jueves, 14 de octubre de 2010

Capítulo 68


No tuve tiempo de contestarle, pues me cogió de la mano y me arrastró literalmente fuera de la casa. Gracias a Dios no había desecho las maletas, pues eos nos retrasaría un tiempo más que considerable teniendo en cuenta la ingente cantidad de prendas que almacenaba después de aquellos años.

-Michael- le pregunté antes de ofrecer las maletas al chófer para que las metiera en la limusina.

-Dime.

-¿Y tu trabajo?

No es que deseara que hiciese giras, y conciertos multitudinarios, pero en mi cabeza las cuentas comenzaban a no cuadrarme, y más cuando estábamos a finales del 94, y el siguiente disco iba a ser lanzado el año siguiente.

-Retomaré la grabacioón del siguiente trabajo cuando volvamos, tampoco es que quede mucho por hacer. Venga, entra- añadió mientras abría la puerta del vehículo.

Sonreí con ganas y cogí asiento. Él se dejó caer a mi lado, donde bostezó ruidosamente.

-No he dormido nada.-comentó mientras un sonoro bostezo escapaba de sus labios.

Le miré con incredulidad, a sabiendas de que no era cierto, pues yo misma me había mantenido despiera hasta prácticamente el amanecer mientras contemplaba como dormía. Decidí no darle vueltas al asunto.

-Vaya...¿y eso?

-Porque te notaba inquieta todo el rato. Y luego cuando te dormiste, comenzaste a hablar...E Isa, no te ofendas...pero es que no te callas nunca.

Mi cuerpo entero se puso en tensión, súbitamente alerta.

-No seas exagerado, seguro que no hablé tanto...¿y qué decía, ya que estamos?

-Pues no se te entendía mucho, la verdad...no llegabas a vocalizar...-concluyó con una sonrisa de burla.

-Perdóname que no sepa hablar, señor perfecto- contesté frunciendo los labios.

-No te disculpes. Algún día, no sé cual, serás casi casi tan perfecta como lo soy yo.

Se echó a reír en cuanto hice ademán de lanzarme a su cuello como si fuese a ahogarle. Y yo, como no podía ser de otra manera, me quedé contemplándole sin habla, pues para mí, su sonrisa era una de las cosas más bellas que había visto jamás. Una sonrisa, que en mi humilde opinión, le haría sombra al más hermoso de los ángeles.

-Me encanta verte sonreír- susurré en cuanto clavó sus ojos en los míos.- Me pregunto si siempre sonríes con el corazón, o porque las circunstancias te obligan a ello.

-Depende. Estos últimos años las cosas no me han ido demasiado bien, ya sabes...En las entrevistas me noto obligado a hacerlo, por ofrecer una imagen, aún cuando hay muchísimas ocasiones en las que lo único que me apetece es levantarme de la silla e irme. Pero en los conciertos...aquello es otra historia. Y sé que la gente que me sigue lo nota, ¿sabes? siento que me ven feliz, que disfruto con lo que hago.

-Mmmm...

_Pero...¿quieres que te diga una cosa?

-Miedo me das- dije elevando las comisuras de mis labios.

-No, esta vez, sin bromas.

-A ver, sorpréndeme.

-Ahora no sonreía ni por la prensa, ni por los fans, ni por las actuaciones. Sonreía por poder estar de nuevo contigo, y esta vez sin obstáculos. Sólo tú y yo. Como aquel año- susurró mientras cogía mi mano entre las suyas.

Pocas veces me había sentido tan feliz como en aquella ocasión, y eso lo corroboró mi rostro, que se iluminó con una gran sonrisa, a la vez que percibía como me sonrojaba.

-Aún sigues sonrojándote como el primer día.

-Eso es porque te quiero como el primer día.-contesté.

En esa ocasión fue él quien sonrió a la vez que se mordía el labio inferior, uno de esos gestos que tanto me gustaba que hiciera. No hace falta decir que nos fundimos en un tierno beso. Lo que lo hacía más tierno, más bonito, era que ese beso sellaba no sólo una relación, si no una amistad, un sueño que creía imposible. Y una misión que cumplir: Hacerle feliz, durante tanto tiempo como me fuera posible.

El viaje transcurrió en silencio, ya que con Michael, muchas veces sobraban las palabras.

-Por cierto-le pregunté en un momento determinado- no me has dicho a dónde vamos.

-Ya te dije que era una sorpresa.

-Pues estamos en la carretera con dirección al aeropuerto.

-Bien, no pienso dejarte saber más de eso. Y pienso asegurarme de que no lo averigües.

-Pues tú dirás como.

-Así.

En sus manos tenía una venda negra, que extendió de lado a lado con una sonrisa.

-No pensarás hacerme ir por el aeropuerto con una venda, aún sabiendo lo torpe que soy y que me voy a caer, ¿verdad?

-No voy a dejarte caer.

Y acto seguido, se colocó detrás de mí para colocarme la prenda.

No debería haberlo hecho, pues el primer roce del pañuelo contra mi piel trajo consigo una imagen, una especie de deja vú. ¿Qué ví?
Me ví a mi misma, frente a una puesta de sol en la playa, y a Matt a unos centímetros por detrás, vendándome los ojos, y haciéndome girar después para robarme un beso, mientras tomaba con suavidad mi labio inferior entre sus dientes.

En ese momento, volví al presente. Y súbitamente, la tristeza me invadió, junto con una sensación de añoranza. ¿Por qué echaba de menos a alguien a quien ni siquiera podía hablar, o tocar?
Una lágrima rodó por mi mejilla, y la sequé con rapidez. Aquel iba a ser el viaje de nuestras vidas...ni siquiera el sentimiento ficticio que sentía por Matt iba a estropearlo.

O eso creía.

lunes, 11 de octubre de 2010

Capítulo 67.


-Buenas noches campanilla- susurró con dulzura.

Esbocé una pequeña sonrisa, e intenté conciliar el sueño, pero por más que lo intenté, me fue imposible. La sombra del recuerdo de el susodicho Matt me abordaba a cada instante. Miré el reloj que estaba colgado en una de las paredes : las 02;30, las 03:45, las 04:30..
Miré a Michael, que se encontraba plácidamente dormido. Ni siquiera el observar su rostro consiguió que me evadiera. Finalmente, y tras incontables vueltas de un lado hacia otro, logré perderme en la inconsciencia del sueño.

Me encontraba en mitad de un parque de atracciones, repleto de personas, cada una de ellas demasiado preocupadas en sus vidas cotidianas como para preocuparse por nadie. Confusa, giré a mi alrededor, buscando a Michael con la mirada, pues no habría ido a un lugar así a no ser que él me acompañase. Le busqué a lo largo de todo el recinto, pero no le localicé. Exhausta, me dejé caer sobre un banco. Percibí como una chica se sentaba a mi lado, pero no levanté la cabeza para averiguar de quién se trataba. Lo único que me preocupaba en ese instante era poder encontrar a Michael, o a alguien conocido, en su defecto.

-Ya era hora Matt, pensé que te habías perdido - comentó divertida mi compañera de banco.

Alcé la mirada con rápidez. Reconocía ese tono de voz suave, con un deje infantil, y la melodía de esa risa. Y la conocía tan bien...porque esa era mi voz.

Intenté no gritar al verme a mí misma sentada a mi lado, con otra ropa, otro peinado, pero sin duda se trataba de mí. Me contemplé boquiabierta a causa de la sorpresa.

-Sí, seguro que lo estabas desando para poder huir de mí, ¿verdad?

Sin salir de mi asombro, giré la cabeza 180º para observar al que se hacía llamar "Matt". Y cuál fue mi sorpresa al descubrir que se trataba de aquel chico, el mismo que había "visto" en las puertas de Neverland, aquel que me producía aquellas extrañas sensaciones en mi interior. Sólo que en esta ocasión pude apreciar su rostro con claridad. Debía de rondar los 30 años, por los claros signos de madurez escritos en sus facciones. Mandíbula cuadrada, nariz recta y fina...y podría haber seguido, pero al mirarle a los ojos perdí la noción del tiempo. Eran verdes, de un jade intenso, capaces de aturdir a cualquiera.
No me molesté en ocultarme, pues estaba claro que no se había percatado de mi presencia. Matt sonrió, provocando que me sonrojara. Bueno, y mi otro "yo", también.

-Oh, sí, estaba a punto de echarme a correr- se carcajeó mi doble.

Él se acercó hacia donde nos encontrábamos y se inclinó para besar a mi compañera con el más leve de los roces. Inmediatamente, sentí ese roce en mis labios, como si hubiese sido a mí a quien besaba. Ella se levantó, cogió su mano, y se marcharon entre risas y bromas.

Aturdida, confusa y con el corazón a punto de salírseme del pecho, me levanté, con intención de seguirles, pero una mano impidió mi propósito. No me hizo falta girarme para saber que se trataba de Eric.

-¿Qué quieres, Eric? No entiendo nada.

Me soltó y se colocó frente a mí, sonriendo burlón.

-Sólo quería mostrarte lo que debería ser tu presente, si no siguieras empeñada en seguir al lado de Michael, aún sabiendo que no vas a poder cambiar el rumbo de los acontecimientos.

-Ni pienso irme, Eric. No voy a estar siempre que me necesite. Estaré siempre, aunque no me necesite.


-¿Aunque ames a Matt de la misma manera que le amas a él?
Retrocedí un par de pasos, molesta.

-Eso no es cierto.

-Puede que no te lo parezca. Pero es así. Y si no, explícame que hacías intentando seguirle.

-Yo sólo... sentía curiosidad.

-Sí, seguro. Bueno, es hora de que te despiertes.

-¿Acaso esto era un sueño?

-Claro que lo era.

-Pues no lo hagas más.

-¿Que no haga más qué?- preguntó- ¿que no te muestre más lo feliz que podrías llegar a ser?

-Soy feliz ahora.- me defendí.

-Como quieras. Pero no pienso dejar de hacerlo.

Estuve a punto de rebatirle, pero la voz de Michael pronunciando mi nombre me arrancó de golpe de aquel extraño sueño.

-Isa, ¿estás bien?

Bostecé y rodé de lado, buscando sus labios con ansia, hasta que logré mi objetivo.

-¿Despiertas así todas las mañanas?-me preguntó esbozando mi sonrisa favorita.

-Humm...déjame pensar...si es contigo, sí.

-Entonces...tendremos que dormir más noches juntos.

Sonreí eufórica ante la expectativa.

-Suena genial.

Michael me tendió su mano y me ayudó a levantarme. Al hacerlo, no pude evitar quejarme.

-¿Estás bien?

-Sí, sólo me duele la espalda un poco.

-Recuérdame que la próxima vez durmamos en una cama. Venga, vámonos.

Le miré, perpleja.

-¿Irnos? ¿A dónde?

-Pues...es una sorpresa.

-¿No me lo vas a decir?

-Déjame pensar...no. Pero déjame decirte una cosa.

-¿Qué?

-¿Estás preparada para escaparte conmigo durante 2 semanas?

Me eché a reír con ganas, como hacía mucho tiempo que no me pasaba.

-¿Estás tu preparado para aguantarme durante todo ese tiempo?

Él me rodeó con sus brazos y acarició mi mejilla con sus labios, estremeciéndome por completo.

-No lo sabes tú bien.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Capítulo 66.



Apenas recuerdo cuanto tiempo me quedé allí. No podría decir que me quedé absorta en mis pensamientos, porque tampoco fue así, pues tanto mi mente, como mi mirada, se encontraban ausentes. Sin duda era una jugada de Eric, sólo él podía jugar con el transcurso del tiempo a su antojo. Pero, aquel chico...Matt; no podía ser una invención suya. De lo contrario no habría sentido aquellas extrañas y complejas emociones al escuchar su voz.

Como el ruido de un despertador en la peor de las pesadillas, el nombre de Michael acudió a mi cabeza, haciendo desaparecer todo atisbo de temor e incomprensión por lo sucedido. El recordar su sonrisa logró esbozar en mí una sonrisa, levantarme, y volver a la casa, fantaseando con lo perfecto que sería todo con él nuevamente a mi lado. Opté por prepararle una cena, y así mantener mi mente ocupada en otras cosas.

Con la ayuda de Bianca y otros empleados, en cuestión de 3 horas habíamos preparado la cena que sólo cabía imaginarse en cuentos de hadas. El salón únicamente estaba tenuamente iluminado por unas velas, y la mesa estaba ya perfectamente dispuesta para cuando Michael llegase.

-Bianca, ¿Sabes algo de Michael?- pregunté mientras terminaba de colocar las copas.

-Llamó hace media hora para decir que no se demoraría.

-Perfecto. Gracias.

Subí a mi habitación a deshacer las maletas. Entrar en aquellos metros cuadrados trajeron consigo una sensación de paz y tranquilidad. No podía describirlo con otra palabra que no fuese "magia". Algo en esa habitación, me gritaba en silencio que yo pertenecía a ese lugar, y ciertamente lo creía así. Me miré de refilón en el espejo y observé mi rostro demacrado y marcado por las lágrimas derramadas durante todo el día. Sin duda alguna, aquel era el mejor momento para darme una ducha.
Al salir, busqué entre mi ropa hasta encontrar un vestido decente que ponerme. Unos nudillos golpearon la puerta con suavidad.

-¿Sí?

-Michael ya ha llegado. La está esperando.

Su nombre provocó un sordo golpeteo de los latidos de mi corazón. Peiné mi cabello de la manera más elegante posible y oculté mis ojeras tras una fina capa de maquillaje. Abrí la puerta, cogí aire, y bajé las escaleras.
Al final de ellas allí se encontraba él, como en el más perfecto sueño, con esa sonrisa que podría derretir el mundo entero, empezando por mí. Le tendí mi mano y él se inclinó para besarla, lo que provocó que me riera.

-Siempre un caballero.

-Hasta el final. Estás preciosa.

Me sonrojé, y él sonrió. Caminamos hacia la mesa, y nos sentamos el uno frente al otro.
Podría optar por contar lo que hablamos durante todo aquel tiempo, pero no habrían palabras posibles para describirlo. ¿Alguna vez habeís sentido esa conexión, aquella en la que tanto tú, como él, inconscientemente, os rodeaís de una burbuja sólida e irrompible?
Pues eso me pasó con él. Lo que nos contamos era bello, pero lo más bello sin duda eran las cosas que no se decían: Las sonrisas, los roces, el calor de su mirada...En un momento de la cena, su pierna rozó la mía.

-Lo siento-se disculpó.

-No pasa nada- le respondí con una sonrisa.

Y nuevamente, sentí como su pierna acariciaba la mía hasta la altura de la rodilla. Volví a sonrojarme.

-¿Qué quieres, Michael?

-Que me mires.

-Ya lo hago.

-No, no como yo quiero.

Abrí los ojos aún más, sorprendida.

-¿Cómo quieres que te mire, entonces?

-De la misma manera en que lo hago yo, deseándote a cada instante.

Sus palabras no me pillaron desprevenida, pues ya conocía esa faceta de Michael. Aún así, mi mente no pudo controlar que todo mi cuerpo se estremeciera ante la intensidad de su mirada. Él se levantó y me tendió su mano, que yo cogí sin pararme a pensarlo. Nada más hacerlo, me aprisionó contra él, no sin antes sujetar mi mentón con su mano y darme el beso más apasionado que recordaba en mucho tiempo.
La sangre ardía bajo mi piel, mis pulsaciones habían triplicado su velocidad habitual; así como también podía escuhar los latidos desbocados de su corazón. Poco después abandonó mis labios para dirigirse a mi cuello, momento en el cual le aferré la camisa, seguramente haciéndole daño.

-Michael...-articulé entre sordos gemidos.

-¿Sí?

-Bianca...

-Estamos solos. Ya me he encargado yo de eso.

Desconozco en que momento perdí el sentido común, o en que momento dejé de comportarme como siempre lo había hecho. Sólo sé que sus labios provocaban pequeñas descargas eléctricas sobre mi corazón cada vez que rozaban cualquier centímetro de mi piel.
Tampoco recuerdo en que momento dejamos de ser dos, para convertirnos en una única unidad. Pero lo que sí recuerdo, es su voz cada vez que me susurraba "te quiero" al oído. Ese era el motivo por el cual había pasado por tanto dolor y sufrimiento.
Ese era el motivo por el cual había puesto mi mundo del revés por él. Por escuchar esas palabras.

Tras varias horas de intensa pasión y sentimiento, caimos rendidos en la enorme alfombra que cubría el suelo del salón. No quería separarme de él, así que rodé hacia su lado y me acosté sobre su pecho. Él cogió una manta y cubrió nuestros cuerpos con ella. No quería hablar, no había necesidad.
Todo era perfecto así, sin palabras. Sólo sé que me dormí tras sentir sus labios sobre mi frente.

Y sólo sé que el nombre de Matt, acudió a mi mente minutos después.

martes, 24 de agosto de 2010

Capítulo 65.


Aún así, no quería, ni podía; separarme de él, pues la necesidad de tenerle cerca era mayor a cualquier otra que pudiese expresarse con palabras.

-Tengo que irme-murmuró.

Levanté la mirada, sorprendida.

-¿Irte? Pensé que te quedarías conmigo.

-Y lo haría, pero antes tengo que arreglar unos asuntos de marketing y unas entrevistas.

Gesticulé disgustada.

-No tardaré, te lo prometo-concluyó él con su sonrisa particular. Además, sabes que puedes hacer lo que quieras en mi ausencia. Ir al cine, al zoo, montarte en las atracciones que más te gusten...

-Supongo que daré un paseo. Me vendrá bien.

-Eso estará genial. Pero procura no perderte, que te conozco.

Le fulminé con la mirada.

-Perdona, pero tienes que saber que en estos 2 años...

Me habría encantado terminar la frase, pero el roce de sus labios sobre los míos la desarmó por completo. El beso fue corto, sencillo. Pero muy tierno. Tanto que hubiese deseado que no acabase nunca. Se separó de mí, y volvió a sonreír. Adoraba verle tan feliz, era en esos momentos en los que creía ver su alma.

-Vendré para cenar.

-¿Eh?- pregunté distraída tras haberme perdido en mis cavilaciones internas.-Claro, te esperaré.

Alzó la mano y la presionó suavemente sobre mi mejilla. Sentí como la sangre acudía a esa zona para colorearla. Michael rió.

-Nos vemos luego campanilla.

Se giró y emprendió el camino de vuelta a casa. No desvié la vista de él hasta que desapareció. Al hacerlo, miré a mi alrededor, sin tener demasiado claro que hacer. Opté por caminar hasta donde me llevasen mis pasos. Mientras andaba y contemplaba el paisaje, no podía pensar otra cosa que no fuese en él, en esta nueva oportunidad que me había concedido para demostrarle que le quería. Pensé en todas las maneras en las que podía sorprenderle, en mil formas distintas de besarle...en todo el tiempo que íbamos a pasar juntos, sin obstáculos por fín.

El nombre de Eric apareció momentaneamente en mi mente, y no tardé en desecharlo. Ni siquiera su recuerdo iba a separarme del momento tan dulce que estaba viviendo con Michael.
Detuve mi marcha al darme cuenta de que estaba llegando a las puertas de Neverland. Me sorprendió a mi misma, ya que había una distancia más que considerable entre esas puertas y la casa. Suspiré y caminé hacia ellas, pues era ese lugar el que me había brindado cumplir mi sueño. Acaricié con mi mano la áspera y fría madera, contemplando el exterior con expresión ausente.

"No sé que estoy haciendo aquí. Debería volver" pensé para mis adentros.

Hice ademán de girarme, pero vi algo que detuvo mi movimiento.

No podía decir que era una persona, porque no se apreciaba de tal manera. La sombra de una silueta se encontraba enfrente de mí, al otro lado de la puerta. Por la forma y el contorno, deduje que se trataba de un hombre. Pero por más que me acercaba, no conseguía vislumbrar su rostro, pues estaba difuminado, como en el más difuso sueño.
Pensé en esconderme, pero el hombre no parecía haberme visto. Era como si yo fuese invisible a sus ojos. Contemplé como alzó la mano, y como con una llave, escribió algo en un lateral de la puerta.
Creí ver como un par de lágrimas caían de sus ojos. Al terminar, con la misma mano presionó el lugar en el que había escrito.

-Isa...-susurró.

El escuchar su voz provocó una reacción extraña en mí. El corazón se me aceleró, y percibí como me sonrojaba. La suavidad de su voz me resultaba familiar, pero por más que lo intenté, no podía recordar el por qué.

El contorno de otra silueta se aproximó a donde se encontraba aquel misterioso visitante.

-Matt, es hora de irnos.

"Matt..." sólo el oír su nombre hizo que un escalofrío me recorriera desde la cabeza hasta los pies.
¿Quién era ese hombre? ¿Por qué sentía como si le conociera? ¿Por qué provocaba esas reacciones en mí que sólo Michael lograba hacerlas aparecer?.

Parpadeé confusa, y una ráfada de viento, se llevó con él aquellas figuras. Confusa y contrariada, me dejé caer sobre la puerta, respirando con dificultad. Sentí ganas de gritar, de chillar ante la impotencia de no comprender nada. El viento trajo consigo una pequeña hoja de papel, que detuve con mi mano antes de que se perdiera entre los árboles. La observé con curiosidad, pues estaba escrita con tinta azul. Desdoblé la hoja y leí su contenido, el cual terminó por desarmar todos mis esquemas.

"Lo que acabas de ver es tu presente, la persona que te pertenece, que te quiere, y a la que amas de igual manera. Tú decides".


Pd: La foto del capítulo es del tatuaje que me hice hace 5 días :). Espero que os guste, y ya de paso callar muchas bocas :)
Siento el retraso, espero que la espera os haya merecido la pena :D
L.O.V.E.

jueves, 15 de julio de 2010

Capítulo 64.


Actualmente, daría todo lo posible por volver a ver la cara de Lisa cuando Michael le dedicó aquellas palabras.
En ese momento, sin embargo, no sé cual de las dos se sorprendió más; si ella, o yo. Mi oponente no tardó demasiado tiempo en recomponer su expresión. Frunció los labios y entrecerró los ojos.

-Muy bien-dijo con frialdad-en ese caso me iré.

Miré a Michael intentando preveer su reacción, pero únicamente se limitó a asentir con la cabeza y a pronunciar una frase carente de emoción:

-Le diré al chófer que lleve de vuelta las maletas a tu casa.

Ella no respondió. Pasó por mi lado sin pronunciar palabra. La tensión en el ambiente era casi palpable. No encontré el valor para seguirla con la mirada, por lo que clavé la vista en el suelo, a la espera de que se marchara. Tras unos minutos...

-Ya se ha marchado-murmuró Michael.

Y casi en el momento, me sepultó en un abrazo en el que prácticamente me dejó sin respiración. Respondí agradecida a esa muestra de afecto, pues llevaba mucho tiempo ansiándola. No importaba cuánto tiempo transcurriera, siempre me encantaba la sensación de estar entre sus brazos, de sentirme segura, de escuchar los latidos de su corazón. Tras unos minutos, me separé de él, y le contemplé sonriente. Aunque claro está, mi sonrisa no fue nada en comparación a la suya, capaz de eclipsar al mismísimo sol.

-De vuelta en Neverland.

-No-me corrigió-de vuelta en casa.

Me ofreció su mano, y yo la cogí sin pensarlo si quiera, sonriendo con ganas. Las siguientes horas paseando por los prados de Neverland no fueron mágicas, ni preciosas...fueron necesarias. Porque necesitábamos desde hacía mucho tiempo estar él y yo, sin nadie alrededor. Yo necesitaba volver a sentir a MI Michael, sentir que nada había cambiado. Conversamos de mil cosas, y de ninguna a la vez. Bromeámos, nos peleamos, y siempre nos perdonábamos entre cosquillas y dulces miradas. Aquello era lo que siempre había soñado, desde el primer momento. Cuando decidimos volver, ya estaba empezando a hacer calor, por lo que aligeramos el paso. Me detuve a unos metros de la casa, y miré a mi alrededor. Michael se paró unos pasos por delante de mí, observándome con curiosidad.

-¿Qué ocurre?

-Recuerdo este lugar- comenté divertida.

Él permaneció en silencio, y luego esbozó una sonrisa torcida.

-Sí, yo también. Aquí fue donde me estampaste aquel globo de agua, verdad?

Dejé escapar una carcajada.

-¡Sí...!

-Ahora que lo pienso-susurró él mientras se acercaba a una caja que se encontraba a unos 10 metros de nosotros-nunca tuve mi justa revancha.

-¿Te pareció poca revancha cuando me tiraste al suelo y...?

-Eh, de eso nada- me interrumpió-te caíste tu sola...

-Mentiroso...

Mucho antes de que pudiese darme cuenta, Michael sacó una pistola de agua y me apuntó con ella.

-Michael, ni se te ocurra-le advertí.

Él comenzó a reírse, lo que provocó que me quedara mirándole embobada, y justo en ese momento un chorro de agua me empapó toda la cara.
Me quedé sin reaccionar un par de segundos, mientras escuchaba como Michael se desternillaba de risa. Me sequé el rostro con la manga de mi camiseta y le taladré con la mirada.

-Muy bien. Tú lo has querido.

Michael echó a correr, y yo le seguí como buenamente pude, teniendo en cuenta que mis condiciones físicas eran mucho más pésimas que las suyas. Y evidentemente, y como no podía ser de otra forma, me caí a los cincuenta metros. Intenté ignorar sus carcajadas mientras me levantaba y me sacudía la hierba con toda la dignidad posible. Comencé a caminar sin saber muy bien a dónde me dirigía.

-¿A dónde vas?-le oí preguntar.

-A casa, ya que me has puesto perdida.

-Pero si no es por ahí...

Me giré, para soltarle una contestación ingeniosa, y al verle de repente tan cerca de mí la frase se quedó estancada en la garganta. Puse mis manos en su pecho par apartarle, pero él las sujetó con firmeza. Podía sentir el latir frenético de su corazón, el calor que irradiaba su cuerpo. Le miré a los ojos, y perdí todo atisbo de orgullo y dignidad. Me contempló con dulzura, y como si hubiese adivinado mis pensamientos, me rodeó de nuevo con sus brazos, fundiendo nuestras figuras en un cálido abrazo.

-Cuánto te he echado de menos-susurró cerca de mi oído.

Sonreí y volví a mirarle, y por primera vez en mucho tiempo, vi el reflejo del fuego en sus ojos. ¿Si le besé? Podría haberlo hecho, por supuesto.
Pero algo me decía, que aquel no era el momento, que habría otro más indicado para ello.

Y estaba en lo cierto.

viernes, 9 de julio de 2010

Capítulo 63.


Después de aquello, Michael no me dejó si quiera acercarme al hospital. "Déjame a mí encargarme de todo", había dicho.

No teníamos tiempo, así que a Michael no le quedó más remedió que coger su coche particular. No pude evitar reírme cuando le ví sentado en el asiento del conductor, frunciendo el ceño de pura concentración.

- El Rey del Pop no sabe conducir- me burlé.

Me fulminó con la mirada.

-Sí que sé, lo que pasa es que llevo varios meses sin coger ningún coche.

-Bla, bla, bla...

Antes de darme cuenta, ya tenía a Michael sobre mí, haciéndome cosquillas.

-¡Michael!¡paraaa! -grité entre risas espasmódicas.

Se separó de mí y me miró con aire de autosuficiencia.

- Ya verás como la próxima vez te lo pensarás dos veces antes de burlarte del Rey del Pop.

Se me ocurrió un comentario ingenioso, pero me mordí la lengua. Aunque necesitara más que nada reírme, aquel no era el momento, y tampoco disponíamos de tiempo.
Tras varios minutos de intentos, Michael consiguió arrancar el coche.
Tuve que reconocer que una vez en autopista, tenía un total dominio sobre la carretera. No iba demasiado deprisa, estaba atento a todas las señales, el tráfico...
Paramos frente a mi casa. Salí del coche y me apoyé en la ventanilla para despedirme de él.

-No creo que me lleve mucho tiempo arreglar las cosas. ¿En un par de horas tendrás todo preparado?

-Sí

-Pero Isa...-continuó- Hay algo que no entiendo. ¿De veras no quieres ir al entierro?

Asentí con la cabeza.

-Completamente. Mike, prefiero tener presente a mi amigo como yo le recuerdo, lleno de vida, sonriendo, haciendo bromas...esa es la imagen que quiero que perdure. No la de su ataúd.

Caviló unos instantes.

-Está bien.

-Pídele perdón a Judith de mi parte por no poder estar.

-Estoy seguro de que te comprenderá.

-Y Michael...

-¿Sí?

-Dale esto para que se lo pongan a James.

Me recogí el pelo con una mano, y con la otra, desabroché la cadena de un collar que llevaba desde hacía 4 años...el mismo que me regaló James el día de mi cumpleaños. Michael extendió el brazo y lo deposité en su mano. Sonrió casi de un modo imperceptible, y después arrancó el coche, perdiéndose entre la lluvia.

Entré en el apartamento inmersa en mis pensamientos. En ese momento, me embargaban una contradicción de sentimientos. Por un lado, me inundaba una tristeza inmesurable por la pérdida de mi mejor amigo. Pero por el otro, la mayor de las esperanzas, al ver que Michael y yo, aunque fuera poco a poco, volvíamos a ser los de antes. Entré en mi dormitorio. Mi vista se fijó en un CD arrojado sobre la cama. Lo observé con curiosidad: Dangerous.
Sonreí. ¿Cuál era el mejor remedio para aleja la tristeza? Música. SU música. Siempre había sido así. Puse el equipo de música y seleccioné el reproductor aleatorio. La fuerza de "Keep The Faith" resonó por toda la habitación. ¿Coincidencia? No lo creí. No había ningún mensaje más claro que el que contenía esa canción.

No tardé en prepararme la maleta, así como tampoco tardo Michael mucho tiempo en llegar. Al cabo de una hora, llamó a la puerta. Arrastré con dificultad la maleta hasta la entrada. Abrí la puerta de un tirón, con una ansiedad que estaba olvidada en mi interior. Y allí estaba él, mi milagro personal, mi ángel, sonriendo como sólo él sabía hacerlo.

El viaje transcurrió en silencio, pues ambos estábamos nerviosos ante la expectativas de volver a vivir juntos, como antaño. Pero claro...no todo iba a ser tan sencillo. Al llegar a Neverland y bajar del coche, visualicé a Lisa a unos 50 metros, cruzada de brazos. Al verme, caminó hacia mí con rapidez. Michael previó sus movimienos y se colocó delante de mí.

-¿Qué hace ella aquí? -preguntó Lisa.

-Viene a quedarse una temporada- contestó Michael con una seriedad y un aplomó que me dejó boquiabierta.

Ella me observó despectivamente.

-Pues... no se puede quedar. Te recuerdo que estamos casados y que las decisiones las tenemos que tomar entre los dos.

-Me parece perfecto, Lisa. Pero te recuerdo una cosa: Esta es MI casa. Y sí, puede que tú seas mi esposa, pero ella es mi amiga. Así que si no te gusta puedes irte...

-Michael...-interrumpí con un hilo de voz- no es necesario, de verdad. Puedo irme...

-No- dijó con decisión.

Lisa abrió los ojos con sorpresa ante las palabras de Michael.

-¿Me estás echando?

-No-contestó él.- te estoy diciendo que no me hagas elegir entre tú y ella. Porque puedes no ganar.

jueves, 8 de julio de 2010

Capítulo 62.


Apenas tuve tiempo de reaccionar, pues Michael me arrancó el teléfono de la mano y me sujetó por los hombros, incrustando sus preocupados ojos negros en los míos.

-¿Te ha dicho algo más?- quiso saber.

Negué con la cabeza.

-Vale, pues...voy a llamar a Judith para preguntarle la dirección del hospital. Isa...¿estás bien?

No respondí. Caminé hacia una de las ventanas y allí me quedé, quieta como una estatua, mirando a través del cristal. Al otro lado, en el bosque, había comenzado a llover. Mis ojos se llenaron de lágrimas, lágrimas que manifestaban mi miedo a la más que probable pérdida de James.
Independientemente de que no correspondiera a sus sentimientos, no podía olvidar que era mi mejor amigo. Que había sido ÉL quien me había salvado de no caer en la más absoluta de las depresiones. Que había sido Él quien había conseguido que volviera a sonreír.
A lo largo de mi vida, había visto como mis seres queridos, tanto amigos como familiares, habían desaparecido delante de mis ojos por diversos motivos. Y no había suceso que me aterrorizara más, que la pérdida de alguien que había sido imprescindible para mí.
Los brazos de Michael me rodearon la cintura, a la vez que apoyaba su mentón en mi clavícula. Como si de un antiguo hechizo se tratase, su tacto me produjo una sensación de calidez, una calidez capaz de disipar mis más angustiosos miedos.
Elevé la comisura de mis labios, esbozando una pequeña sonrisa.
Me giré sobre mis talones y contemplé a Michael, que me observaba con tristeza.

-Será mejor que llames a Judith. No podemos permitirnos llegar tarde.

Él seguía sosteniendo el móvil, pero no realizó ademán alguno de llamar a Judith, de hecho, únicamente tenía ojos para mí en ese momento. Alzó su mano derecha con indecisión, y la apoyó con suavidez sobre mi mejilla. Mi mente reaccionó de forma inmediata ante ese estímulo, ordenando a mi cuerpo acercarse al suyo.

Nos contemplamos durante un largo periodo de tiempo, sin decir nada. Aunque a decir verdad, tampoco era necesario. Sólo con mirarle podía sentirle dentro de mí, proporcionándome el apoyo y el soporte que necesitaba.

Eso siempre me había ocurrido,años atrás. Los meses en los que viví esa horrible pesadilla, en el 2009, el mayor consuelo era salir a la calle. Caminaba durante horas, hasta encontrar un sitio donde sentarme. Y una vez allí, alzaba la cabeza, y miraba al cielo. Era en aquellos momentos en el que sentía a Michael en mi interior, momentos en los que casi podía percibir sus dulces palabras, su consuelo. Siempre había sido así. Aunque no hubiera estado físicamente presente, siempre le había sentido a mi lado, alentándome a sonreír.

El móvil volvió a sonar. Michael, como impulsado por un resorte, se separó de mí para mirar la pantalla del móvil.

-Es Judith- murmuró.

Descolgó la llamada y se fue al otro lado del salón. Siguió hablando con Judith sin despegar su mirada de mí. Y fue entonces, cuando un sólo gestó por su parte, me desveló el contenido de la conversación. Sólo cuando ví a Michael entornar sus ojos, fui consciente de lo que había sucedido.

-James...-sollocé.

Las piernas me flaquearon, y me desplomé en el suelo. Percibí el susurro de la voz de Michael despidiéndose de Judith, así como el peso de su cuerpo cuando me abrazó. No había palabras de consuelo por su parte, únicamente sus dulces caricias.

Dejó que llorara todo lo que me hiciera falta, tanto tiempo como necesitara, con tal de purgar aquella pérdida en mi interior.

No recuerdo cuanto duró aquel lapso de tiempo, sólo sé que cuando dejé de llorar, él sujetó mi mentón con su mano, y lo alzó con delicadeza.

-¿Cómo estás?- preguntó.

Me encogí de hombros.

-No lo sé.- mi voz sonaba ronca.

-Isa...-susurró.

Elevé mi mirada hasta encontrarme con sus ojos.

-Quiero que vengas conmigo.

-¿Ir? ¿A dónde?

-A Neverland.

Negué con la cabeza.

-No es una buena idea. Lisa...

Michael presionó uno de sus dedos contra mis labios.

-No me importa lo que diga Lisa. No te voy a abandonar, no en este momento.

-Michael...estaré bien, de verdad. Sólo tendré que acostumbrarme a...

No preví sus movimientos. Antes de que pudiera darme cuenta, nos fundimos en un tierno beso, momento en el cual mi mente dejó de funcionar, cosa que pasaba a menudo cada vez que él me besaba. ¿Debería sentirme culpable? Seguramente. Recibir la noticia de la muerte de mi mejor amigo, y horas después, besarme con Michael, sin duda no eran signos de ser una buena persona.
Fue él quien cortó la magia. Fruncí el ceño, contrariada. Y esbocé una sonrisa al escucharle reír.

-Pero...

-Shhh...te vendrás conmigo.

-Michael...

En vez de responderme, entonó la frase de una canción. Una canción que desde la primera vez que la escuché, supe que era única.

-whenever you need me, I'll be there... Tú has dicho que estarás conmigo hasta el final, ¿no?, déjame hacer lo mismo por tí.