos escasos minutos no paraban de reproducirse una y otra vez, negándose a desaparecer. Y yo por supuesto tampoco quería. Su voz me sacó de mi ensoñación repentinamente.

-¿Y bien? ¿Te ha gustado?

Tragué saliva para poder hablar, pues la boca se me había quedado seca.

-Es...precioso.

-Sabía que te iba a gustar.

-Pero Michael, hay algo que no comprendo.

-¿El qué?

-¿Cómo no me di cuenta, nunca, en todos estos años, de que nos estaban grabando?

-Bueno, mis camarógrafos están contratados precisamente por eso, por su discreción. A mí desde pequeñito siempre me han grabado, no sólo sobre el escenario. Cuando cumplí la mayoría de edad desee que así continuase siendo, pero sin sentirme observado ni grabado en ningún momento. La verdad es que son unos expertos, ¿No crees?.

Asentí pensativa hasta que sonreí ampliamente.

-Me gusta entonces.

-¿Sí?-preguntó con curiosidad.

-Claro. Es más, si te fijas, se ve claramente como tú me tiraste al suelo, y no que me caí yo como me has hecho creer todos estos años.

-¡Eso no es verdad!- se quejó mientras me hacía cosquillas.

-¿No? Ya verás...¡Ponlo de nuevo!

¿Cómo transcurrió el resto de la noche? Como podéis imaginar. Viendo el vídeo una y otra vez, discutiendo y peleándonos para ver quien tenía razón. Tras unas horas, vi como el sol comenzó a alzarse en el horizonte, iluminando levemente la habitación. Michael seguía a menos de dos palmos de la televisión, sumamente atento.

-¡Ahí!¿Lo has visto?-exclamó mientras señalaba con el dedo a la pantalla.-¡Te caíste sola! ¡Fíjate bien!

Me eché a reír ante su insistencia, pero mi risa se cortó ante un repentino bostezo.

-Michael, estoy cansadísima. ¿Qué te parece si seguimos debatiendo mi torpeza después de dormir algo?

Tras apenas decir aquello, apagó la televisión y abrió la cama. Me tomó de la mano y me ayudó a acostarme, pues me costaba horrores mantenerme con fuerzas a esas horas.

-No es necesario que te molestes tanto, en serio...

-Ni siquiera tienes fuerza para taparte, tontorrona-susurró en mi oído.

-Pero...

-Y tampoco las tienes para discutirme. Anda, descansa. Mañana tenemos un día entero lleno de actividades.

Gemí bajo las sábanas.

-Querrás decir hoy...y estoy hecha polvo. No creo que pueda salir de la cama en meses.

-Exagerada- su suave risa me relajó aún más.

Sentí como se acostaba a mi lado y me rodeaba con sus brazos.

-¿Qué canción quieres que te cante hoy?

-Mmmm-el sueño me impedía hablar, prácticamente- la que quieras...

No contestó. Y mientras acariciaba mi pelo con dulzura, comenzó a tararear “Human Nature” hasta que me abandoné a la inconsciencia del sueño.

Y allí estaba él, de nuevo. Pensé que por fin su recuerdo, o lo que fuese, iba a dejar de acosarme cada noche, pero me equivocaba.

Matt, aquel extraño chico misterioso, se encontraba caminando al lado de la que suponía que debía de ser yo, por la calle, tranquilamente, como cualquier pareja. Les escuché reírse, pues me hallaba a escasos metros por detrás de ellos. Aceleré en paso para escuchar de qué hablaban.

-¿Recuerdas cuando me dijiste que me querías?-preguntó Matt.

-Cómo olvidarlo-me escuché responder- Después de tomarnos las uvas, en Nochevieja, con unas copas encima de más y delante de toda tu familia.

-Estabas taaan graciosa-cometó él mientras se reía.

-Lo que tú digas listillo, pero lo realmente gracioso fue ver la cara que se te quedó. ¡Estabas rojo como un tomate!

Mi doble empujó a Matt cariñosamente. Él continuó hablando.

-Lo que si que recuerdo bien era la canción que sonaba de Michael de fondo. “Human Nature”

-Sí, me encanta esa canción. Además, a veces tengo la sensación de que el propio Michael me la cantó alguna vez.

-Ja ja ja, qué graciosa. Ojalá Isa. Ojalá hubieses tenido la oportunidad de conocerle. Era una persona tan mágica...

-Qué suerte que tuviste tú de conocerle. Ahora para mí ya es tarde.

Ella empezó a llorar. Y yo también, como si de un acto reflejo se tratase.

Y de nuevo, me desperté ahogando un grito y bañada en sudor.

¿Hasta cuando? ¿Hasta cuándo iba a atosigarme el recuerdo de una persona que no conocía? ¿Qué demonios estaba ocurriendo?


miércoles, 17 de noviembre de 2010

Capítulo 71.


Sólo me hizo falta una mirada. Una mirada para darme cuenta de que él era la persona a la que amaba, la persona que siempre había formado parte de mí, aún muchas veces sin yo saberlo. Todo lo que pudiese querer o necesitar se encontraba a unos pocos centímetros de mi rostro. Sus ojos, su sonrisa, su voz, la perfecta forma de sus labios...Simplemente, él.

-¿Y bien?-preguntó impaciente.

-Sí, claro que quiero.

La sonrisa que esbozó a continuación me dejó literalmente sin habla y sin respiración. Con suma lentitud, se aproximó a mí y rozó levemente sus labios contra los míos. Ninguno quiso concluir ese beso, al contrario, prolongamos el momento inconscientemente. Eso era lo que yo siempre había soñado vivir, esa momento de cuentos de hadas que a lo largo de mi vida había estado buscando constantemente. Finalmente, nos separamos. Michael me contempló unos segundos más antes de echarse a reír.

-¿Qué pasa?-quise saber.

-Me encanta cuando te sonrojas. Es tan adorable...

-Ya deberías haberte acostumbrado.

-Nunca lo haré.-contestó en un susurro casi inaudible.

El tiempo restante de la velada transcurrió entre bromas, risas, besos y sobre todo, con tranquilidad, algo que nos había sido imposible tener en los últimos años. Ni Eric, ni Matt...nadie podía estropear aquella velada.

-Pequeña. Sólo hay un problema. No podemos casarnos de una manera oficial. Ya sabes que mi matrimonio con Lisa continúa, aunque sea sólo por meras apariencias.

-Lo entiendo. Tampoco quiero que lo sepa nadie.

-¿Nadie? ¿Ni siquiera Judith?

Negué con la cabeza rápidamente.

-Podrá sobrevivir a ello. Esto es un asunto entre tú y yo.

-¿Nadie? ¿Ni siquiera un cura o un matrimonio rápido en las vegas?-preguntó el con incredulidad.

-No. Nadie de nadie.

-¿Testigos?

Me eché a reír ante su insistencia.

-No, Michael. Tú y yo. ¿Qué hay más oficial que eso?

Le lancé una mirada llena de significado, a la espera de que lo comprendiera. Tras unos segundos, abrió la boca con sorpresa.

-Ah! Ya entiendo. ¿Cuándo te viene bien?

-Pues espera que mire mi agenda.

Simulé hojear un cuaderno inexistente, con gesto de concentración.

-Vaya...tengo muy pocos huecos libres. Veamos...Ah, sí. Mira, tengo uno dentro de 5 minutos, en la habitación.

Él se echó a reír ante mi absurda ocurrencia.

-Pues vamos entonces, antes de que se nos haga demasiado tarde.

Me tomó de la mano para ayudar a levantarme y abandonamos el restaurante.

-¿Prefieres subir en ascensor o subir por las escaleras?-preguntó Michael con inocencia.

-Ascensor, gracias. Ya he tenido bastante para bajar, no quiero ni imaginarme como debe de ser subir tantos pisos.

Al cabo de unos minutos, entramos en la habitación. Dejé el bolso sobre la cama y salí al balcón. Michael acudió a mi encuentro segundos después.

-No está mal el sitio que has escogido- comentó mientras miraba el paisaje.

Era ya de noche, el cielo se encontraba salpicado por montones de pequeñas estrellas, cada cual más reluciente. A lo lejos, se apreciaba el templo de Zeus, perfectamente iluminado. Y el ruido procendente de los grillos al cantar terminaban de hacer perfectos aquellos metros cuadrados.
Aspiré aire una vez más con lentitud y me giré hacia Michael.

-¿Cómo lo hacemos?

-De la manera que nos es más cómoda. Siendo nosotros mismos.-contesté.

Él sonrió y volvió a sacar la pequeña sortija de sus pantalones. Tendí mi mano y el colocó el anillo en mi dedo anular, que se deslizó con el más perfecto de los movimientos hasta el lugar donde siempre había pertenecido. Anillo y dedo, 2 piezas de un puzzle que estaban deseando encajar como en ese momento.

-Yo, Michael Joseph Jackson, te tomo a tí por...

No pude evitarlo. Comencé a reírme. Él me miró molesto.

-Así no se puede, Isa. No es serio.

-No tiene por qué serlo-le contesté.- Sólo sincero. Además, estoy segura de que no te sabes el texto completo.

Él elevó las comisuras de sus labios, sonrojándose levemente.

-¡Cómo me conoces!

Después de ese momento, rompimos a reír.

-¡Vamos Mike! Seriedad.

-Sí, sí...bueno, vamos allá de nuevo.

Rozó el anillo con la yema de sus dedos e incrustó sus penetrantes ojos oscuros en los míos. Sólo cuando me miraba de esa manera, me olvidaba hasta de mi propia existencia.

-Sólo puedo decir...-murmuró-que te querré siempre.

Acto seguido, se inclinó para besar el anillo y dejo caer mi mano con suavidad.

-Yo no he podido comprar un anillo, pero tengo éste-susurré.

Entré unos segundos en la habitación para abrir mi maleta. Rebusqué y rebusqué hasta encontrar lo que deseaba: un anillo que mi abuelo me había dado antes de fallecer como recuerdo. Lo aferré con fuerza unos segundos antes de volver a salir al balcón. Michael me esperaba allí, mirándome sorprendido.

-¿El anillo de tu abuelo? Eso es demasiado. No sé si puedo...

-Claro que puedes. Era de la persona a la que más quería, y estoy segura de que está de acuerdo en que ahora te pertenece a tí.

Él sonrió con ternura mientras colocaba el anillo en el dedo correspondiente. Tomé su mano y le contemplé de la misma manera que había hecho él momentos antes, pero estaba segura de que no me había quedado igual, sin duda.

-¿Algo que decir, aparte de que eres una patosa sin remedio y una enana que no crece nunca?-preguntó Michael, suavizando así el momento.

-Sí-contesté- que te querré hasta el final

Y me incliné sobre él para besarle, sellando así la más pura de las promesas. Y en aquella ocasión, sería para siempre.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Una breve pausa.


Mis niñas, os agradezco de veras que hayáis ayudado a mi historia a obtener votos en estas nuevas nominaciones. Sin embargo, tengo que deciros que he abandonado el certamen. Aquí os dejo el mensaje que he dejado en http://www.mjpremiacionfan-fics.blogspot.com/, aclarando los motivos:

" Susie, te agradezco muchísimo que hayas elegido mi historia para que sea nominada a estos premios...pero sin embargo, voy a pedirte que me elimines de todas las categorías.

¿El por qué? Sencillamente, yo escribo para honrar la memoria del hombre que ha cambiado mi vida, no a cambio de conseguir reconocimiento. Además, cada historia es un mundo, cada una mágica, cada una hace sentir de mil maneras diferentes...y por eso no quiero optar a ningún premio.

Me gusta como está, con mis lectores de siempre y sus comentarios motivadores, no necesito nada más, ya que para mí,tener premios no significa que sea mejor o peor.

Te pido disculpas por las molestias que esto de pueda ocasionar...pero creo que ya tengo todo lo que puedo merecer: a él, que va a estar siempre en mi corazón. Eso es lo único que importa.

¡Saludos!"

Sólo quería que lo supieseis... También quería compartir mi opinión con vosotras, ya que os habéis convertido en parte de mí, de esta historia que estoy construyendo poco a poco gracias a vuestro apoyo incondicional desde el principio, y que espero que así siga siendo.

¡Muchísimas gracias por todo, de verdad!

PD: Mañana o pasado intentaré subir el capítulo 71 :D

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Capítulo 70.


“Michael...¿Por qué no me respondes?” Eso es lo que me hubiese gustado preguntarle en ese momento, pero al verle desviar la llamada y contemplar el mar con gesto ausente, las palabras se quedaron atascadas en mi garganta.
Antes si quiera de darme cuenta, la sangre se agolpó bajo mis oídos, provocando que escuchara con más intensidad los latidos de mi corazón, que aumentaban su ritmo a medida que Michael se demoraba más en darme una contestación.

Con un esfuerzo hercúleo por mi parte, por fin decidí romper el silencio.

-Michael...

-Isa...-me interrumpió él...-no puedo contestarte.

-¿Por qué? ¿Tan malo es que te diga cuánto te quiero? ¿Es acaso demasiado pedir que me digas que tú también me quieres?

Percibí como aferraba los dedos de sus manos con fuerza en la barandilla del balcón.

-No puedo permitirte que me ames...ni yo permitírmelo a mí mismo.

No sentí mi cuerpo de cuello hacia debajo. ¿Qué demonios estaba diciendo? Hacía unas horas me estaba diciendo cuanto me quería, y ahora se excusaba diciendo que no podía dejar que mis sentimientos fuesen los mismos. Comenzaron a escocerme los ojos, como siempre que estaba a punto de echarme a llorar.
Aún así, reuní toda la dignidad que me fue posible en ese momento para comportarme como una joven racional, sensata y madura.

-Bien...¿Para qué me has traído entonces aquí?

Él me contempló por unos instantes con una expresión que no supe descifrar, antes de volver a retornar su mirada al mar.

-Para ayudarte a superar la pérdida de tu mejor amigo, para que pudiésemos recuperar nuestra amistad...y para decirte...que por mucho que me duela...no podemos seguir juntos.

-¿Qué?

-Soy consciente de que seguramente no lo entiendas....

-Mira Michael, ahí te doy la razón. No tengo ni la más mínima idea de qué está pasando- la sangre me hervía bajo la piel, sentía el veneno de mis propias palabras en mi lengua- Pero...¿Sabes qué? Ya no tengo fuerzas para intentar comprenderte. Llevo 6 años intentando hacerlo para no perderte, y aún así, siempre nos hemos tenido que separar. Ah, y otra cosa más...

Lo que más me enervó sin duda fue el hecho de que no me miró ni un sólo segundo mientras le decía todas aquellas palabras. Simplemente se limitó a asentir con la cabeza.

-No comprendo esa forma de amar que tienes.

Entonces sí que me miró, con los ojos abiertos como platos, expresando una gran incredulidad.

-No me mires así-continué-durante todos estos años, me has estado diciendo que el amor es lo que mueve el mundo, el único arma que el ser humano tiene para salvarlo...y sin embargo, siempre que te digo que te quiero, pretendes alejarme de ti. ¿Es que acaso quieres acabar sólo?

Michael se dio la vuelta y caminó un par de pasos hacia mí, intentando recortar las distancias entre nosotros, pero yo estaba demasiado dolida, así que repetí su movimiento, pero caminando hacia detrás.

-Isa...-comenzó- Precisamente porque te quiero, trato de alejarte de mí. No puedo permitirte que cargues con todo el dolor que llevo acumulado desde hace años. Te quiero, y por eso intento darte lo mejor de mí, en todo momento. No puedo amarte honestamente si te hago cargar con un dolor con el que apenas puedo yo.

Tras decir aquello, sus ojos comenzaron a brillar. Rápidamente me acerqué a él y presioné la palma de mi mano contra su mejilla, intentando consolarlo.

-¿Por qué, Michael? A mí no me importa ayudarte a llevar esa carga.

Él negó con la cabeza.

-Si el dolor que llevo conmigo es tan grande que no puedo enfrentarlo ni yo mismo, nadie puede hacerlo. A mí, nadie me puede salvar.

Esas palabras me acuchillaron en lo más profundo de mi pecho, haciéndome recordar cosas que hubiese preferido que siguieran olvidadas. Prensa, Paparazzis, Jordie Chandler, Gavin Arvizo, Martin Bashir...Conrad Murray.
Un 25 de Junio, medio planeta llorando su pérdida. Juicios, envidias, rencores....si todo aquello suponía demasiada carga para mí, no quería ni imaginarme lo que debía suponer para Michael.

-No pienso marcharme-murmuré al fin.-Tanto si me quieres a tu lado como si no, no pienso abandonarte. Respeto que no quieras compartir tu dolor, pero al menos déjame ser la persona que te levante si llegas a caerte. Nada más.

Él me contempló indeciso, con la duda abriéndose paso entre su mirada.

-No sé si debería.

-Ya lo creo que sí-contesté haciendo un esfuerzo por sonreír- Has puesto mi mundo patas arriba, lo menos que puedes hacer es dejarme seguir a tu lado. Tranquilo, no te obligaré a que te cases conmigo, lo prometo.

Tras esa frase, no le quedó más remedio que romper a reír.

-Mira que eres boba-comentó con sorna mientras arropaba mi cuerpo con el suyo en un tierno abrazo.

-Por eso me quieres, aunque no me lo digas-contesté.

-Sí, por eso te quiero.

Permanecimos en silencio durante algunos minutos más, dejando de ese modo aquella conversación atrás. Fue él quien rompió la quietud del momento.

-¿Me permitirás al menos invitarte a cenar esta noche? Ahora tengo que arreglar algunos asuntos...

-¿Más sorpresas?-vaticiné

-Unas cuantas más, sí.

-En ese caso, vale.-respondí.

-Bien, quedamos en...5 horas en el hall, de acuerdo?

Asentí. Michael se despidió de mí con un tierno beso antes de salir de la habitación.

El resto de la tarde lo dediqué por completo a mí misma: a dormir, a darme un baño relajante con más de mil jabones y piedras aromatizantes, a maquillarme, a vestirme...cuando hube terminado conmigo, al mirarme en el espejo me costó reconocerme.
No reconocía a aquella muchacha de ojos despiertos, mejillas sonrosadas, y pelo sedoso y ondulado. Había sustituido a la chica pálida y ojerosa de días anteriores. “Y aún así...-pensé para mis adentros- y aún así...me quiere” Sonreí con ganas ante ese pensamiento, me calcé, cogí el bolso, y bajé de dos en dos las escaleras de los 25 pisos hasta llegar al hall principal.
Por supuesto, llegué agotada, despeinada, con los pies doloridos, y con el maquillaje mal esparcido por todo mi rostro. Michael ya estaba allí. Al ver mi recién estrenado cambio de look comenzó a reírse con suavidad.

-Estás preciosa-comentó entre risas.

-Sí, llevo un estilo muy casual, ¿No te parece?

-Es muy propio de ti. Me gusta.

Me cogió de la mano y nos adentramos en uno de los restaurantes de hotel. Al llegar a una de las mesas, me ofreció asiento, como siempre hacía. Le dí las gracias e hice ademán de coger la carta para echar un vistazo a la comida, pero no me soltó la mano.

-¿Qué pasa?-pregunté.

-Mira Isa, hay algo que quiero decirte...

Aguardé, a la espera.

-¿Recuerdas lo que me has dicho esta mañana? ¿Que al menos te dejase que me acompañaras?

-Sí.

-Bien. Lo he estado pensando...pero no puedo aceptarlo.

La sangre abandonó mi rostro en cuestión de segundos.

-¿Por qué?

-No puedo aceptarlo...si no hay algo que lo haga oficial.

-Michael...¿Qué...?

Dejé de intentar terminar la frase, pues me quedé muda de asombro cuando le vi sacar una pequeña caja de terciopelo y abrirla con los dedos con sumo cuidado, dejando entrever una pequeña sortija plateada.

-No quería que fuese llamativa-dijo él derritiéndome con su mirada- Quería que fuese algo sencilla. Como lo eres tú. Así es como lo quiero.

Me obligué a mi misma a coger aire si no quería suicidarme yo sola por el hecho de que se me olvidase el acto de respirar.

Michael titubeó.

-Mira...no sé muy bien cómo va esto...así que lo diré como creo que tú lo prefieres, y como a mí me es más sencillo proponértelo.

Transcurrieron uno, dos, tres, siete segundos...

-¿Quieres casarte conmigo?-preguntó finalmente


Capítulo 69.


-¿Grecia?-pregunté minutos después, al desatarme la venda, perpleja tras echar un rápido vistazo a los billetes que sostenía Michael en la mano. Él la retiró con rápidez y endureció el gesto.
-Tramposa...

-Yo no hago trampas, es culpa tuya si dejas esos billetes a mi vista, y más con lo cotilla que soy.

Sonreí con suficiencia al percibir mi victoria ante mi lógica aplastante. Él, derrotado, finalmente esbozó una de sus sonrisas.

-Como quieras pequeña curiosa. Pero te puedo asegurar que no te vas a enterar de nada más.

Desde hacía años para nosotros, nos era imposible por las razones obvias coger un avión con más pasajeros, así que no me sorprendí cuando descendimos a la pista de despegue para subir a uno de sus flamantes Jets privados. Sonreí con ilusión.

-¿En este también hay uno de esos magníficos ajedrez de gominolas?

Michael correspondió a mi sonrisa mientras se echaba a un lado, como todo caballero, para cederme el paso.

-Por supuesto. No me iba a olvidar de cuánto te gusta hacer trampas.

-Bla, bla, bla...el caso es quejarse.

El viaje en el avión transcurrió rápidamente para mí, como si el tiempo avanzase como si de difusos borrones de colores y movimientos se tratase, a pesar de los miles de kilómetros que nos aguardaban por delante. Quizás era por tener a Michael a mi lado en todo momento, sujetando mi mano entre las suyas, y susurrándome pequeñas frases de sus canciones, como si únicamente hubiesen estado escritas para mí. Yo no hacía más que escucharle ensimismada, pues a pesar de los años que había vivido a su lado, seguía sin comprender cómo un ser tan perfecto como lo era él, me quería a mí como su compañera, su amiga, su pareja.
No había nada en mí capaz de retenerle, y aún así, ahí estaba él, envolviéndome con las miradas más dulces que jamás hubiese podido imaginar.

El Jet tomó tierra en la majestuosa Atenas, uno de los lugares más significativos para mí, protagonista de tantos y tantos poemas, escritos y mitos. Al igual que en Egipto, pisar esas tierras trajo consigo una sensación de una relajación completa, como si una parte de mí perteneciese a ese lugar, como si al fin estuviese en casa.

-¿Siempre ocurre esto?- pregunté a Michael mientras me ayudaba a descender por la escalera del avión.

-¿El qué?

-Llegar a un determinado lugar...y sentir que tu sitio está aquí, al lado del mar, la historia y los recuerdos.

Él tomó aire y lo dejó salir con lentitud.

-Dicen que cuando nos sentimos así es porque ya hemos estado en esos lugares anteriormente, inconscientemente o no.

-¿A tí te sucede a menudo?

-Desde que te conozco. Constantemente tengo una sensación parecida, como si realmente te hubiese conocido por una razón en concreto, y que estás aquí para advertirme.

Frené mis pasos en seco, nuevamente sorprendida por su suspicacia.

-¿Pasa algo?- preguntó.

-No, nada. Sólo que juraría que ya me has dicho eso antes.

-Sí, es posible...Bueno, ¿Vienes? Aún te queda lo mejor por ver.

-Dudo que puedas sorprenderme ya- comenté con una media sonrisa.

Michael se giró y me agarró de la mano con súbito entusiasmo.

-Eso suena a reto. Anda, vamos.

No añadí nada más. En el fondo, y para ser sincera, me encantaba que me sorprendiese a cada instante, pues jamás dejaba de hacerlo, aunque nunca le diese la satisfacción de reconocérselo.
En un lado de la pista, nos esperaba un flamante coche negro con cristales tintados. Eso me apenó en cierto modo, ya que no podría admirar el paisaje en todo su esplendor. Aún así, la sonrisa no desapareció de mi rostro.

Durante el camino, Michael habló sin cesar sobre su fascinación acerca de la cultura griega, según él, una de sus favoritas.

-...Sobretodo el concepto del amor que tenían-continuó él entusiasmado.

-¿Por qué? Todas las grandes historias de amor griegas terminan en tragedia.-respondí con el ceño fruncido.

-Precisamente por eso. Vivir un amor peligroso, prohibido, hasta el punto de llegar a perder a la persona que amas con tal de pasar a su lado un par de segundos más.

-Pero mira que eres fatalista a veces-me jacté dejando escapar un suspiro- entre esto, y lo de las momias...

Se echó a reir con ganas y me removió el pelo con dulzura.

-Campanilla-dijo-algún día comprenderás lo complicado que es el amor.

Le miré atónita. ¿Cómo podía poner en duda mis conocimientos sobre el amor? ¿Insinuaba que no lo había conocido? ¡Había puesto mi mundo del revés por él! Cuando estaba a punto de abrir la boca para reprocharle, el vehículo redujo la velocidad, hasta detenerse enfrente de un hotel de dimensiones desproporcionadas, un hotel más grande de lo que yo creí haber visto jamás. Abrí la boca de par en par, y si lo estáis pensando...no, no fui capaz de cerrarla. Al contemplar mi expresión Michael sonrió con suficiencia, y nuevamente me tendió la mano.

-¿Me acompañas?

-No me lo digas-murmuré con un hilo de voz- nuestra habitación es una suite.

-Acertaste.

Subí al ático prácticamente empujada por Michael, pues yo era incapaz de salir de mi asombro. Aquel sitio era mucho más hermoso de lo que me había esperado, sin duda. Y al llegar a las puertas dobles de la suite, Michael me tapó los ojos con sus manos. Me estremecí, temerosa de que una de esas visiones me abordara de nuevo, pero gracias a Dios, no pasó nada. Él abrió la puerta y guió nuestros pasos hacia lo que yo supuse que era el balcón, pues percibí como una suave brisa de aire acariciaba mi rostro.

-¿Preparada?- preguntó él.

-Siempre.

Y sin más preámbulos, liberó mis ojos de sus manos, y pude contemplar extasiada la belleza que se hallaba entre nosotros:
El imponente y grandioso templo de Zeus se habllaba a unos 500 metros del balcón, dotanto al entorno de una nobleza inigualable. Y a mi derecha, el más cristalino y diáfano mar. Un aroma salado nos envolvía, a la vez que el viento mecía nuestros cabellos como al son de una canción, lenta y melodiosa.

-Michael...esto es..sencillamente precioso.

-¿Te gusta?

-¿Estás de broma? ¡Esta es la novena maravilla del mundo!

-Querrás decir la octava...-me corrigió.

Negué con la cabeza.

-No, la novena. La primera de todas eres tú.

Él sonrió con dulzura e hizo rotar mi cuerpo con suavidad, para que así nuestras miradas se encontraran. Con una caricia, y el más suave de los movimientos, presionó sus labios con los míos, con la dulzura que siempre me enloquecía. Era todo tan perfecto, que hasta me pareció que la brisa aumentó su velocidad a la vez que él alargaba la duración del beso. Luego, demasiado pronto para mí, se separó.

-Te quiero, Michael.-susurré esbozando inconscientemente la más grande mis sonrisas.

Pero él, en cambio...no respondió.

jueves, 14 de octubre de 2010

Capítulo 68


No tuve tiempo de contestarle, pues me cogió de la mano y me arrastró literalmente fuera de la casa. Gracias a Dios no había desecho las maletas, pues eos nos retrasaría un tiempo más que considerable teniendo en cuenta la ingente cantidad de prendas que almacenaba después de aquellos años.

-Michael- le pregunté antes de ofrecer las maletas al chófer para que las metiera en la limusina.

-Dime.

-¿Y tu trabajo?

No es que deseara que hiciese giras, y conciertos multitudinarios, pero en mi cabeza las cuentas comenzaban a no cuadrarme, y más cuando estábamos a finales del 94, y el siguiente disco iba a ser lanzado el año siguiente.

-Retomaré la grabacioón del siguiente trabajo cuando volvamos, tampoco es que quede mucho por hacer. Venga, entra- añadió mientras abría la puerta del vehículo.

Sonreí con ganas y cogí asiento. Él se dejó caer a mi lado, donde bostezó ruidosamente.

-No he dormido nada.-comentó mientras un sonoro bostezo escapaba de sus labios.

Le miré con incredulidad, a sabiendas de que no era cierto, pues yo misma me había mantenido despiera hasta prácticamente el amanecer mientras contemplaba como dormía. Decidí no darle vueltas al asunto.

-Vaya...¿y eso?

-Porque te notaba inquieta todo el rato. Y luego cuando te dormiste, comenzaste a hablar...E Isa, no te ofendas...pero es que no te callas nunca.

Mi cuerpo entero se puso en tensión, súbitamente alerta.

-No seas exagerado, seguro que no hablé tanto...¿y qué decía, ya que estamos?

-Pues no se te entendía mucho, la verdad...no llegabas a vocalizar...-concluyó con una sonrisa de burla.

-Perdóname que no sepa hablar, señor perfecto- contesté frunciendo los labios.

-No te disculpes. Algún día, no sé cual, serás casi casi tan perfecta como lo soy yo.

Se echó a reír en cuanto hice ademán de lanzarme a su cuello como si fuese a ahogarle. Y yo, como no podía ser de otra manera, me quedé contemplándole sin habla, pues para mí, su sonrisa era una de las cosas más bellas que había visto jamás. Una sonrisa, que en mi humilde opinión, le haría sombra al más hermoso de los ángeles.

-Me encanta verte sonreír- susurré en cuanto clavó sus ojos en los míos.- Me pregunto si siempre sonríes con el corazón, o porque las circunstancias te obligan a ello.

-Depende. Estos últimos años las cosas no me han ido demasiado bien, ya sabes...En las entrevistas me noto obligado a hacerlo, por ofrecer una imagen, aún cuando hay muchísimas ocasiones en las que lo único que me apetece es levantarme de la silla e irme. Pero en los conciertos...aquello es otra historia. Y sé que la gente que me sigue lo nota, ¿sabes? siento que me ven feliz, que disfruto con lo que hago.

-Mmmm...

_Pero...¿quieres que te diga una cosa?

-Miedo me das- dije elevando las comisuras de mis labios.

-No, esta vez, sin bromas.

-A ver, sorpréndeme.

-Ahora no sonreía ni por la prensa, ni por los fans, ni por las actuaciones. Sonreía por poder estar de nuevo contigo, y esta vez sin obstáculos. Sólo tú y yo. Como aquel año- susurró mientras cogía mi mano entre las suyas.

Pocas veces me había sentido tan feliz como en aquella ocasión, y eso lo corroboró mi rostro, que se iluminó con una gran sonrisa, a la vez que percibía como me sonrojaba.

-Aún sigues sonrojándote como el primer día.

-Eso es porque te quiero como el primer día.-contesté.

En esa ocasión fue él quien sonrió a la vez que se mordía el labio inferior, uno de esos gestos que tanto me gustaba que hiciera. No hace falta decir que nos fundimos en un tierno beso. Lo que lo hacía más tierno, más bonito, era que ese beso sellaba no sólo una relación, si no una amistad, un sueño que creía imposible. Y una misión que cumplir: Hacerle feliz, durante tanto tiempo como me fuera posible.

El viaje transcurrió en silencio, ya que con Michael, muchas veces sobraban las palabras.

-Por cierto-le pregunté en un momento determinado- no me has dicho a dónde vamos.

-Ya te dije que era una sorpresa.

-Pues estamos en la carretera con dirección al aeropuerto.

-Bien, no pienso dejarte saber más de eso. Y pienso asegurarme de que no lo averigües.

-Pues tú dirás como.

-Así.

En sus manos tenía una venda negra, que extendió de lado a lado con una sonrisa.

-No pensarás hacerme ir por el aeropuerto con una venda, aún sabiendo lo torpe que soy y que me voy a caer, ¿verdad?

-No voy a dejarte caer.

Y acto seguido, se colocó detrás de mí para colocarme la prenda.

No debería haberlo hecho, pues el primer roce del pañuelo contra mi piel trajo consigo una imagen, una especie de deja vú. ¿Qué ví?
Me ví a mi misma, frente a una puesta de sol en la playa, y a Matt a unos centímetros por detrás, vendándome los ojos, y haciéndome girar después para robarme un beso, mientras tomaba con suavidad mi labio inferior entre sus dientes.

En ese momento, volví al presente. Y súbitamente, la tristeza me invadió, junto con una sensación de añoranza. ¿Por qué echaba de menos a alguien a quien ni siquiera podía hablar, o tocar?
Una lágrima rodó por mi mejilla, y la sequé con rapidez. Aquel iba a ser el viaje de nuestras vidas...ni siquiera el sentimiento ficticio que sentía por Matt iba a estropearlo.

O eso creía.

lunes, 11 de octubre de 2010

Capítulo 67.


-Buenas noches campanilla- susurró con dulzura.

Esbocé una pequeña sonrisa, e intenté conciliar el sueño, pero por más que lo intenté, me fue imposible. La sombra del recuerdo de el susodicho Matt me abordaba a cada instante. Miré el reloj que estaba colgado en una de las paredes : las 02;30, las 03:45, las 04:30..
Miré a Michael, que se encontraba plácidamente dormido. Ni siquiera el observar su rostro consiguió que me evadiera. Finalmente, y tras incontables vueltas de un lado hacia otro, logré perderme en la inconsciencia del sueño.

Me encontraba en mitad de un parque de atracciones, repleto de personas, cada una de ellas demasiado preocupadas en sus vidas cotidianas como para preocuparse por nadie. Confusa, giré a mi alrededor, buscando a Michael con la mirada, pues no habría ido a un lugar así a no ser que él me acompañase. Le busqué a lo largo de todo el recinto, pero no le localicé. Exhausta, me dejé caer sobre un banco. Percibí como una chica se sentaba a mi lado, pero no levanté la cabeza para averiguar de quién se trataba. Lo único que me preocupaba en ese instante era poder encontrar a Michael, o a alguien conocido, en su defecto.

-Ya era hora Matt, pensé que te habías perdido - comentó divertida mi compañera de banco.

Alcé la mirada con rápidez. Reconocía ese tono de voz suave, con un deje infantil, y la melodía de esa risa. Y la conocía tan bien...porque esa era mi voz.

Intenté no gritar al verme a mí misma sentada a mi lado, con otra ropa, otro peinado, pero sin duda se trataba de mí. Me contemplé boquiabierta a causa de la sorpresa.

-Sí, seguro que lo estabas desando para poder huir de mí, ¿verdad?

Sin salir de mi asombro, giré la cabeza 180º para observar al que se hacía llamar "Matt". Y cuál fue mi sorpresa al descubrir que se trataba de aquel chico, el mismo que había "visto" en las puertas de Neverland, aquel que me producía aquellas extrañas sensaciones en mi interior. Sólo que en esta ocasión pude apreciar su rostro con claridad. Debía de rondar los 30 años, por los claros signos de madurez escritos en sus facciones. Mandíbula cuadrada, nariz recta y fina...y podría haber seguido, pero al mirarle a los ojos perdí la noción del tiempo. Eran verdes, de un jade intenso, capaces de aturdir a cualquiera.
No me molesté en ocultarme, pues estaba claro que no se había percatado de mi presencia. Matt sonrió, provocando que me sonrojara. Bueno, y mi otro "yo", también.

-Oh, sí, estaba a punto de echarme a correr- se carcajeó mi doble.

Él se acercó hacia donde nos encontrábamos y se inclinó para besar a mi compañera con el más leve de los roces. Inmediatamente, sentí ese roce en mis labios, como si hubiese sido a mí a quien besaba. Ella se levantó, cogió su mano, y se marcharon entre risas y bromas.

Aturdida, confusa y con el corazón a punto de salírseme del pecho, me levanté, con intención de seguirles, pero una mano impidió mi propósito. No me hizo falta girarme para saber que se trataba de Eric.

-¿Qué quieres, Eric? No entiendo nada.

Me soltó y se colocó frente a mí, sonriendo burlón.

-Sólo quería mostrarte lo que debería ser tu presente, si no siguieras empeñada en seguir al lado de Michael, aún sabiendo que no vas a poder cambiar el rumbo de los acontecimientos.

-Ni pienso irme, Eric. No voy a estar siempre que me necesite. Estaré siempre, aunque no me necesite.


-¿Aunque ames a Matt de la misma manera que le amas a él?
Retrocedí un par de pasos, molesta.

-Eso no es cierto.

-Puede que no te lo parezca. Pero es así. Y si no, explícame que hacías intentando seguirle.

-Yo sólo... sentía curiosidad.

-Sí, seguro. Bueno, es hora de que te despiertes.

-¿Acaso esto era un sueño?

-Claro que lo era.

-Pues no lo hagas más.

-¿Que no haga más qué?- preguntó- ¿que no te muestre más lo feliz que podrías llegar a ser?

-Soy feliz ahora.- me defendí.

-Como quieras. Pero no pienso dejar de hacerlo.

Estuve a punto de rebatirle, pero la voz de Michael pronunciando mi nombre me arrancó de golpe de aquel extraño sueño.

-Isa, ¿estás bien?

Bostecé y rodé de lado, buscando sus labios con ansia, hasta que logré mi objetivo.

-¿Despiertas así todas las mañanas?-me preguntó esbozando mi sonrisa favorita.

-Humm...déjame pensar...si es contigo, sí.

-Entonces...tendremos que dormir más noches juntos.

Sonreí eufórica ante la expectativa.

-Suena genial.

Michael me tendió su mano y me ayudó a levantarme. Al hacerlo, no pude evitar quejarme.

-¿Estás bien?

-Sí, sólo me duele la espalda un poco.

-Recuérdame que la próxima vez durmamos en una cama. Venga, vámonos.

Le miré, perpleja.

-¿Irnos? ¿A dónde?

-Pues...es una sorpresa.

-¿No me lo vas a decir?

-Déjame pensar...no. Pero déjame decirte una cosa.

-¿Qué?

-¿Estás preparada para escaparte conmigo durante 2 semanas?

Me eché a reír con ganas, como hacía mucho tiempo que no me pasaba.

-¿Estás tu preparado para aguantarme durante todo ese tiempo?

Él me rodeó con sus brazos y acarició mi mejilla con sus labios, estremeciéndome por completo.

-No lo sabes tú bien.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Capítulo 66.



Apenas recuerdo cuanto tiempo me quedé allí. No podría decir que me quedé absorta en mis pensamientos, porque tampoco fue así, pues tanto mi mente, como mi mirada, se encontraban ausentes. Sin duda era una jugada de Eric, sólo él podía jugar con el transcurso del tiempo a su antojo. Pero, aquel chico...Matt; no podía ser una invención suya. De lo contrario no habría sentido aquellas extrañas y complejas emociones al escuchar su voz.

Como el ruido de un despertador en la peor de las pesadillas, el nombre de Michael acudió a mi cabeza, haciendo desaparecer todo atisbo de temor e incomprensión por lo sucedido. El recordar su sonrisa logró esbozar en mí una sonrisa, levantarme, y volver a la casa, fantaseando con lo perfecto que sería todo con él nuevamente a mi lado. Opté por prepararle una cena, y así mantener mi mente ocupada en otras cosas.

Con la ayuda de Bianca y otros empleados, en cuestión de 3 horas habíamos preparado la cena que sólo cabía imaginarse en cuentos de hadas. El salón únicamente estaba tenuamente iluminado por unas velas, y la mesa estaba ya perfectamente dispuesta para cuando Michael llegase.

-Bianca, ¿Sabes algo de Michael?- pregunté mientras terminaba de colocar las copas.

-Llamó hace media hora para decir que no se demoraría.

-Perfecto. Gracias.

Subí a mi habitación a deshacer las maletas. Entrar en aquellos metros cuadrados trajeron consigo una sensación de paz y tranquilidad. No podía describirlo con otra palabra que no fuese "magia". Algo en esa habitación, me gritaba en silencio que yo pertenecía a ese lugar, y ciertamente lo creía así. Me miré de refilón en el espejo y observé mi rostro demacrado y marcado por las lágrimas derramadas durante todo el día. Sin duda alguna, aquel era el mejor momento para darme una ducha.
Al salir, busqué entre mi ropa hasta encontrar un vestido decente que ponerme. Unos nudillos golpearon la puerta con suavidad.

-¿Sí?

-Michael ya ha llegado. La está esperando.

Su nombre provocó un sordo golpeteo de los latidos de mi corazón. Peiné mi cabello de la manera más elegante posible y oculté mis ojeras tras una fina capa de maquillaje. Abrí la puerta, cogí aire, y bajé las escaleras.
Al final de ellas allí se encontraba él, como en el más perfecto sueño, con esa sonrisa que podría derretir el mundo entero, empezando por mí. Le tendí mi mano y él se inclinó para besarla, lo que provocó que me riera.

-Siempre un caballero.

-Hasta el final. Estás preciosa.

Me sonrojé, y él sonrió. Caminamos hacia la mesa, y nos sentamos el uno frente al otro.
Podría optar por contar lo que hablamos durante todo aquel tiempo, pero no habrían palabras posibles para describirlo. ¿Alguna vez habeís sentido esa conexión, aquella en la que tanto tú, como él, inconscientemente, os rodeaís de una burbuja sólida e irrompible?
Pues eso me pasó con él. Lo que nos contamos era bello, pero lo más bello sin duda eran las cosas que no se decían: Las sonrisas, los roces, el calor de su mirada...En un momento de la cena, su pierna rozó la mía.

-Lo siento-se disculpó.

-No pasa nada- le respondí con una sonrisa.

Y nuevamente, sentí como su pierna acariciaba la mía hasta la altura de la rodilla. Volví a sonrojarme.

-¿Qué quieres, Michael?

-Que me mires.

-Ya lo hago.

-No, no como yo quiero.

Abrí los ojos aún más, sorprendida.

-¿Cómo quieres que te mire, entonces?

-De la misma manera en que lo hago yo, deseándote a cada instante.

Sus palabras no me pillaron desprevenida, pues ya conocía esa faceta de Michael. Aún así, mi mente no pudo controlar que todo mi cuerpo se estremeciera ante la intensidad de su mirada. Él se levantó y me tendió su mano, que yo cogí sin pararme a pensarlo. Nada más hacerlo, me aprisionó contra él, no sin antes sujetar mi mentón con su mano y darme el beso más apasionado que recordaba en mucho tiempo.
La sangre ardía bajo mi piel, mis pulsaciones habían triplicado su velocidad habitual; así como también podía escuhar los latidos desbocados de su corazón. Poco después abandonó mis labios para dirigirse a mi cuello, momento en el cual le aferré la camisa, seguramente haciéndole daño.

-Michael...-articulé entre sordos gemidos.

-¿Sí?

-Bianca...

-Estamos solos. Ya me he encargado yo de eso.

Desconozco en que momento perdí el sentido común, o en que momento dejé de comportarme como siempre lo había hecho. Sólo sé que sus labios provocaban pequeñas descargas eléctricas sobre mi corazón cada vez que rozaban cualquier centímetro de mi piel.
Tampoco recuerdo en que momento dejamos de ser dos, para convertirnos en una única unidad. Pero lo que sí recuerdo, es su voz cada vez que me susurraba "te quiero" al oído. Ese era el motivo por el cual había pasado por tanto dolor y sufrimiento.
Ese era el motivo por el cual había puesto mi mundo del revés por él. Por escuchar esas palabras.

Tras varias horas de intensa pasión y sentimiento, caimos rendidos en la enorme alfombra que cubría el suelo del salón. No quería separarme de él, así que rodé hacia su lado y me acosté sobre su pecho. Él cogió una manta y cubrió nuestros cuerpos con ella. No quería hablar, no había necesidad.
Todo era perfecto así, sin palabras. Sólo sé que me dormí tras sentir sus labios sobre mi frente.

Y sólo sé que el nombre de Matt, acudió a mi mente minutos después.