domingo, 28 de agosto de 2011

Happy Birthay Mike...


FELIZ CUMPLEAÑOS.
29/08/1958 17:06

Katherine acaba de concebir su séptimo hijo, la alegría desborda en la familia, evidentemente.
Desde el primer instante en que Kate tiene a Michael en sus brazos, siente algo, un "algo" que ahora mismo, todos extrañamos...

29/08/2011 00:13 am

El 90% de habitantes de la Tierra, felicitan a Mike en las memorias, recordándole como el mejor.
Pero él no está, se lo han llevado, y no se ha podido despedir.
En estos momentos, James Brown, felicita a Michael, le da un sustillo, pero Mike se ríe al momento, y le deleita con esa sonrisa, su sonrisa.
Seguido de James, viene Liz Taylor, con un paquete, envuelto en papel rojo, de unas dimensiones brutales, Mike vuelve a sonreír, y da las gracias a Elizabeth, pero la sonrisa va desapareciendo de su rostro, le falta algo, le falta que sus fans no le hayan despertado a las ocho de la mañana exclamando "Happy Birthday, Mike!", le extraña que sus hijos y familiares no hayan entrado en su habitación para felicitarlo, nos extraña.

Egoístamente, mi corazón te ansía aquí conmigo, con todos nosotros, en la Tierra.
Pero, por otro lado, me dice mi mente, que ahora, ahora es cuando puedes descansar, que allí, donde estás, puedes ser Peter Pan.
Pero aún así, me sigo preguntando, ¿por qué se hacen hoy homenajes y se recuerdan tus memorias?, ¿Por qué? si ahora mismo tendrías que estar nervioso por el concierto de esta tarde...

Te has ido, y ya nada puede hacer que vuelvas, pero sé que estás conmigo. Y que algún día, no sólo en mis sueños, si no en la pura realidad, podrás susurrarme al oído "You are not alone"... Eso me hace feliz.

Te quiero, Mike, y lo sabes. ♥

sábado, 20 de agosto de 2011

Capítulo 92 :)


Total, que el resto de la tarde la pasé metida en mi habitación en compañía de Janet, que por supuesto me mantenía entretenida con sus fascinantes charlas acerca de… Cucarachas.

-¿Y a qué no sabes que mas?-anunció petulante.

-¿Qué?

-¿Sabes que si las cucarachas se extinguieran se moriría el planeta? Porque se rompería la cadena alimenticia. ¿No es fascinante?

Por 8467284 vez en lo que iba de tarde, puse los ojos en blancos y observé como una radiante sonrisa atravesaba su rostro de lado a lado. Miré al techo y pregunté para mis adentros el por qué Janet tenía que estar torturándome con aquella conversación digna de los documentales del National Geographic.

Adoraba a la más pequeña de los Jackson, de verdad, pero en aquellos momentos en los que mi mente estaba algo alejada del lugar de la conversación (Concretamente a dos pisos y unos cuantos pasillos), me daban ganas de, como poco, ponerle un buen pedazo de esparadrapo en la boca.

En un momento en el que Janet seguía de monólogo y yo meditaba sobre las mil maneras de deshacerme de ella (Con cariño, claro está), la puerta de la habitación se abrió dejando pasar a mi milagro personal, que tras observar la escena que había ante sus ojos un par de segundos, soltó una leve carcajada.

-Janet, No estarás aburriendo a Isa con uno de tus discursos naturalistas, ¿Verdad?

Ella en cambio, le mostró su sonrisa más inocente.

-Para nada. Sólo le estaba haciendo saber lo importante que era la existencia de los insectos en este planeta, sobre todo el de las cucarachas. ¿Te he contado que si se extinguieran…?

-¡Si, sí…!-contestamos Michael y yo divertidos mientras la levantábamos de la cama y la llevábamos muy gentilmente hacia la puerta.

-Vale vale, ya me voy. Pero que sepas, hermanito, que si le he contado todo esto era para que se quitara el absurdo ataque de celos que le ha entrado a tu novia cuando te ha visto ensayar con una bailarina.

Genial. Miré a mi alrededor en busca de cualquier objeto cortante que me sirviese para matar a Janet, pero la mirada acusadora de Michael me detuvo en mi intento a mitad de camino.

-¿Has salido de la habitación?

Una mueca de disgusto ensombreció sus facciones.

-Yo… Lo siento Mike, pero no aguantaba ni un segundo más metida en esta habitación. Necesitaba caminar algo más de 10 pasos diarios.

-¿Hay algo que falta aquí? Dime lo que quieres y lo tendrás-contestó preocupado mientras apoyaba una de sus manos sobre mi mejilla.

-No, no. Todo está bien, de verdad. Es sólo que desde hace un par de semanas apenas te veo, y el resto del día me siento… sola.

Bajé la cabeza, rompiendo así como se rompía el contacto visual. Escuché también el ruido que produjo Janet al salir de la habitación y cerrar la puerta tras su paso, y la respiración regular y acompasada de Michael, que no tardo en rodearme con sus brazos. Por muchos celos que me corroyesen por dentro, jamás podría negarme a uno de sus abrazos, así que me di la vuelta y me acomodé sobre su pecho. ¿Era justo que oliese tan bien? ¿Qué siempre su cuerpo me proporcionarse esa temperatura tan idónea, ni gelidez ni un calor abrasante?

-Lo siento-dijo.- Todo esto del concierto me tiene completamente absorbido. Quiero que sea perfecto y soy consciente de que dedico más tiempo del necesario a ensayar. Pero eso no quita que no me preocupe por nuestro hijo y que no me haga feliz que salgas de la habitación a darte paseos y más en tu estado, a 2 meses de dar a luz. Trata de entenderlo.

Gruñí fastidiada, pero el sonido quedó amortigüado por su camisa roja. Él rió con suavidad y me separó, mirándome divertido.

-Además… ¿Qué es eso de que estás celosa?

Y de pronto, todo mi mal genio apareció de nuevo. ¿Cómo lo había dejado pasar por alto? Me senté en uno de los colchones y asesiné a Michael con la mirada.

-Es normal, ¿No?

-Pues no, no lo es. Carla sólo es una bailarina.

-¿Y en el contrato de trabajo está estipulado que tienes que darla masajes?-reproché fastidiada.

Él enarcó una de sus cejas y esbozó su clásica sonrisa torcida, dejándome casi al instante sin sentido.

-Bueno, le dio un tirón en el hombro y como artista responsable que soy de ella, consideré que era lo menos que podía hacer. Pero si tienes algo en contra de mis masajes, estaré encantado en escucharlo.

Se arrodilló y avanzó hasta a mí, eliminando la distancia entre nosotros. Con sus labios empezó a besar cada centímetro de mi cuello, mientras su dulce respiración agitaba todos mis sentidos. Saqué las únicas fuerzas que me quedaban para alejarme de él, que volvió a sonreír.

-Si pretendes evitarme, te apuesto lo que quieras a que no llegarás a salir de la habitación antes de que haya acabado contigo-anunció.

-Bueno, siempre podrás contar con tu sexy bailarina con un planísimo vientre y cuerpo de infarto llamada Carla.

Michael se echó a reír mientras le fulminaba por decimo quinta vez desde que había sacado el tema de los celos.

-Adoro cuando te pones celosa, ¿Te lo he dicho?

-Sí, debe ser algo digno de diversión.

No me di cuenta. Me despisté un par de segundos y en cuanto me quise dar cuenta Michael me tumbó con suavidad sobre los colchones.

-De aquí no te mueves-susurró mientras incrustaba sus ojos negros en mis labios.

-¿No tengo elección?

-Mmmm, no. Bueno sí. Tienes dos. La primera es desenfadarte. Y la segunda… Desenfadarte también.

Medité un par de segundos.

-¿Y si no quiero?

-En ese caso…-sonrió- me encargaré de que lo hagas.
Y selló sus palabras con un tierno beso. Y sí… Tras 3 horas después… Creerme que ya no tenía motivos para continuar enfadada.

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¡Adoro esto! :) Tengo muchísimas ganas de publicar el final de la historia y poder oír vuestras opiniones!! A partir de ahora me encantaría notaros más presentes que nunca :) No dejéis de opinar, de criticar... lo que queráis!! Al fin y al cabo, esto es para vosotr@s!! Un beso muy grande, os adoro!!!! ♥

viernes, 12 de agosto de 2011

Capítulo 91.


Definitivamente, la perspectiva de pasar todo el tiempo del mundo con Michael tumbada en una cama no se me hizo tan desagradable. Y menos aún cuando al regresar a Neverland, Michael dispuso la habitación más grande que tenía para mí, cubrió cada centímetro del suelo con los colchones más confortables que jamás había probado y dotó a cada pequeño espacio con su toque personal: figuras de Disney por todas partes, un enorme estante con las mejores películas… Hasta nuestro propio mini bar, que estaba completamente surtido con chocolates, gominolas…

Aquello se acercaba bastante a mi concepto de paraíso. Michael y yo nos pasábamos todo el día tirados en los colchones, haciendo mil y una cosas: Guerras de almohadas, ver películas hasta más allá de media noche, grandes festines de dulces a cualquier hora del día, charlas a veces amenas y divertidas y otras veces más profundas de lo que yo misma recordaba haber tenido jamás… Los días eran muy cortos para aprovechar esos momentos y las noches no lo bastante largas para disfrutar cada beso y cada caricia que él me regalaba. Tras 4 meses de embarazo, empecé a replantearme que podría pasarme la vida así, únicamente con él y una habitación llena de colchones.

Aunque desde hacía un par de semanas Michael estaba bastante ocupado y únicamente venía a verme por las noches. A mí únicamente me decía que estaba preparando un gran concierto en el Madisson Square Garden y que quería que saliese perfecto. Como ya conocía ese afán de perfeccionismo suyo, tampoco lo cuestioné. Él amaba actuar, y yo adoraba verle sobre un escenario. ¿Cuál era el problema?

La mañana del 7 de Septiembre me desperté como todos los días, sobre las 9 de la mañana. Siempre me encantaba dormir hasta la hora de comer, pero desde hacía meses aquello se había acabado. Me despertaba pronto y me entraba el sueño también pronto, por lo que muchas veces cuando Michael llegaba de madrugada ya me encontraba dormida.

Miré a mi alrededor buscando a Michael con la mirada, pero lo único que encontré a mi lado fue una pequeña nota. La desdoblé y leí lo que ponía.

“Pequeña, estoy en el salón de baile ensayando. Concierto dentro de 3 días, ya sabes. Cuando termine subiré a verte. Te quiero”

Suspiré de mala gana. Ese día me había levantado con muchas ganas de estar con él y se me había fastidiado el plan antes si quiera de tener conciencia de que día era. Como esa mañana no tenía ningún mareo y me encontraba relativamente bien, decidí ignorar el desayuno que estaba servido sobre el mini bar y bajar yo misma a la cocina a prepararme algo. Necesitaba estirar las piernas, al fin y al cabo todo no era ir de la ducha a la cama y de la cama a la ducha. Como siguiese así se me iba a olvidar hasta el como se caminaba.

Descendí las escaleras con sumo cuidado de no caerme, pues aún estaba medio adormilada. Doblé la esquina para llegar a la cocina y cual fue mi sorpresa cuando me encontré a una chica morena preparándose algo de comer con toda naturalidad. La examiné más detenidamente, pues ella aún no se había percatado de mi presencia. ¿Quién era? Sólo por su físico deduje que alguna modelo, eso sin duda. ¿Pero que hacía una chica como aquella en mi casa?

-Ejem…-carraspeé, haciendo que me viese y diese un pequeño salto hacia atrás, sobresaltada- Disculpa… ¿Te conozco?

Ella aún tardó un par de segundos en reaccionar, acercándose a mí y estrechándome la mano con una amplia sonrisa.

-Oh, siento no haberme presentado, no te había visto. Bueno no sé si te dijo Michael… Soy una de las bailarinas que participarán en el concierto del día 10. Estábamos ensayando y me dio una bajada de azúcar, así que me ofreció venir a la cocina y prepararme algo para que me recuperase pronto. Espero que no te importe.

-No, claro que no. Encantada de conocerte…

-Carla.

-Un placer Carla- sonreí.

Nos quedamos unos minutos en silencio. Yo la verdad es que tantos meses con la única compañía de Michael habían limado bastante mi capacidad de conversación con las mujeres, y más aún si eran tan despampanantes. En cuanto me di cuenta de que los celos me estaban abordando, me recordé a mí misma que debía respirar y contar hasta tres, aparte de procurar no sacar las cosas de quicio.

Cuando Carla terminó de desayunar, se dirigió al estudio de baile.

-¿Vienes?- preguntó antes de entrar por la puerta

-Esto… no, no. Gracias.- (¿Gracias?¿Por qué le daba las gracias? ¡Ni que aquella fuese su casa!)- debería descansar un poco, ya sabes, no caminar tanto. Espero que os salga bien el ensayo.

-Gracias.

Se despidió con una sonrisa y se metió en el estudio. Al cabo de unos minutos, comenzó a sonar “The way you make me feel”, por lo que supe que el ensayo se había retomado.

Dicen que la curiosidad mató al gato. Debería haberme aplicado el cuento y marcharme, pero no. Me quedé allí, mirando a través de una pequeña ventana a ver qué sucedía. Bueno, allí estaba Michael, tan guapo y perfecto como siempre, practicando sus clásicos movimientos de baile. Hasta ahí todo normal.

Hasta que llegó Carla. Yo sabía que Michael cada vez que cantaba una canción tenía que creerse la letra e interpretarla con sus bailarines. ¿Pero eran necesarias todas aquellas caricias, miradas y sonrisas? Cuando terminó la canción pensé en marcharme, pero decidí quedarme un poco más. Graso error, nuevamente.

En el estudio sólo estaban Michael y Carla, charlando animadamente como si de viejos amigos se tratase. Pero en un momento dado vi como ella se puso de espaldas a Michael, se retiraba el pelo, y cómo él la proporcionaba uno de sus fantásticos masajes. Desde luego ella lo estaba disfrutando de lo lindo, no me hizo falta más que ver su cara.

-¿Isa? ¿Qué estás haciendo?

Ahogué un grito y del susto resbalé y caí en el suelo. Lo primero que hice fue protegerme el vientre con las manos. No quería pasar por un susto similar. Una vez que comprobé que lo único que iba a provocarme aquella caída no sería más que un feo cardenal, dirigí una mirada cargada de odio a la persona que había interrumpido mi aventura de espía y que por cierto, casi me mata de un ataque al corazón.

-Janet, cuando recupere la respiración, te mataré. Lo sabes, ¿Verdad? Anda, ayúdame a levantarme.

Y eso hizo. Cuando llegamos a mi habitación, me ayudó a sentarme y se colocó a mi lado, mientras me sonreía con sorna.

-¿Celosa?

-¿Cómo no voy a estarlo? Entre que estoy horrible con todo esto del embarazo, que aparece esa modelo y que encima tu hermano se pone a darle masajes…

Y en vez de consolarme y darme mimos, que era lo que necesitaba, Janet explotó en sonoras carcajadas. Tras fulminarla con la mirada durante unos 5 minutos, al fin habló.

-¡Mira que eres tonta…! Ya sabes cómo es mi hermano con sus shows… ¡Y lo de esta chica es poco! ¡Tendrías que haber visto ensayos anteriores de otros años! Pero no, esta vez estoy segura. Mi hermano está loco por ti. Siempre lo estuvo. Así que deja de montarte películas. Además, el concierto sólo será una noche. ¿Vas a dejar que te amargue una bailarina que sólo compartirá escenario con él apenas unos 4 minutos?

Ésa sin duda, era otra fantástica pregunta.


Capítulo 90.


Me quedé allí, desplomada en el suelo y con medio cuerpo encogido por el dolor, mientras mi mirada ansiosa buscaba a Michael. Janet pareció adivinar mis pensamientos y sacó su teléfono móvil de uno de sus bolsillos. Un nuevo ramalazo de dolor volvió a azotar mi vientre, provocando que un nuevo grito brotase de mis labios. Todo a mi alrededor comenzó a darme vueltas y supe que era cuestión de tiempo que perdiese la consciencia.

-Isa, ¡Aguanta un poco más! Michael acaba de llamar al chófer, te llevaremos directamente al hospital.

El dolor envolvía cada centímetro de mi piel, por lo que a penas recuerdo si respondí algo a aquellas palabras. Janet aferró mi mano y con la otra apartó el pelo de mi rostro, que a aquellas alturas ya se encontraba bañado en sudor.

En ese momento escuché unos pasos. Unos pasos muy rápidos sobre la húmeda hierba, unos pasos que conocía mejor que los míos propios, pues hacía muchos años que era adicta a escucharlos. Michael había llegado. Pero sólo recuerdo como se arrodilló a mi lado y me incorporó con delicadeza para mantenerme entre sus brazos. Instantes después, perdí el conocimiento.

No sé cuanto tiempo estuve inconsciente. Pudieron ser horas, no lo recuerdo con exactitud. Sólo sé que me desperté y que lo primero que vi fue su figura, recostada sobre un sillón. Eché un vistazo a mi alrededor sólo para cerciorarme de que me encontraba en la habitación de un hospital. Michael No pareció darse cuenta de que le observaba, pues se encontraba con la mirada perdida mientras miraba a algún lugar situado entre su cuerpo y la pequeña ventana que se hallaba a unos pocos metros de él. En ese momento me sentí extrañamente fascinada al verle así, sumido en sus pensamientos, abstraído del mundo que nos rodeaba. Era tal la quietud y el silencio que podría jurar que escuché su acompasada respiración.

Quise incorporarme un poco más para poder observarle mejor, pero al hacerlo una punzada de dolor me recorrió por toda la espalda, por lo que no pude evitar dejar que se escapase de mis labios un ligero gemido de dolor. Inmediatamente y muy a mi pesar, Michael salió de sus meditaciones y en cuestión de dos pasos había cruzado la habitación para sentarse a mi lado. No reía, pero no estaba enfadado. Lo supe cuando me sumergí en su mirada azabache, pues en ella me encontré una felicidad completamente imperceptible a los ojos de las demás personas. Posó su mano con suavidad sobre mi mejilla, transmitiendo así el calor de su piel sobre la mía, reconfortándome y haciéndome esbozar una pequeña sonrisa.

-Nunca-susurró, enfatizando cada sílaba- Nunca, nunca, jamás, se te vuelva a ocurrir darme un susto semejante. ¿Me has entendido?

-Sí, papá.

Dejó escapar una suave risa entre sus labios. Evidentemente supe en seguida que no le había pasado nada al niño. Aunque no tuve que esperar a que fuese el propio Michael quien me lo confirmase. Aún así, decidí ser yo la que preguntase.

-¿Cómo está Blanket?

Michael entornó la mirada y me miró confuso.

-¿Cómo lo has llamado…?

Mierda, mierda, mierda, mierda. Genial. Desde luego la capacidad que tenía para meter la pata era innata. ¡Qué estúpida era! ¡Aún quedaban 7 meses para que el niño naciese, y ya me había encargado de comunicarle a su padre el sexo, y para más información, el nombre! Supe que apenas disponía de escasos segundos para inventarme la mejor excusa posible (tratándose de mí, claro está…) Para que Michael no sospechase ni dudase acerca de lo que había dicho.

-Blanket. Me gusta ese apodo. De pequeña siempre me arropaban con una manta durante tooodo el día, y la arrastraba a todas partes. A veces mis padres tenían que pelearse conmigo para poder quitármela hasta en la hora del baño.-Reí en ese momento, pues esa historia sí que era verídica en parte- Fue cuando cumplí 5 años cuando al fin me despojé de la dichosa manta. Y mis padres me llamaron así con cariño durante muchos años. Supongo que el nombre me trae muchos recuerdos.

Observé la expresión inescrutable de Michael mientras rezaba a todos los santos que conocía para que por favor me creyese. Era crucial que él no sospechase nada jamás, sólo de pensar que pudiese enterarse de algo… Eric desde luego no iba a quedarse tan tranquilo.

Finalmente esbozó una tierna sonrisa y se inclinó para darme un pequeño beso en la frente.

-Me gusta ese nombre. Si es un niño, podríamos llamarlo así, ¿Qué te parece?

“Bien. Bravo Isa. Acabas de pegar una buena patada en el trasero al futuro. ¿Qué será lo siguiente que cambiarás?” Pensé para mis adentros.

-Me encantaría, sería un gesto muy honrado por tu parte. Y bien… ¿Cómo está?

-Bueno, afortunadamente no ha pasado nada malo. Todo se ha quedado en un susto. Ya sabes, un amago de aborto. Por lo cual no sé si prefieres que el médico te de la mala noticia o que te la de yo.

-¿Qué mala noticia?

-Pues que como tu embarazo es algo más complicado que los demás, vas a tener que llevar un reposo prácticamente absoluto durante estos 6 meses que quedan.

-Pero Michael… ¿Cómo voy a estar 6 meses en la cama?-Sólo de pensarlo empecé a calcular cuántas películas tendría que ver para mantenerme entretenida.

-Es por el bien del niño, Isa… Además, no estarás tan sola. Yo prometo quedarme contigo todo el rato que pueda.

-¿Y perderte toda la promoción de tu nuevo disco? Sabes que no te dejarán…

Él tapó mi boca con una de sus manos, interrumpiendo mis continuas quejas.

-Tranquila. No te preocupes. Deja que me encargue yo de esas cosas, estoy seguro de que podré estar mucho tiempo más que antes contigo.

-Pero…

-Pero nada. ¿Qué pasa? ¿Ya sólo quieres que te haga compañía por las noches?-preguntó con una sonrisa cargada de picardía.

-Sí. Soy una pervertida, ya lo sabes.

Él volvió a reír, me dio un beso en los labios y agarró mi mano mientras que con su pulgar dibujaba formas imposibles en el dorso. Suspiré. Y supe que aunque fuese postrada en la cama, Michael haría de ese pequeño espacio nuestro paraíso particular. Pues con él, cualquier lugar, era el mejor lugar.