lunes, 15 de marzo de 2010

Capítulo 19.


Le visualicé a lo lejos, tumbado en la cama. Un hombre de color se inclinaba hacia él.

-Necesito dormir, ¿me has entendido?. Quiero dormir 8 horas del tirón, estoy muy cansado.-dijo Michael débilmente.

Alarmada por la escena, me acerqué corriendo hacia la cama. Agarré la mano de Michael, llamándole, pero no parecía percibir mi presencia.

-Michael, escúchame, por favor.- le pedí con lágrimas en los ojos.

Me ignoró. Fijé la vista en aquel odioso hombre, que se acercó a Michael con una jeringuilla cargada.

-¡¡NO!!- grité, lanzándome contra él.-¡No le toques!

Sin embargo, me apartó con brusquedad y se inclinó nuevamente hacia Michael. Me interpuse entre ellos, sollozando.

-¡¡APÁRTESE!!- Le grité de nuevo.

Volvió a apartarme de un empujón, sujetándome por las muñecas para que no me pudiera mover. Yo chillaba con todas mis fuerzas, intentando propinarle golpes, pero me era imposible. No podía moverme. Sólo observar.

El hombre se inclinó sobre Michael, y ante mis súplicas y mi llanto, le inyectó la medicación. Instantes después, me soltó.

-Buenas noches Michael. Que descanses.- le dijo. A continuación abandonó la habitación.

Me acerqué a la cama, y tomé su mano fría entre las mías.

-Michael, por favor, no te duermas. Mírame.- El corazón me martilleaba de tal forma que pensé que me iba a romper las costillas.

No me respondió. Sólo vi como comenzaba a cerrar los ojos, soltando un profundo suspiro. Sollocé ruidosamente y apoyé mi cabeza en su pecho, percibiendo su débil respiración. Le hablaba, le decía que no podía abandonarme, que luchara…

Pero su pecho dejó de moverse.

Me desperté ahogando un grito y bañada en sudor. El corazón me latía de un modo frenético. Miré a mi alrededor e intenté calmarme al comprobar que había vuelto al mundo real, pero no podía. Aquella pesadilla me había hecho despertar mis más profundos miedos. Y había sido tan real…Me levanté y me metí en el baño. Observé mi rostro en el espejo. Lo tenía anegado en lágrimas. Me incliné sobre el lavabo, abrí el grifo, y dejé que el agua mojara mi cara. Su gelidez hizo que pusiera los pies en la tierra, ayudó a que dejara atrás aquel horrible sueño. “Ahora estoy aquí”pensé.”tengo 20 años para impedir que pase. Y no importa lo que me cueste, ÉL seguirá respirando”.

Seguía sin entender porque había retrocedido en el tiempo, y todavía necesitaba una explicación. Estaba inmersa en mis pensamientos cuando llamaron a la puerta. Era Julia.

-Buenos días.- me saludó.- Tienes mala cara. ¿Has pasado una mala noche?

Me estremecí sólo de recordarlo.

-Las he tenido mejores- contesté intentando esbozar una sonrisa.- ¿Qué ocurre?

-Abajo ha llegado un paquete enorme. Y es para ti.

Mi corazón volvió a acelerarse.

-Está bien. Ahora bajo.

Cerré la puerta y me metí en la ducha. Cuando salí, me vestí con lo primero que encontré y bajé a la recepción. No hizo falta preguntar a Julia donde se encontraba, porque se veía perfectamente. Se trataba de un paquete de dimensiones extremas, abarcaba el alto de una puerta y el ancho de una ventana. Julia se acercó a mí.

-No sé como vas a subirlo a la habitación. Dudo si quiera que pueda pasar por las escaleras…

La ignoré. Me acerqué y rasgué el papel desde la esquina inferior. ¿Qué era aquello? Parecía un marco. Julia suspiró y me dijo:

-Me estoy poniendo nerviosa hasta yo. ¿Vas a abrirlo centímetro a centímetro o te ayudo?

-Ayúdame- le pedí-

Ella se colocó al otro extremo, agarrándolo desde la esquina. Me sonrió.

-A la de tres.- anunció.- una, dos…tres!

Tiramos fuertemente hasta quitar el envoltorio. Julia ahogó un grito.

Era un cuadro al óleo. Lo miré anonadada, con lágrimas en los ojos. En el óleo se me veía a mí, aquella tarde en el delfinario, arrodillada y acariciando al delfín. Una sonrisa me enmarcaba el rostro. Y a la izquierda, estaba Michael observándome. El cielo estaba pintado como si fuera de noche, y se apreciaba una hermosa luna llena en lo alto del retrato.

-Mira, ahí abajo pone algo.- dijo Julia.

Acaricié las letras escritas en la esquina inferior, emocionándome de nuevo. Ponía “para mi campanilla. Te quiero, Michael”

Las lágrimas caían por mi rostro, pero en esta ocasión, no eran de tristeza. ¿Cómo podía quererle tanto? Acaricié su figura en el retrato, suspirando. Le echaba tantísimo de menos…

-Qué pasada de regalo- me comentó Julia.- Ese chico debe de quererte mucho.

Sonreí de alegría, sabiendo que así era

2 comentarios:

  1. Sinceramente me facina esta novela, esta muy bien redactada y no solo porque sea fan de michael dire que es buena la novela..No, es porque enserio es muy interesante, la tematica, tiene suspenso, y momentos muy romanticos. Me sorprende al darme cuenta la edad que tiene la escritora osea tu Isa, mis respetos para ti pero me pone un poco confundida y triste a la vez al darme cuenta que solo quedan unos cuantos capitulos...ojala durara mas pero comprendo lo dificil que es para ti esto y sin mas que decir me despido.

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