domingo, 24 de abril de 2011

Capítulo 88.


“La pequeña Janet” pensé para mis adentros mientras esbozaba una sonrisa. Hacía muchísimos años que no la veía, y lo poco que habíamos hablado, fue un gran apoyo para mí, sobre todo cuando apareció Lisa, la que sería uno de mis primeros obstáculos.

Michael se levantó y me extendió su mano, para ayudar a levantarme. Yo la cogí y pegué un fuerte tirón, consiguiendo así que él quedase a la altura de mis ojos. Alguien dijo una vez “lo mucho cansa y lo poco aburre”.

Bien, en aquella ocasión no estuve de acuerdo. Podría pasar el resto de mi vida mirándole, maravillándome con cada centímetro de su piel, sumergiéndome en la profundidad de sus ojos azabache, y quedarme allí, atrapada en su mirada, para siempre. Me acerqué un poco más, para sentir su respiración sobre mi rostro. Aunque no pude hacerlo mucho tiempo, ya que Michael prefirió matar la distancia que nos separaba con un beso.

Se lo correspondí de buena gana, rodeando su cuello con mis brazos, y acercándole más, para poder así presionar mi cuerpo con el suyo.

Dejó escapar una risita, y abandonó mis labios para ponerse de pie.

-¿Te han dicho alguna vez que tienes el don de la oportunidad?-comentó mientras sonreía.

-Bah… Te odio-contesté sacándole la lengua.

-Por eso me quieres.

-Que seas el hombre más sexy y atractivo sobre la faz de la tierra, no te hace merecedor de que vayas provocando desmayos por ahí, incluyendo los míos.

Sonrió juguetón.

-¿Sólo desmayos? Humm… La otra noche en mi hotel, creo que te provoqué más que eso.

Noté como mi rostro se teñía de rojo, bajé la cabeza con vergüenza mientras escuchaba como se doblaba de la risa.

-Vete por ahí-contesté bajándome del árbol con torpeza. Él llegó a mi lado en cuestión de un par de segundos, aún riéndose.

-Vamos, llegamos tarde ya.

Me ofreció su mano y yo la cogí como si de un acto reflejo se tratase.
No tardamos en llegar a la casa, allí en las escaleras nos esperaba Janet. Al verme, me observó durante unos segundos, como si estuviese intentando recordar… Y en seguida, me sonrió, de un modo muy parecido al que tenía su hermano. Llegó hacia donde me encontraba dando saltitos, hasta que me sepultó en un gran abrazo.

-¡Isa! ¡Dios mío cuánto tiempo! La última vez que te vi fue hace… hace… ¡Buf! ¡Cuando yo aún era un niña!

Sonreí ante su entusiasmo.

-13 años, creo.

Ella desvió la mirada a su hermano.

-¿Y tú? ¿Dónde la has tenido escondida tantos años sin dejarme verla? ¿Eh? Te parecerá bonito… Privar a tu hermana de ver a su cuñada…

-Calla Janet. ¿Entramos dentro? Hay algo que nos gustaría contarte…

Miré a Michael con la interrogación aflorando en mis ojos. Él me volvió a sonreír, fijándose unos instantes en mi vientre. Supe enseguida a qué se refería.

Una vez en el comedor de la casa, el tiempo pasó prácticamente volando. Janet era una persona… Como decirlo… Mágica. Desprendía una calidez, que hacía sentirme cómoda siempre. Además la relación que tenía con Michael…

Para eso sí que no tenía palabras. Era tal la conexión entre ellos, que realmente llegué a pensar que si uno no estaba, el otro no podría llegar a vivir. Eran parte el uno del otro, no cabía duda alguna.

-Bueno…-Dijo ella en un momento de la conversación- ¿Cuál es esa noticia tan importante que tienes que darme?

-Verás…-contestó Michael dirigiéndome una rápida mirada- Resulta que Isa… Me ha hecho el regalo más grande que podía hacerme. Voy a ser padre… Otra vez, claro.

No la vi venir. Antes de que quisiese darme cuenta, tenía a Janet abrazándome tan fuerte, que pensé que me iba a partir en dos. No paraba de gritar y soltar risas nerviosas.

-Vaya… Qué gran noticia, hijo. ¿Cuándo esperabas decírmelo?

Se hizo el silencio. No conocía esa voz, pero estaba segura de que no podía venir de alguien bueno. Janet, Michael y yo giramos la cabeza casi 180 grados, para toparnos con la penetrante mirada de Joseph Jackson.

-Joseph-susurró Michael- ¿Cómo has entrado?

-¿Acaso necesito permiso para visitar a mi hijo?

-No, claro, pero…

-Así que estás embarazada-comentó taladrándome con la mirada.

No me gustó ni como me habló, ni como me miró. Sus ojos azules estaban fijos en mí, destilando rabia a través de sus pupilas. Ese hombre me causaba terror, desde siempre. Pero por Michael, decidí guardar la compostura, ya que era su padre y ante todo, yo debía de mostrar respeto y educación.

-Así es-contesté devolviéndole la mirada.

-¿Y quién eres tú? ¿Una amiga? ¿Una amante? ¿Una groupie?

Michael entonces se levantó, interponiéndose entre Joseph y yo.

-No voy a permitir que la hables así. No a mi mujer.

Abrí los ojos como platos a causa de la sorpresa. Janet que para ese entonces, seguía sentada encima de mí desde que le había dado la noticia del embarazo, me miró completamente sorprendida.

-¡¿TU MUJER?! ¿Eso desde cuándo?

-Eso no tiene por qué importante. Basta con que sepas que es así desde hace muchos años.Y pienso hacerle público, en cuanto tenga la oportunidad-respondió Michael con frialdad.

En ese momento, Joseph perdió los papeles, cerrando los puños y gritando como un energúmeno.

-¡No permitiré que este matrimonio salga a la luz!, ¿Me has entendido? ¿Dónde tienes la cabeza? Ni siquiera has finalizado con los trámites del divorcio de Debbie…¿ Y pretendes exponer a esta niña? Michael, entérate bien. Ni tu madre ni yo vamos a apoyarlo, no con la educación que de dimos. Y por lo que a mí respecta, no quiero saber nada de esta chica ni del hijo que lleva dentro, no es nada nuestro-finalizó mientras me señalaba con el dedo.

Tras decir aquello, abandonó el comedor, cerrando la puerta tras su paso.

Y sin más, me dejé caer sobre el suelo, y me eché a llorar.

sábado, 23 de abril de 2011

Capítulo 87.


Seguí caminando, hasta que me di cuenta de que Michael no me seguía. Detuve mi marcha, y le busqué con la mirada. Le localicé unos metros por detrás de mí, completamente paralizado.

Regresé hasta donde se encontraba, observándole extrañada.

-¿Qué ocurre?

No me respondió, pues tenía la mirada clavada en un punto fijo. Seguí la dirección de la misma, pero no vi nada capaz de detenerme. Examiné nuevamente a Michael, cuyo dulce semblante se encontraba endurecido y había sido sustituido por la más fría de las expresiones. El ruido de un trueno provocó que me sobresaltara. Alcé la vista y divisé como el cielo comenzaba a cubrirse de nubes. Se avecinaba una buena tormenta.

-Será mejor que nos vayamos- dijo la voz de Michael muy cerca de mi oído.

Volví a mirarle, en busca de alguna respuesta a su reacción anterior, pero de nuevo me topé con su dulce mirada y una de sus sonrisas.

-¿Qué te ha pasado antes?-pregunté- Te has quedado como… En trance, o algo así.

Él se echó a reír ante mi ocurrencia, y despeinó mi cabello con una de sus manos.

-Qué cosas tienes… No me ha pasado nada. Me he quedado en blanco, eso es todo.

¿Me estaba diciendo la verdad? Busqué la respuesta en sus ojos, y en ellos no atisbé la más mínima de las mentiras.

Una gota aterrizó sobre mi mejilla. Escudriñé el cielo una vez más: Estaba empezando a llover.
-¿Nos vamos?-preguntó mientras me tendía la mano.

Titubeé unos instantes. No me apetecía irme. ¿Por qué no disfrutar de la lluvia? Para mí, se trataba del mejor remedio contra los miedos. Dejar pasar el tiempo mientras el agua bañaba mi rostro, llevándose lo peor de mí y sumiéndome en la más absoluta tranquilidad. Así que sonreí y me quité la chaqueta, dejándola caer sobre la hierba. Michael me miró sin comprender.

-Te echo una carrera.

-Sabes que vas a perder-contestó mientras se descalzaba, correspondiendo a mi sonrisa.

-Bueno, eso está por ver. ¿Hasta dónde crees que serás capaz de seguirme el ritmo?

Dejó escapar una carcajada, tiñendo el lugar con el sonido de su risa.

-Ahm… Hasta aquel árbol de allí-dijo señalando un roble que se hallaba a unos doscientos metros. Uno, dos…

Y sin más, echó a correr.

-¡Serás tramposo…!-grité mientras le imitaba, pero segura de que no me había escuchado, pues ya nos separaban bastantes metros de distancia.

Comenzó a diluviar, por lo que me fue muy difícil llegar hasta el punto de encuentro sin tropezarme y caer sobre los charcos de barro que comenzaban a formarse. Finalmente alcancé el roble, donde Michael me esperaba, recostado sobre él y con una enorme sonrisa dibujada en sus facciones.

-¿Ves? Te dije que te ganaría.

Le asesiné con la mirada y salté sobre él, derribándole al suelo. Nos echamos a reír como dos niños pequeños, y no pude evitar recordar un momento parecido que habíamos vivido con anterioridad, aquel día en la pedriza. ¡Era todo tan sumamente fácil por aquel entonces…! Ese año en el que sólo estábamos él y yo, con todo el tiempo por delante.

No pude evitar entonces que una lágrima resbalara por mi mejilla. Él lo notó y con la más leves de las caricias, la secó.

-Subamos, aquí nos vamos a mojar.

-¿Subir? ¿A dónde?

-Al árbol, ¿dónde si no?

-¿Estás loco? ¿Con la tormenta que hay?

-Créeme, no va a pasarnos nada.-contestó completamente seguro de sí mismo.

Me tendió su mano y me ayudó a subir a la parte intermedia. Aquel lugar me sonaba de algo, pero no podía descifrar el por qué…

Cuando subió Michael, me rodeó con sus brazos, mientras dibujaba con sus dedos formas invisibles en el dorso de mi mano.

-Nostalgia, ¿Verdad?-preguntó.

Asentí.

-Es una tontería… Al menos ahora que estás aquí conmigo… Pero no puedo evitar echar de menos aquellos momentos, en los que era todo tan sencillo, tanto como respirar…

-No tienes de qué preocuparte. ¿No te das cuenta? Somos Peter Pan y campanilla. Para nosotros el tiempo no existe. Nada. Sólo el aquí, y el ahora. ¿De qué nos sirve vivir atormentados pensando en un futuro incierto, o vivir apenados por la nostalgia de un pasado que sabemos que no se repetirá? El ahora, eso es lo que importa.

Le miré pensativa unos segundos.

-Pero Michael…

Me interrumpió, negando con la cabeza.

-Sólo tú y yo. Aquí, en este momento. ¿Qué sería de nosotros de no ser por estos pequeños momentos?

Y sepultó sus palabras con un beso.

-Me gusta este lugar-añadió instantes después- ¿Sabes que aquí he compuesto muchos de mis temas?

Abrí la boca a causa de la sorpresa, y caí de repente el por qué me sonaba aquel lugar. No era otro que SU árbol, el mismo que siempre había deseado visitar. El móvil de Michael comenzó a vibrar. Asesiné con la mirada al irritante objeto. Michael me miró, como si se estuviese disculpando, y después contestó. Colgó al cabo de un par de minutos.

“No me lo digas” pensé para mis adentros. “¿Lisa? ¿Debbie? ¿Fran? ¿Eric? ¿Quién iba a aparecer?" Cerré los puños con fuerza y me preparé para su respuesta.

-Pequeña, tengo visita. Janet ha venido a pasar el día. ¿Vienes?

Casi lloré del alivio. Al final iba a ser verdad que Eric nos iba a dejar en paz durante mi embarazo...

Me equivocaba, una vez más.

lunes, 11 de abril de 2011

Trailer :)

¡Sí! Gracias a la ayuda de Auxi puedo decir que ya está disponible el trailer de Back To The 90's :)
Os lo pongo aquí.
Espero que os guste tanto como a mí!
¡Un besazo!

martes, 5 de abril de 2011

Capítulo 86.


A lo largo de nuestras vidas, siempre recordamos momentos fugaces, increíblemente cortos, pero que duran eternamente en el fondo de nuestra memoria. La mayoría de nosotros, al haber vivido uno de estos instantes, pasan la vida buscando esos recuerdos, a la espera de que vuelvan a repetirse, no importa cuánto tiempo transcurra hasta entonces. Pues, aunque sólo sea por uno de esos momentos, sentimos que merece la pena vivir. Una vida a cambio de unos segundos.

¿Nunca os ha pasado? A mi sí. Y fueron aquellos diez segundos después de dar la noticia a Michael los que recordaré siempre.

Recordaré como su rostro, palideció de asombro. Como sus hermosas facciones se curvaron en la sonrisa más maravillosa que jamás había visto. Como el sonido de su risa colmó cada rincón de la habitación. Recordaré como corrió hacia mí, alzándome con sus brazos en el aire, para luego sepultarme en uno de sus abrazos, esos que eran capaces de hacer que todo lo que nos rodeaba, desapareciera, que todo el mundo quedase reducido al espacio que había entre nuestros cuerpos, nada más.

Y habría seguido así el resto de mi vida, pero Michael no tardó en hacer a sus hijos partícipes de la noticia, cogiéndolos en brazos y besándolos con ternura en sus delicadas frentes.

-Esto hay que celebrarlo- anunció Michael tras depositar a sus hijos en el suelo.

-¿Qué quieres hacer?-le pregunté

-¿Qué os parece si pasamos el día en Neverland?-preguntó mientras clavaba su mirada en mí.

Neverland… Habían pasado años desde la última vez que estuve allí. Sabía que volver traería consigo multitud de recuerdos, pues eran tantos los momentos que había vivido allí con Michael, que si tuviese que nombrar uno, me quedaría en blanco.

-Me parece una idea genial- sentencié tras un lapso de tiempo.

Y sin más, llamamos a la limusina personal de Michael y partimos hacia allí. Durante el trayecto, Paris y Prince estuvieron entretenidos jugando a uno de esos fantásticos ajedreces de gominolas.

Nosotros no dejamos de contemplarlos con una sonrisa, y recordando momentos sin poder evitarlo.

Al cabo de media hora de trayecto, por fin avisté las puertas de Neverland. ¡Y pensar que desde el primer momento que las atravesé ya habían transcurrido 12 años! Michael, pareciendo adivinar mis pensamientos, apoyó su cabeza sobre mis hombros, sin decir nada, aunque tampoco era necesario.

Aparcamos a unos metros de la casa. Salí del coche y esperé a que salieran Prince y Paris.

-Papá, papá… ¿Podemos ir a ver a las jirafas?

Michael se acercó a ellos y los miró un par de segundos.

-Mmmm… No sé, no sé… ¿Tú qué dices, Isa?

-Bueno…-titubeé mientras simulaba pensarme la contestación.

Sus hijos se acercaron a mí y esbozaron sus más perfectos pucheros. Desde luego, eso lo habían heredado del padre.

-¡Por faaaaaa! –exclamaron.

-Está bien.

Empezaron a dar pequeños saltos de alegría. Reí al ver lo felices que eran con tan poco.

-Pero Bianca irá con vosotros-dijo Michael.- id a buscarla, anda.

Prince y Paris echaron a correr al interior de la casa entre gritos y risas. Observé como Michael se acercó hasta donde me encontraba, pero sin abrazarme. De ese modo podía sentir la corriente eléctrica que habitaba entre nuestros cuerpos, prácticamente obligándome a disolverla.

-No sé que voy a hacer contigo- comentó- Siempre consigues sorprenderme.

Opté por sonreír en vez de contestarle. Me tendió la mano, que yo tomé sin pensármelo dos veces, y echamos a caminar.

Dejamos que el silencio nos envolviera, no había necesidad de hablar. Cada rincón de aquel maravilloso paraje evocaba un momento, un instante, una sonrisa. SU sonrisa. Observé a Michael de reojo. Él también caminaba con la mirada perdida. Una vez más, deseé adentrarme en su mente y saber en qué pensaba.

(Narra Michael)

No sé cuánto tiempo anduvimos sin rumbo alguno. No quería mirar la hora. Desde hacía muchos años el tiempo se había convertido en mi peor enemigo. La miré en un momento en el que ella se quedó absorta mirando un pájaro que descansaba sobre una pequeña rama.

Era frágil. Muy Frágil. Y yo demasiado duro. Si la cogía de la mano era capaz de caminar horas y horas. Firme, siempre fuerte. Pero si la soltaba… sus pasos se volvían titubeantes, y al final el suelo la abrazaba.

Por ese motivo, aunque en múltiples ocasiones la había tenido que soltar, jamás la había dejado caminar sola demasiado tiempo, porque se perdería y se sentiría mal sin una mano a la que agarrarse. Y es por ella por la que yo andaba, por la que corría, me escondía y reaparecía. Es por su miedo por lo que yo reía y temblaba al mismo tiempo. El mismo miedo que me corroía, que me quitaba el sueño, que me mantenía siempre alerta a cada segundo que pasaba.

Algo que desconocía, que jamás podría confesarle, aunque desease hacerlo cada vez que la veía derramar una lágrima. Algo que pondría fin a mi pesadilla particular. Algo que ella podría remediar, pues sabía que sería capaz.

El reloj avanzaba, impasible, segundo a segundo, respiración tras respiración, sin detenerse. Y yo sin poder hacer nada.

Mi peor enemigo, lo que yo más temía… El tiempo.

Una lágrima pugnó por salir al exterior. No quise que isa la viera y desvié la mirada a mi derecha. Algo se movió tras unos árboles. Tras unos instantes, me percaté de cómo unos ojos me observaban desde la distancia:

Los ojos de Eric.

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Lo sé, lo sé. Capítulo extraño, ¿Verdad?.
Nunca hasta el momento en toda la historia me he metido en la mente de nuestro Michael, intentando adivinar sus pensamientos, sus miedos, sus preocupaciones... Hasta hoy. Sé que mil preguntas os rondarán la cabeza, y a mí me encantaría responder todas, una por una. Pero es crucial este capítulo. Crucial. A partir de ahora, y hasta el capítulo 99, se irán alternando las narraciones entre los dos protagonista. No van a llevar un orden lógico. A lo mejor durante 4 capítulos narra Isa, y el siguiente es por Michael, para luego volver a la narración inicial. Los capítulos desde el punto de vista de Michael serán muy relevantes para ir despejando las incógnitas que rodean a la historia.

Ahora al fin puedo decirlo: LO MEJOR ESTÁ POR LLEGAR...