sábado, 27 de noviembre de 2010

Capítulo 73.


Fueron los brazos de Michael los que lograron que me tranquilizara.

-Isa, ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?

-Nada...es sólo...he tenido una pesadilla.

-¿Quieres hablar de ella?-preguntó con un deje de preocupación en su voz.

-No...no es necesario. Estoy bien.

Apenas me hizo falta mirarle para saber que no se había creído mi embuste, pero dejó pasar el tema, cosa que agradecí enormemente.
Alcé la cabeza en busca de algún reloj, pues desconocía cuanto tiempo había estado dormida.

-¿Qué hora es?

-Las cuatro de la tarde. Has dormido bastante. ¿Tienes hambre? Puedo bajar a por algo de desayunar.

Mi estómago respondió por mi con un sordo gruñido. Michael rió.

-Vale, espérame aquí. Vuelvo en seguida.

Tras abandonar la habitación, dejé caer mi cabeza nuevamente sobre la almohada, respirando con dificultad. De seguir teniendo esos sueño, acabaría por volverme loca, desde luego. No podía dejar que Matt siguiese interviniendo en mi vida de esa manera, aún cuando no le conocía. Un suave golpeteo en la puerta de la habitación me distrajo momentaneamente. Dudaba de que se tratase de Michael, pues apenas habían transcurrido un par de minutos desde que se había marchado. Aún así, y a pesar de que una pequeña voz en mi cabeza me decía que no lo hiciera, me levanté y abrí la puerta.

Mi respiración se detuvo en el acto, y cada una de mis terminaciones nerviosas cobraron vida propia. El hombre me contemplaba con una media sonrisa al otro lado de la puerta.

-Servicio de habitaciones-anunció.

-Eric.

-¿Me dejas pasar?

Dubitativa, comencé a cerrar la puerta, pero él freno el movimiento con su pie.

-Sabes que una puerta no va a impedir nada, Isabel. Tenemos que hablar.

-No tengo nada que hablar contigo.-contesté apretando los dientes.

-Yo creo que sí. ¿Cómo van esos sueños?

No le contesté. Intenté aferrarme con toda la fuerza que me fue posible al pomo de la entrada, negándome a moverme de allí. Eric volvió a reírse.

-Desconozco por qué me tienes tanto miedo. No voy a llevarte a ninguna parte. Además, algún día comprenderás que te estoy haciendo un favor.

-¿Un favor?-pregunté con un tono de voz algo más que elevado.-¿Complicarme la vida de este modo es hacerme un favor?

-¿Me vas a dejar pasar o qué?

Tras unos segundos, suspiré y abrí más la puerta, cediéndole el paso. Él caminó hacia el centro de la habitación, para sentarse después en el borde de la cama. Le contemplé impasible hasta que finalmente habló.

-Sé que tienes preguntas que hacerme. Por eso he venido.

-Te vuelvo a repetir que no tengo nada que preguntarte.

-¿Estás segura? ¿Ni siquiera por esos sueños?

-¿Por qué no me dejas en paz? ¿Por qué siempre tienes que estar detrás de todo?

Eric ladeó la cabeza mientras jugaba moviendo sus pies de un lado para otro.

-Porque me desobedeciste. Te dije que no volvieras a meterte en su vida personal, que mantuvieses a raya tus sentimientos. Y me fallaste. Además, tampoco estoy siendo tan cruel. Podría haberte llevado de vuelta al presente por esto y no haberte dejado volver nunca. Además, he venido a ofrecerte algo.

-Nada de lo que tú me puedas ofrecer voy a quererlo- contesté plenamente segura de ello.

-¿Eso crees? ¿Y si te dijera que Michael va a conocer a Matt en persona? ¿Y si te dijera que tienes esa oportunidad para conocerle? ¿Y si...?

-Para, para-le interrumpí alzando la mano.- Me da lo mismo Matt. Es más, quiero que desaparezca.

-Estás enamorada de él.

-Eso es mentira. La única persona que de verdad amo se llama Michael y debe de estar al llegar, por cierto.

-No lo hará-contestó Eric convencido.- Y puede que no estés enamorada de él ahora, pero lo estarás. Se le llama destino, ¿Lo has escuchado alguna vez?

-Curioso concepto el tuyo sobre el destino. Sobre todo cuando has sido tú el que me ha mandado aquí para cambiar las cosas.

-Te equivocas. Ya te lo dije. Estás aquí porque así lo deseaste y porque yo decidí concederte ese sueño.

-Está bien. A ver...¿Quién es Matt?

-No puedo decírtelo.

-¿Por qué no puedo verle o tocarle, o hablarle?

-Porque es tu futuro, y ahora mismo vives en el pasado. No se pueden mezclar ambas cosas. A no ser que aceptes mi oferta y me dejes avanzar un par de años, hasta el día en el que podrás conocerle a tiempo real.

Retrocedí un par de pasos.

-No vas a hacerme perder más años al lado de Michael. Esta vez no.

-Te equivocas otra vez. No voy a enviarte de vuelta, simplemente voy a acelerar un poco el tiempo. Y vas a seguir al lado de Michael.

-¿De qué me sirve si no voy a poder vivirlos? ¿De qué me sirve si apenas voy a sentir esos 2 años?

Las lágrimas comenzaron a asomar a mis ojos. ¿Por qué siempre tenía que estropearlo todo? ¿Por qué no podía ser como yo deseaba?

-Míralo de este otro modo- dijo Eric levantándose y acercándose a mí.- no tienes otra opción: 2 años al lado de Michael, sin perderle, o toda una vida sin él.

-Jamás me iré de su lado-respondí.

-En ese caso, perfecto. Te prometo que cuando despiertes él estará a tu lado, y nada habrá cambiado.

-¿Por qué haces esto?-pregunté angustiada y huyendo de él, con los ojos anegados en lágrimas.

-Porque ya queda poco tiempo.

-¿Poco tiempo para qué?

Eric sonrió y antes de rozarme la mejilla con su mano, susurró:

-Ya lo entenderás.

Y después, todo se volvió negro.




Unos labios rozaron mi rostro, con la misma suavidad como si de plumas se tratasen. 2 años. Habían transcurrido 2 años. Abrí los ojos, temerosa de no saber que iba a encontrarme. Pero ahí estaba Michael, igual que siempre. Mirándome con la misma dulzura de siempre, sonriéndome de esa manera que provocaba que mi corazón se detuviese. Michael, sólo él. En ese momento, los 2 años no me importaron.
Él seguía conmigo, queriéndone como siempre, eso era lo que de verdad importaba. En definitiva, ¿Qué era mejor? ¿Dos años sin él o toda una eternidad? No me hizo falta responder cuando él presionó sus labios contra los míos.

-Buenos días-dijo con dulzura- ¿Lista para viajar a España?

jueves, 25 de noviembre de 2010

Nuevo Blog :)

Chicas...
No voy a enrollarme demasiado. Dado que a Back To The 90's le quedan apenas 27 capítulos, he decidido comenzar otro proyecto paralelo para seguir evadiéndome con la escritura.

Muchas de vosotras, las que me conocen en profundidad, siempre me han citado que mi vida merecería ser escrita, así que finalmente, me he arriesgado y he iniciado ese nuevo proyecto con una amiga, en el cual relatamos lo acontecido en este año dese 2 puntos de vista diferentes, dotándolo así de puntos cómicos, verídicos y sobretodo, naturales. ¿Michael? Mucho Michael, ya que forma parte de mi vida.

De momento sólo hay subido un capítulo, pero espero de veras que os guste y así os ayude a amenizar la espera, ya que cuando no pueda subir capítulos de Back To The 90's, los subiré en la otra historia, y viceversa.
Además, así me doy la oportunidad de que me conozcáis mejor, y que os sintáis igual de indentificad@s con lo que escribo, pues...¿a quién no le habrá pasado nunca alguno de los sucesos que se citan?

Mañana subiré el capítulo 73, le estoy dando las últimas pinceladas, ya que quiero que a medida que la historia vaya llegando a su fin, los capítulos sean mejores :)

Y pinchad AQUÍ para leer el primer capítulo de ese nuevo proyecto, titulado "Confesiones de dos escritoras".

¡¡Un besazo enorme a tod@s!!

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Nominaciones



Hola mis chic@s,

Me han vuelto a nominar para unos premios de novelas de blogger...
Sí, sí, lo sé dije que no quería aparecer en más premios y que con subir mis capítulos y con vuestros comentarios ya me sentía valorada. Pero el caso es que la chica que nomina las historias es una conocida mía de Barcelona, quien a su vez trabaja en una editorial de esa misma ciudad. Y puesto que se ha mostrado interesada y me parece una buena oportunidad de tener mi historia bien evaluada por una experta, pues no me he podido negar.
Sé que a diferencia de otras nominaciones sé que esto me puede abrir una pequeña puerta al mundo laboral.
Espero que lo entendáis,

Podéis votar haciendo click AQUÍ

Un beso a tod@s y os quiero un montón (L)

jueves, 18 de noviembre de 2010

Capítulo 72.


No viví jamás momentos tan felices como los que se sucedieron a continuación.

-Hay algo que quiero que veas-dijo Michael.

-¿El qué?

-¿Ya estás preguntando? Es una sorpresa.

-¿Ya estás con las sorpresas?-me burlé mientras le sacaba la lengua.

Él volvió a deleitarme con una de sus sonrisas y se adentró en la habitación, cogiendo el mando de la televisión y sentándose en el borde de la cama. Palmeó el colchón, indicándome que me sentara a su lado. No tardé apenas tiempo en hacerlo.

-¿Vamos a ver una película?-pregunté con curiosidad.

-¿Sería eso una sorpresa por mi parte?

-No necesitaría mucho más teniéndote a mi lado-respondí a la vez que le daba un leve beso en el cuello.

Sentí como se estremeció ante esa muestra de cariño, pero no despegó los ojos de la pantalla del televisor.

-Vale,vale-refunfuñé-la sorpresa.

Él en cambio sólo me respondió con un asentimiento de cabeza.

-Te va a gustar, ya lo verás.-Y a continuación pulsó uno de los botones del mando.

Lo que vi reflejado en la televisión me dejó literalmente sin habla.
Se trataba de un vídeo casero, en Neverland, en el que se nos veía a Michael y a mí en diferentes momentos desde 1989. Corriendo, cocinando, bailando en el cine, paseando...mis ojos se anegaron en lágrimas a causa de la sorpresa y de la emoción. Esas imagines eran la confirmación de que todo lo que había vivido era real, la confirmación de que, no importara lo que pasara, esas escenas existirían siempre.
Apenas percibí como Michael me rodeó con sus brazos para compartir conmigo aquel momento. Era todo tan precioso, tan mágico...una de las escenas me hizo sonreír. Se trataba del primer día que vivi en Neverland, en el que exploté un globo de agua sobre la cabeza de Michael. Verme corriendo para tratar de esquivarlo me hizo darme cuenta de la cantidad de tiempo que había transcurrido, aún sin yo darme cuenta de ello.
El vídeo finalizó con una frase. Corta, sencilla, pero sincera. Michael la pronunció a la vez.

-A mi pequeña campanilla. Te quiero, Michael.

El vídeo se paró y la televisión se apagó, pero yo aún era incapaz siquiera de moverme o de decir algo, pues en mi mente aquellos escasos minutos no paraban de reproducirse una y otra vez, negándose a desaparecer. Y yo por supuesto tampoco quería. Su voz me sacó de mi ensoñación repentinamente.

-¿Y bien? ¿Te ha gustado?

Tragué saliva para poder hablar, pues la boca se me había quedado seca.

-Es...precioso.

-Sabía que te iba a gustar.

-Pero Michael, hay algo que no comprendo.

-¿El qué?

-¿Cómo no me di cuenta, nunca, en todos estos años, de que nos estaban grabando?

-Bueno, mis camarógrafos están contratados precisamente por eso, por su discreción. A mí desde pequeñito siempre me han grabado, no sólo sobre el escenario. Cuando cumplí la mayoría de edad desee que así continuase siendo, pero sin sentirme observado ni grabado en ningún momento. La verdad es que son unos expertos, ¿No crees?.

Asentí pensativa hasta que sonreí ampliamente.

-Me gusta entonces.

-¿Sí?-preguntó con curiosidad.

-Claro. Es más, si te fijas, se ve claramente como tú me tiraste al suelo, y no que me caí yo como me has hecho creer todos estos años.

-¡Eso no es verdad!- se quejó mientras me hacía cosquillas.

-¿No? Ya verás...¡Ponlo de nuevo!

¿Cómo transcurrió el resto de la noche? Como podéis imaginar. Viendo el vídeo una y otra vez, discutiendo y peleándonos para ver quien tenía razón. Tras unas horas, vi como el sol comenzó a alzarse en el horizonte, iluminando levemente la habitación. Michael seguía a menos de dos palmos de la televisión, sumamente atento.

-¡Ahí!¿Lo has visto?-exclamó mientras señalaba con el dedo a la pantalla.-¡Te caíste sola! ¡Fíjate bien!

Me eché a reír ante su insistencia, pero mi risa se cortó ante un repentino bostezo.

-Michael, estoy cansadísima. ¿Qué te parece si seguimos debatiendo mi torpeza después de dormir algo?

Tras apenas decir aquello, apagó la televisión y abrió la cama. Me tomó de la mano y me ayudó a acostarme, pues me costaba horrores mantenerme con fuerzas a esas horas.

-No es necesario que te molestes tanto, en serio...

-Ni siquiera tienes fuerza para taparte, tontorrona-susurró en mi oído.

-Pero...

-Y tampoco las tienes para discutirme. Anda, descansa. Mañana tenemos un día entero lleno de actividades.

Gemí bajo las sábanas.

-Querrás decir hoy...y estoy hecha polvo. No creo que pueda salir de la cama en meses.

-Exagerada- su suave risa me relajó aún más.

Sentí como se acostaba a mi lado y me rodeaba con sus brazos.

-¿Qué canción quieres que te cante hoy?

-Mmmm-el sueño me impedía hablar, prácticamente- la que quieras...

No contestó. Y mientras acariciaba mi pelo con dulzura, comenzó a tararear “Human Nature” hasta que me abandoné a la inconsciencia del sueño.

Y allí estaba él, de nuevo. Pensé que por fin su recuerdo, o lo que fuese, iba a dejar de acosarme cada noche, pero me equivocaba.

Matt, aquel extraño chico misterioso, se encontraba caminando al lado de la que suponía que debía de ser yo, por la calle, tranquilamente, como cualquier pareja. Les escuché reírse, pues me hallaba a escasos metros por detrás de ellos. Aceleré en paso para escuchar de qué hablaban.

-¿Recuerdas cuando me dijiste que me querías?-preguntó Matt.

-Cómo olvidarlo-me escuché responder- Después de tomarnos las uvas, en Nochevieja, con unas copas encima de más y delante de toda tu familia.

-Estabas taaan graciosa-cometó él mientras se reía.

-Lo que tú digas listillo, pero lo realmente gracioso fue ver la cara que se te quedó. ¡Estabas rojo como un tomate!

Mi doble empujó a Matt cariñosamente. Él continuó hablando.

-Lo que si que recuerdo bien era la canción que sonaba de Michael de fondo. “Human Nature”

-Sí, me encanta esa canción. Además, a veces tengo la sensación de que el propio Michael me la cantó alguna vez.

-Ja ja ja, qué graciosa. Ojalá Isa. Ojalá hubieses tenido la oportunidad de conocerle. Era una persona tan mágica...

-Qué suerte que tuviste tú de conocerle. Ahora para mí ya es tarde.

Ella empezó a llorar. Y yo también, como si de un acto reflejo se tratase.

Y de nuevo, me desperté ahogando un grito y bañada en sudor.

¿Hasta cuando? ¿Hasta cuándo iba a atosigarme el recuerdo de una persona que no conocía? ¿Qué demonios estaba ocurriendo?


miércoles, 17 de noviembre de 2010

Capítulo 71.


Sólo me hizo falta una mirada. Una mirada para darme cuenta de que él era la persona a la que amaba, la persona que siempre había formado parte de mí, aún muchas veces sin yo saberlo. Todo lo que pudiese querer o necesitar se encontraba a unos pocos centímetros de mi rostro. Sus ojos, su sonrisa, su voz, la perfecta forma de sus labios...Simplemente, él.

-¿Y bien?-preguntó impaciente.

-Sí, claro que quiero.

La sonrisa que esbozó a continuación me dejó literalmente sin habla y sin respiración. Con suma lentitud, se aproximó a mí y rozó levemente sus labios contra los míos. Ninguno quiso concluir ese beso, al contrario, prolongamos el momento inconscientemente. Eso era lo que yo siempre había soñado vivir, esa momento de cuentos de hadas que a lo largo de mi vida había estado buscando constantemente. Finalmente, nos separamos. Michael me contempló unos segundos más antes de echarse a reír.

-¿Qué pasa?-quise saber.

-Me encanta cuando te sonrojas. Es tan adorable...

-Ya deberías haberte acostumbrado.

-Nunca lo haré.-contestó en un susurro casi inaudible.

El tiempo restante de la velada transcurrió entre bromas, risas, besos y sobre todo, con tranquilidad, algo que nos había sido imposible tener en los últimos años. Ni Eric, ni Matt...nadie podía estropear aquella velada.

-Pequeña. Sólo hay un problema. No podemos casarnos de una manera oficial. Ya sabes que mi matrimonio con Lisa continúa, aunque sea sólo por meras apariencias.

-Lo entiendo. Tampoco quiero que lo sepa nadie.

-¿Nadie? ¿Ni siquiera Judith?

Negué con la cabeza rápidamente.

-Podrá sobrevivir a ello. Esto es un asunto entre tú y yo.

-¿Nadie? ¿Ni siquiera un cura o un matrimonio rápido en las vegas?-preguntó el con incredulidad.

-No. Nadie de nadie.

-¿Testigos?

Me eché a reír ante su insistencia.

-No, Michael. Tú y yo. ¿Qué hay más oficial que eso?

Le lancé una mirada llena de significado, a la espera de que lo comprendiera. Tras unos segundos, abrió la boca con sorpresa.

-Ah! Ya entiendo. ¿Cuándo te viene bien?

-Pues espera que mire mi agenda.

Simulé hojear un cuaderno inexistente, con gesto de concentración.

-Vaya...tengo muy pocos huecos libres. Veamos...Ah, sí. Mira, tengo uno dentro de 5 minutos, en la habitación.

Él se echó a reír ante mi absurda ocurrencia.

-Pues vamos entonces, antes de que se nos haga demasiado tarde.

Me tomó de la mano para ayudar a levantarme y abandonamos el restaurante.

-¿Prefieres subir en ascensor o subir por las escaleras?-preguntó Michael con inocencia.

-Ascensor, gracias. Ya he tenido bastante para bajar, no quiero ni imaginarme como debe de ser subir tantos pisos.

Al cabo de unos minutos, entramos en la habitación. Dejé el bolso sobre la cama y salí al balcón. Michael acudió a mi encuentro segundos después.

-No está mal el sitio que has escogido- comentó mientras miraba el paisaje.

Era ya de noche, el cielo se encontraba salpicado por montones de pequeñas estrellas, cada cual más reluciente. A lo lejos, se apreciaba el templo de Zeus, perfectamente iluminado. Y el ruido procendente de los grillos al cantar terminaban de hacer perfectos aquellos metros cuadrados.
Aspiré aire una vez más con lentitud y me giré hacia Michael.

-¿Cómo lo hacemos?

-De la manera que nos es más cómoda. Siendo nosotros mismos.-contesté.

Él sonrió y volvió a sacar la pequeña sortija de sus pantalones. Tendí mi mano y el colocó el anillo en mi dedo anular, que se deslizó con el más perfecto de los movimientos hasta el lugar donde siempre había pertenecido. Anillo y dedo, 2 piezas de un puzzle que estaban deseando encajar como en ese momento.

-Yo, Michael Joseph Jackson, te tomo a tí por...

No pude evitarlo. Comencé a reírme. Él me miró molesto.

-Así no se puede, Isa. No es serio.

-No tiene por qué serlo-le contesté.- Sólo sincero. Además, estoy segura de que no te sabes el texto completo.

Él elevó las comisuras de sus labios, sonrojándose levemente.

-¡Cómo me conoces!

Después de ese momento, rompimos a reír.

-¡Vamos Mike! Seriedad.

-Sí, sí...bueno, vamos allá de nuevo.

Rozó el anillo con la yema de sus dedos e incrustó sus penetrantes ojos oscuros en los míos. Sólo cuando me miraba de esa manera, me olvidaba hasta de mi propia existencia.

-Sólo puedo decir...-murmuró-que te querré siempre.

Acto seguido, se inclinó para besar el anillo y dejo caer mi mano con suavidad.

-Yo no he podido comprar un anillo, pero tengo éste-susurré.

Entré unos segundos en la habitación para abrir mi maleta. Rebusqué y rebusqué hasta encontrar lo que deseaba: un anillo que mi abuelo me había dado antes de fallecer como recuerdo. Lo aferré con fuerza unos segundos antes de volver a salir al balcón. Michael me esperaba allí, mirándome sorprendido.

-¿El anillo de tu abuelo? Eso es demasiado. No sé si puedo...

-Claro que puedes. Era de la persona a la que más quería, y estoy segura de que está de acuerdo en que ahora te pertenece a tí.

Él sonrió con ternura mientras colocaba el anillo en el dedo correspondiente. Tomé su mano y le contemplé de la misma manera que había hecho él momentos antes, pero estaba segura de que no me había quedado igual, sin duda.

-¿Algo que decir, aparte de que eres una patosa sin remedio y una enana que no crece nunca?-preguntó Michael, suavizando así el momento.

-Sí-contesté- que te querré hasta el final

Y me incliné sobre él para besarle, sellando así la más pura de las promesas. Y en aquella ocasión, sería para siempre.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Una breve pausa.


Mis niñas, os agradezco de veras que hayáis ayudado a mi historia a obtener votos en estas nuevas nominaciones. Sin embargo, tengo que deciros que he abandonado el certamen. Aquí os dejo el mensaje que he dejado en http://www.mjpremiacionfan-fics.blogspot.com/, aclarando los motivos:

" Susie, te agradezco muchísimo que hayas elegido mi historia para que sea nominada a estos premios...pero sin embargo, voy a pedirte que me elimines de todas las categorías.

¿El por qué? Sencillamente, yo escribo para honrar la memoria del hombre que ha cambiado mi vida, no a cambio de conseguir reconocimiento. Además, cada historia es un mundo, cada una mágica, cada una hace sentir de mil maneras diferentes...y por eso no quiero optar a ningún premio.

Me gusta como está, con mis lectores de siempre y sus comentarios motivadores, no necesito nada más, ya que para mí,tener premios no significa que sea mejor o peor.

Te pido disculpas por las molestias que esto de pueda ocasionar...pero creo que ya tengo todo lo que puedo merecer: a él, que va a estar siempre en mi corazón. Eso es lo único que importa.

¡Saludos!"

Sólo quería que lo supieseis... También quería compartir mi opinión con vosotras, ya que os habéis convertido en parte de mí, de esta historia que estoy construyendo poco a poco gracias a vuestro apoyo incondicional desde el principio, y que espero que así siga siendo.

¡Muchísimas gracias por todo, de verdad!

PD: Mañana o pasado intentaré subir el capítulo 71 :D

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Capítulo 70.


“Michael...¿Por qué no me respondes?” Eso es lo que me hubiese gustado preguntarle en ese momento, pero al verle desviar la llamada y contemplar el mar con gesto ausente, las palabras se quedaron atascadas en mi garganta.
Antes si quiera de darme cuenta, la sangre se agolpó bajo mis oídos, provocando que escuchara con más intensidad los latidos de mi corazón, que aumentaban su ritmo a medida que Michael se demoraba más en darme una contestación.

Con un esfuerzo hercúleo por mi parte, por fin decidí romper el silencio.

-Michael...

-Isa...-me interrumpió él...-no puedo contestarte.

-¿Por qué? ¿Tan malo es que te diga cuánto te quiero? ¿Es acaso demasiado pedir que me digas que tú también me quieres?

Percibí como aferraba los dedos de sus manos con fuerza en la barandilla del balcón.

-No puedo permitirte que me ames...ni yo permitírmelo a mí mismo.

No sentí mi cuerpo de cuello hacia debajo. ¿Qué demonios estaba diciendo? Hacía unas horas me estaba diciendo cuanto me quería, y ahora se excusaba diciendo que no podía dejar que mis sentimientos fuesen los mismos. Comenzaron a escocerme los ojos, como siempre que estaba a punto de echarme a llorar.
Aún así, reuní toda la dignidad que me fue posible en ese momento para comportarme como una joven racional, sensata y madura.

-Bien...¿Para qué me has traído entonces aquí?

Él me contempló por unos instantes con una expresión que no supe descifrar, antes de volver a retornar su mirada al mar.

-Para ayudarte a superar la pérdida de tu mejor amigo, para que pudiésemos recuperar nuestra amistad...y para decirte...que por mucho que me duela...no podemos seguir juntos.

-¿Qué?

-Soy consciente de que seguramente no lo entiendas....

-Mira Michael, ahí te doy la razón. No tengo ni la más mínima idea de qué está pasando- la sangre me hervía bajo la piel, sentía el veneno de mis propias palabras en mi lengua- Pero...¿Sabes qué? Ya no tengo fuerzas para intentar comprenderte. Llevo 6 años intentando hacerlo para no perderte, y aún así, siempre nos hemos tenido que separar. Ah, y otra cosa más...

Lo que más me enervó sin duda fue el hecho de que no me miró ni un sólo segundo mientras le decía todas aquellas palabras. Simplemente se limitó a asentir con la cabeza.

-No comprendo esa forma de amar que tienes.

Entonces sí que me miró, con los ojos abiertos como platos, expresando una gran incredulidad.

-No me mires así-continué-durante todos estos años, me has estado diciendo que el amor es lo que mueve el mundo, el único arma que el ser humano tiene para salvarlo...y sin embargo, siempre que te digo que te quiero, pretendes alejarme de ti. ¿Es que acaso quieres acabar sólo?

Michael se dio la vuelta y caminó un par de pasos hacia mí, intentando recortar las distancias entre nosotros, pero yo estaba demasiado dolida, así que repetí su movimiento, pero caminando hacia detrás.

-Isa...-comenzó- Precisamente porque te quiero, trato de alejarte de mí. No puedo permitirte que cargues con todo el dolor que llevo acumulado desde hace años. Te quiero, y por eso intento darte lo mejor de mí, en todo momento. No puedo amarte honestamente si te hago cargar con un dolor con el que apenas puedo yo.

Tras decir aquello, sus ojos comenzaron a brillar. Rápidamente me acerqué a él y presioné la palma de mi mano contra su mejilla, intentando consolarlo.

-¿Por qué, Michael? A mí no me importa ayudarte a llevar esa carga.

Él negó con la cabeza.

-Si el dolor que llevo conmigo es tan grande que no puedo enfrentarlo ni yo mismo, nadie puede hacerlo. A mí, nadie me puede salvar.

Esas palabras me acuchillaron en lo más profundo de mi pecho, haciéndome recordar cosas que hubiese preferido que siguieran olvidadas. Prensa, Paparazzis, Jordie Chandler, Gavin Arvizo, Martin Bashir...Conrad Murray.
Un 25 de Junio, medio planeta llorando su pérdida. Juicios, envidias, rencores....si todo aquello suponía demasiada carga para mí, no quería ni imaginarme lo que debía suponer para Michael.

-No pienso marcharme-murmuré al fin.-Tanto si me quieres a tu lado como si no, no pienso abandonarte. Respeto que no quieras compartir tu dolor, pero al menos déjame ser la persona que te levante si llegas a caerte. Nada más.

Él me contempló indeciso, con la duda abriéndose paso entre su mirada.

-No sé si debería.

-Ya lo creo que sí-contesté haciendo un esfuerzo por sonreír- Has puesto mi mundo patas arriba, lo menos que puedes hacer es dejarme seguir a tu lado. Tranquilo, no te obligaré a que te cases conmigo, lo prometo.

Tras esa frase, no le quedó más remedio que romper a reír.

-Mira que eres boba-comentó con sorna mientras arropaba mi cuerpo con el suyo en un tierno abrazo.

-Por eso me quieres, aunque no me lo digas-contesté.

-Sí, por eso te quiero.

Permanecimos en silencio durante algunos minutos más, dejando de ese modo aquella conversación atrás. Fue él quien rompió la quietud del momento.

-¿Me permitirás al menos invitarte a cenar esta noche? Ahora tengo que arreglar algunos asuntos...

-¿Más sorpresas?-vaticiné

-Unas cuantas más, sí.

-En ese caso, vale.-respondí.

-Bien, quedamos en...5 horas en el hall, de acuerdo?

Asentí. Michael se despidió de mí con un tierno beso antes de salir de la habitación.

El resto de la tarde lo dediqué por completo a mí misma: a dormir, a darme un baño relajante con más de mil jabones y piedras aromatizantes, a maquillarme, a vestirme...cuando hube terminado conmigo, al mirarme en el espejo me costó reconocerme.
No reconocía a aquella muchacha de ojos despiertos, mejillas sonrosadas, y pelo sedoso y ondulado. Había sustituido a la chica pálida y ojerosa de días anteriores. “Y aún así...-pensé para mis adentros- y aún así...me quiere” Sonreí con ganas ante ese pensamiento, me calcé, cogí el bolso, y bajé de dos en dos las escaleras de los 25 pisos hasta llegar al hall principal.
Por supuesto, llegué agotada, despeinada, con los pies doloridos, y con el maquillaje mal esparcido por todo mi rostro. Michael ya estaba allí. Al ver mi recién estrenado cambio de look comenzó a reírse con suavidad.

-Estás preciosa-comentó entre risas.

-Sí, llevo un estilo muy casual, ¿No te parece?

-Es muy propio de ti. Me gusta.

Me cogió de la mano y nos adentramos en uno de los restaurantes de hotel. Al llegar a una de las mesas, me ofreció asiento, como siempre hacía. Le dí las gracias e hice ademán de coger la carta para echar un vistazo a la comida, pero no me soltó la mano.

-¿Qué pasa?-pregunté.

-Mira Isa, hay algo que quiero decirte...

Aguardé, a la espera.

-¿Recuerdas lo que me has dicho esta mañana? ¿Que al menos te dejase que me acompañaras?

-Sí.

-Bien. Lo he estado pensando...pero no puedo aceptarlo.

La sangre abandonó mi rostro en cuestión de segundos.

-¿Por qué?

-No puedo aceptarlo...si no hay algo que lo haga oficial.

-Michael...¿Qué...?

Dejé de intentar terminar la frase, pues me quedé muda de asombro cuando le vi sacar una pequeña caja de terciopelo y abrirla con los dedos con sumo cuidado, dejando entrever una pequeña sortija plateada.

-No quería que fuese llamativa-dijo él derritiéndome con su mirada- Quería que fuese algo sencilla. Como lo eres tú. Así es como lo quiero.

Me obligué a mi misma a coger aire si no quería suicidarme yo sola por el hecho de que se me olvidase el acto de respirar.

Michael titubeó.

-Mira...no sé muy bien cómo va esto...así que lo diré como creo que tú lo prefieres, y como a mí me es más sencillo proponértelo.

Transcurrieron uno, dos, tres, siete segundos...

-¿Quieres casarte conmigo?-preguntó finalmente


Capítulo 69.


-¿Grecia?-pregunté minutos después, al desatarme la venda, perpleja tras echar un rápido vistazo a los billetes que sostenía Michael en la mano. Él la retiró con rápidez y endureció el gesto.
-Tramposa...

-Yo no hago trampas, es culpa tuya si dejas esos billetes a mi vista, y más con lo cotilla que soy.

Sonreí con suficiencia al percibir mi victoria ante mi lógica aplastante. Él, derrotado, finalmente esbozó una de sus sonrisas.

-Como quieras pequeña curiosa. Pero te puedo asegurar que no te vas a enterar de nada más.

Desde hacía años para nosotros, nos era imposible por las razones obvias coger un avión con más pasajeros, así que no me sorprendí cuando descendimos a la pista de despegue para subir a uno de sus flamantes Jets privados. Sonreí con ilusión.

-¿En este también hay uno de esos magníficos ajedrez de gominolas?

Michael correspondió a mi sonrisa mientras se echaba a un lado, como todo caballero, para cederme el paso.

-Por supuesto. No me iba a olvidar de cuánto te gusta hacer trampas.

-Bla, bla, bla...el caso es quejarse.

El viaje en el avión transcurrió rápidamente para mí, como si el tiempo avanzase como si de difusos borrones de colores y movimientos se tratase, a pesar de los miles de kilómetros que nos aguardaban por delante. Quizás era por tener a Michael a mi lado en todo momento, sujetando mi mano entre las suyas, y susurrándome pequeñas frases de sus canciones, como si únicamente hubiesen estado escritas para mí. Yo no hacía más que escucharle ensimismada, pues a pesar de los años que había vivido a su lado, seguía sin comprender cómo un ser tan perfecto como lo era él, me quería a mí como su compañera, su amiga, su pareja.
No había nada en mí capaz de retenerle, y aún así, ahí estaba él, envolviéndome con las miradas más dulces que jamás hubiese podido imaginar.

El Jet tomó tierra en la majestuosa Atenas, uno de los lugares más significativos para mí, protagonista de tantos y tantos poemas, escritos y mitos. Al igual que en Egipto, pisar esas tierras trajo consigo una sensación de una relajación completa, como si una parte de mí perteneciese a ese lugar, como si al fin estuviese en casa.

-¿Siempre ocurre esto?- pregunté a Michael mientras me ayudaba a descender por la escalera del avión.

-¿El qué?

-Llegar a un determinado lugar...y sentir que tu sitio está aquí, al lado del mar, la historia y los recuerdos.

Él tomó aire y lo dejó salir con lentitud.

-Dicen que cuando nos sentimos así es porque ya hemos estado en esos lugares anteriormente, inconscientemente o no.

-¿A tí te sucede a menudo?

-Desde que te conozco. Constantemente tengo una sensación parecida, como si realmente te hubiese conocido por una razón en concreto, y que estás aquí para advertirme.

Frené mis pasos en seco, nuevamente sorprendida por su suspicacia.

-¿Pasa algo?- preguntó.

-No, nada. Sólo que juraría que ya me has dicho eso antes.

-Sí, es posible...Bueno, ¿Vienes? Aún te queda lo mejor por ver.

-Dudo que puedas sorprenderme ya- comenté con una media sonrisa.

Michael se giró y me agarró de la mano con súbito entusiasmo.

-Eso suena a reto. Anda, vamos.

No añadí nada más. En el fondo, y para ser sincera, me encantaba que me sorprendiese a cada instante, pues jamás dejaba de hacerlo, aunque nunca le diese la satisfacción de reconocérselo.
En un lado de la pista, nos esperaba un flamante coche negro con cristales tintados. Eso me apenó en cierto modo, ya que no podría admirar el paisaje en todo su esplendor. Aún así, la sonrisa no desapareció de mi rostro.

Durante el camino, Michael habló sin cesar sobre su fascinación acerca de la cultura griega, según él, una de sus favoritas.

-...Sobretodo el concepto del amor que tenían-continuó él entusiasmado.

-¿Por qué? Todas las grandes historias de amor griegas terminan en tragedia.-respondí con el ceño fruncido.

-Precisamente por eso. Vivir un amor peligroso, prohibido, hasta el punto de llegar a perder a la persona que amas con tal de pasar a su lado un par de segundos más.

-Pero mira que eres fatalista a veces-me jacté dejando escapar un suspiro- entre esto, y lo de las momias...

Se echó a reir con ganas y me removió el pelo con dulzura.

-Campanilla-dijo-algún día comprenderás lo complicado que es el amor.

Le miré atónita. ¿Cómo podía poner en duda mis conocimientos sobre el amor? ¿Insinuaba que no lo había conocido? ¡Había puesto mi mundo del revés por él! Cuando estaba a punto de abrir la boca para reprocharle, el vehículo redujo la velocidad, hasta detenerse enfrente de un hotel de dimensiones desproporcionadas, un hotel más grande de lo que yo creí haber visto jamás. Abrí la boca de par en par, y si lo estáis pensando...no, no fui capaz de cerrarla. Al contemplar mi expresión Michael sonrió con suficiencia, y nuevamente me tendió la mano.

-¿Me acompañas?

-No me lo digas-murmuré con un hilo de voz- nuestra habitación es una suite.

-Acertaste.

Subí al ático prácticamente empujada por Michael, pues yo era incapaz de salir de mi asombro. Aquel sitio era mucho más hermoso de lo que me había esperado, sin duda. Y al llegar a las puertas dobles de la suite, Michael me tapó los ojos con sus manos. Me estremecí, temerosa de que una de esas visiones me abordara de nuevo, pero gracias a Dios, no pasó nada. Él abrió la puerta y guió nuestros pasos hacia lo que yo supuse que era el balcón, pues percibí como una suave brisa de aire acariciaba mi rostro.

-¿Preparada?- preguntó él.

-Siempre.

Y sin más preámbulos, liberó mis ojos de sus manos, y pude contemplar extasiada la belleza que se hallaba entre nosotros:
El imponente y grandioso templo de Zeus se habllaba a unos 500 metros del balcón, dotanto al entorno de una nobleza inigualable. Y a mi derecha, el más cristalino y diáfano mar. Un aroma salado nos envolvía, a la vez que el viento mecía nuestros cabellos como al son de una canción, lenta y melodiosa.

-Michael...esto es..sencillamente precioso.

-¿Te gusta?

-¿Estás de broma? ¡Esta es la novena maravilla del mundo!

-Querrás decir la octava...-me corrigió.

Negué con la cabeza.

-No, la novena. La primera de todas eres tú.

Él sonrió con dulzura e hizo rotar mi cuerpo con suavidad, para que así nuestras miradas se encontraran. Con una caricia, y el más suave de los movimientos, presionó sus labios con los míos, con la dulzura que siempre me enloquecía. Era todo tan perfecto, que hasta me pareció que la brisa aumentó su velocidad a la vez que él alargaba la duración del beso. Luego, demasiado pronto para mí, se separó.

-Te quiero, Michael.-susurré esbozando inconscientemente la más grande mis sonrisas.

Pero él, en cambio...no respondió.