miércoles, 26 de enero de 2011

Capítulo 78


No quise escuchar sus palabras, ¿Para qué? ¿Para hacerme más daño?

Bastante dolida estaba ya con la “huída” de Michael con Debbie como para encima tener que soportar las advertencias de un hombre que no había hecho más que complicarme la vida. Subí a la habitación arrastrando los pies, sin ánimo siquiera de levantar la mirada. Al llegar, me dejé caer sobre la cama, confusa y aturdida. No hacía más que pensar en cómo y por qué había llegado a esa situación, qué era lo que había hecho mal. Si se me había ofrecido la oportunidad de volver atrás en el tiempo para salvar a Michael…

¿Por qué estaba dejando que cometiera lo que ya cometió en el pasado? ¿Acaso era un problema mío? Quizás otra chica que hubiese tenido la misma oportunidad no habría dejado que Michael llegase hasta el punto donde se encontraba ahora. Quizás otra persona le hubiese salvado.
Estuve así horas y horas, hasta que oscureció.

La aparición de la plateada luna sobre el cielo trajo consigo la llegada de Michael. Al escucharle abrir la puerta, cerré los ojos. No era capaz de mirarle, no cuando la culpa me abordaba desde la cabeza hasta los pies. Percibí como caminaba hasta la cama, sentándose sobre ella.

Era tal el silencio que podría jurar escuchar los latidos de su corazón, firmes y acompasados.
-Isa…

No respondí.

-Sé que estás despierta.

-Mentira. No lo estoy.

-Sí, sí que lo estás. Cuando estás dormida tienes la boca abierta de par en par.

- Sabes que no es verdad- contesté en un susurro.

Le escuché reírse con suavidad a la vez que me acarició la mejilla con una de sus manos, siempre con delicadeza, como si de una pluma se tratase.

-No, no lo es. Pero te conozco lo suficiente como para saber que no estabas dormida. ¿Qué te pasa?

-Nada. ¿Cómo ha ido el ensayo?

Su mano se detuvo a medio camino de llegar a mis labios.

-Dime qué te pasa. Y por favor, abre los ojos y mírame. Cuando rehúsas mirarme es cuando me confirmas que algo ocurre.

Suspiré y abrí los ojos, pestañeando un par de veces hasta enfocar la vista. Su perfecto rostro se encontraba a escasos centímetros del mío, los suficientes como para sentir su respiración.

Él aguardaba en silencio, esperando una contestación.

-Michael… ¿Soy una mala persona?

Vi como procesó mi pregunta durante un par de segundos, a la vez que me tendía una mano y me incorporaba, para poder estar así más cerca suyo.

-¿Por qué dices eso?

-Porque no puedo evitar que te hagan daño-me limité a responder.

“¿Acaso podré evitar lo que le queda por venir?” preguntó una voz en mi cabeza. No me hizo falta responder. Unas lágrimas pugnaron por salir, provocando que me escocieran los ojos. Era evidente que no iba a poder evitar nada, Eric no me lo iba a permitir.

Finalmente, las lágrimas arrasaron mis ojos, descendiendo lentamente por mis mejillas. Apenas en un par de segundos, imperceptibles para mí, Michael me envolvió en uno de sus abrazos, uno de esos cálidos que me hacían sentir segura en aquel pequeño espacio. Habría pasado toda mi vida abrazada a él, era el único modo en el que conseguía calmarme.

-No llores…-susurró.- Tú eres la única que puedes salvarme.

Dejé de llorar casi al instante.

-Eso no tiene sentido.

-Sí lo tiene. Verás…hay cosas de las cuales no puedes salvarme… ni yo mismo puedo hacerlo, como de la prensa, los paparazzis… Da igual cuántas veces lo intentemos, siempre van a estar ahí, a la espera de un nuevo titular con el que golpearme. Pero en cambio…me has salvado…de mí mismo.

Le miré, sin entender nada. ¿Salvarle de él mismo? Pero si era el propio Michael quien tejía un escudo a su alrededor para salvarse, para evitar que la gente le viese vulnerable…

-Me has salvado-continuó-de la persona que represento de cara al público. Yo ya no reconozco a Michael Jackson. No sé quién es. Esa persona que saca discos, hace conciertos multitudinarios, esa persona a la que la tachan de extravagante, de ser raro… esa persona no soy yo. Antes de que aparecieses, vivía a la sombra del personaje. Ahora has evitado que él supere a la persona, a lo que soy yo. ¿Me entiendes ahora?

Hice un esfuerzo por comprender sus palabras. Yo siempre supe, antes incluso del fatídico día, que cualquier personaje público mostraba dos imágenes:

La que la prensa inventaba de él, la idea que se formaban alrededor de la actividad que desempeñaba, y la imagen real, innumerables veces mucho más increíble de lo que cupiese imaginar. A Michael Jackson, como tal, le habían creado:

Tanto su padre, como sus productores musicales, los periodistas, los fans… habían creado al artista.

¿Pero y el hombre? ¿Quién había creado al hombre?

La respuesta llegó antes de que pudiese contestarle.

-Isa…-concluyó envolviéndome de nuevo en un abrazo- Sólo soy yo cuando estoy contigo. Y por muchos años que pasen, nunca serán suficientes para que pueda agradecértelo.

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¡Siento si el capítulo ha quedado algo escueto! He tardado tanto en subirlo porque escribirlo no ha sido fácil, ya que he tenido que meterme en lo que es la mente de Michael para saber qué pensaba él sobre sí mismo. Me gustaría saber vuestra opinión al respecto, si creéis que así se se veía Michael realmente o se veía de otra manera, de ese modo, entre todas podremos conocer un poquito mejor a nuestro Michael :)

Una vez más, muchísimas gracias por el apoyo, sois las mejores!!!

miércoles, 19 de enero de 2011

Capítulo 77.


Genial. Perfecto. Cuando parecía que finalmente la pesadilla de Matt y Eric había llegado a su fin, hacía su aparición en escena la que sería la madre de Prince y Paris, los dos hijos de Michael. Por lo cual, y si lo estáis pensando… sí, debía preocuparme.

Michael no dejaba de sonreír, a la espera de una respuesta. Así que con la poca fuerza que me quedaba, esbocé una débil sonrisa.

-Es un placer-contesté estrechándole la mano a Debbie.

Ella se limitó a sonreír y a asentir con la cabeza.

-Ha venido desde los Ángeles para recetarme una pomada, por el Vitíligo.-continuó explicando Michael.

“Y para proponerte que seas padre…” refunfuñó una voz en mi cabeza.

-¡Vaya! Eso está genial –mi voz desde luego dejaba mucho que desear si lo que pretendía era sonar sincera, pero a esas alturas, me costaba un mundo fingir.- Bueno, ¿Nos vamos al ensayo?

-Pues…es que…-titubeó Michael- verás…por razones de seguridad y demás, sólo está permitido que me acompañe una persona…Y como Debbie ha venido desde tan lejos sólo para verme, había pensado que…

Vale. Hasta ahí podían llegar las cosas. ¿Es que acaso se iba a repetir la historia otra vez? ¿De verdad iba a llevar a esa mujer en vez de llevarme a mí? No es que me cabreara no ir a un ensayo, ya los tenía memorizados de las múltiples ocasiones en las que le había acompañado. Me cabreaba, o más bien, me preocupaba que quisiese ir justamente con Debbie.
En esos instantes, hasta Lisa Marie me caía bastante mejor que su dermatóloga, desde luego.

-…Ir con Debbie-concluyó él.- No te importa, ¿verdad? No tardaré mucho. El ensayo general es mañana por la mañana y no quiero volver muy tarde porque me gustaría descansar.

Silencio. Silencio. Más silencio.

-¿Isa?-preguntó con un deje de preocupación en la voz.

-¿Eh? Ah, no, claro que no. Divertíos… ¿Vendrás para cenar?

-Con un poco de suerte llegaré antes incluso, y así podremos dar un paseo.

No añadió más. Se asomó levemente por la puerta de la furgoneta (Sí, no se había molestado en salir) y se despidió de mí con un suave beso.

Me quedé allí, pasmada, hasta que la furgoneta arrancó y desapareció tras una esquina. No eran los celos los que me embargaban. O bueno, puede que en un mínimo porcentaje sí. Lo que me aterrorizaba era otra cosa. Si esa mujer ofrecía a Michael ser la madre de sus hijos, se casaría con él.
No era obligatorio, pero conociendo el concepto de la unidad familiar de Michael, no cabía ninguna duda. Una duda comenzó a abrirse paso a través de la maraña de pensamientos que tenía en ese momento en mi cabeza. Y sólo había una persona capaz de solucionármela.

Busqué a Eric nada más atravesar las puertas del Hotel. Sabía que se iba a encontrar allí, por descontado. Y así era, le localicé sentado en uno de los sillones al lado de la recepción.

Con un par de zancadas, llegué hasta donde se encontraba.

-¿Qué quieres saber?-preguntó, siendo plenamente consciente de que antes o después iba a querer hablar con él.

-¿Puedo quedarme…embarazada?

-No.-respondió tajante.

-¿Por qué?

-Isabel, es muy sencillo. ¿O tengo que recordarte que no estás viviendo a tiempo real, que estás en 1996, y que realmente, y tal como son mis cálculos, tienes 6 años? ¿Qué te parece esa razón? La única manera en la que podrías quedarte embarazada, sería pedirme volver al 2011, continuar la relación que tienes con Fran, acostarte con él…de esa manera sí podrías hacerlo. No hay otra. ¿Por casualidad no querrás…?

-¡No!-interrumpí antes de que acabase de formular la pregunta-¡es evidente que no!

-Pues entonces…-contestó con sorna.

-¿Y qué hago? ¿Qué puedo hacer?

-Absolutamente nada.

-No es justo.

-Lo sé.-respondió con la mirada fija en el techo del hotel.

-¿Y tú no puedes impedirlo?

-Se supone que estoy aquí precisamente para impedir que tú cambies la vida de Michael, lo que a estas alturas ya es algo imposible. Como comprenderás, no voy a meterme en medio.

-Genial-refunfuñé.-Muchas gracias.

-No hay de qué.

Furiosa, giré sobre mis talones y avancé con rapidez hacia el ascensor.

-¡Ah, y una cosa!-le escuché gritar-¡Yo que tú no tendría demasiadas expectativas para esta noche, no cuando Michael te va a proponer ser padre!.
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¡Siento muchísimo este retraso, de verdad! Espero que hayáis disfrutado con el capítulo, se avecinan algunos bastante más difíciles de sobrellevar, pero ya sabéis que intento ser lo más fiel posible a la historia real :)
Un besazo muy fuerte a todas, y gracias, GRACIAS por seguir ahí!! :D



sábado, 15 de enero de 2011

Más demoras.

Chic@s, sintiéndolo muchísimo me veo obligada a seguir demorando la continuación de la historia, esta vez debido a problemas personales.La trama ya está escrita, el desarrollo de los capítulos restantes también...pero no tengo de momento tiempo material para subirlos...

Prometo compensar este retraso en cuanto me sea posible, ¡de veras!

¡Un abrazo a todas muy fuerte!

lunes, 20 de diciembre de 2010

Capítulo 76


-¿Y no puedo ir contigo?-pregunté esperanzada.

Él se giró para mirarme y esbozó una traviesa sonrisa.

-¿A qué viene de repente tanto énfasis por acompañarme?

-Es que…te voy a echar de menos-me limité a contestar.
Era cierto, pero también lo era que no me apetecía quedarme en la habitación con el susodicho Matt.

Por unos segundos, a Michael se le enterneció el rostro, lo cual me hizo pensar por unos instantes que había conseguido mi propósito. Pero…me equivocaba. Otra vez.

-No tardaré-me prometió con dulzura.

Y tras darme un fugaz beso en los labios, se marchó, dejándome en la puerta de la habitación sin saber muy bien dónde meterme o qué hacer. “No seas cobarde”, me regañé a mí misma. Cogí aire y volví a entrar en la habitación. Observe detenidamente como Matt se encontraba aún en la terraza, hablando por teléfono.
Fruncí el gesto, confusa. Físicamente, ese chico distaba mucho de parecerse a la persona que me había atormentado en sueños durante semanas, sin duda. Pero tenía que tratarse de él, ¿De quién si no? Me apoyé contra la pared al verle colgar y salir del balcón.

Me contempló unos segundos y luego se acercó hacia donde me encontraba, tendiéndome la mano.
-Hola. ¿Qué tal? Es un placer conocerte.

Solté el air de golpe y estreché su mano, obligándome a ser cortés y amable.

-Igualmente, yo soy Isa.

-Ya, me lo ha dicho Michael. Debe de ser genial que seáis primos lejanos, ¿verdad?

Un momento. ¿Había dicho “primos lejanos”? ¿De dónde se sacaba semejante estupidez? Estuve a punto de contestarle eso mismo, pero por fortuna caí en la cuenta de que, quizás, Michael había mentido sobre nosotros para protegernos de la prensa.
Al fin y al cabo, nadie nos podía garantizar que ese chico no fuese a contarlo todo nada más salir del Hotel. Así que opté por actuar de la mejor manera que pude.

-Sí, la verdad es que sí. Es una pena que nos veamos tan de vez en cuando, pero estoy encantada de tenerle por aquí, aunque sólo sean unos días.

Matt no dejaba de mirarme. Y me sorprendió gratamente el hecho de no ponerme nerviosa, ni de balbucear, como me ocurría en mis sueños. Aunque pensándolo mejor, en ese preciso momento… ¿Cuántos años tendría él? ¿19? ¿20?
El Matt que me tenía preocupada tendría entre los 30 y los 33 años, según me lo mostró Eric. Así que…gracias a Dios, ese chico no me atraía lo más mínimo. No en ese momento, al menos.
Ese pensamiento provocó que todo mi cuerpo se relajase notablemente.

-Pero si hace tanto que no os veis… ¿Cómo es que no te has ido a los ensayos con él?

-¿Quieres que te diga la verdad? Eso mismo me pregunto yo.

Permanecimos callados. Sólo interrumpió la quietud del momento el estridente ruido del teléfono.

-Deberías contestar.

-¿Eh? Ah sí, claro- respondí, interrumpiendo bruscamente mis pensamientos.

Caminé con expresión ausente hacia el aparato y lo descolgué.

-¿Diga?

-Isa, soy Mike.

Sonreí.

-Ya me he dado cuenta.

Y tanto…podría reconocer su voz a kilómetros de distancia.

-Seguro…Oye, que lo he pensado mejor…y…¿Te vienes al ensayo? Pisar tierras españolas no es lo mismo si no te tengo a mi lado tropezándote cada dos por tres.

-Vaya…es todo un honor que eches de menos mis caídas y no a mí.

Su suave risa se escuchó desde el otro lado de la línea.

-No seas tonta. ¿Bajas? Estoy en la parte trasera del hotel en una furgoneta blanca. Te espero allí.

La llamada se cortó. Me giré con intención de disculparme pero Matt me detuvo alzando una mano.

-Lo sé, tienes que irte, es normal.

-Sí…bueno, tal vez nos veamos en otra ocasión-contesté quitándole hierro al asunto.

-Claro, me encantaría. Siempre podemos vernos cuando Michael se marche, supongo que estos días estarás con él, ¿No?

Una pequeña parte de mí se entristeció al preguntarse cuando volvería a verle, ya crecido y cambiado. Supuse que sólo el tiempo, y Eric, serían capaces de responderme a esa pregunta.

-Ha sido un placer, Matt.

-Igualmente Isa.

Y tras darnos dos rápidos besos en la mejilla, salí de la habitación, precipitándome escaleras abajo hasta llegar a la planta baja.
No me fue difícil averiguar dónde se encontraba la furgoneta, pues a través de unas ventanas se veía con claridad. Aceleré el paso hasta llegar al vehículo y golpeé la puerta un par de veces, que se abrió a un lado dejando entrever a Michael…

Y por desgracia para mí, a otra persona más.

-Isa-comento él- quiero presentarte a una amiga muy especial y a la que es actualmente mi dermatóloga. Debbie Rowe.



sábado, 18 de diciembre de 2010

Problemas.

Chicas, me temo que tengo un inconveniente bastante gordo.
Resulta que se me ha estropeado el ordenador y no encuentro manera alguna de encenderlo, así que sintiéndolo mucho no voy a poder subir capítulos hasta que consiga arreglarlo.

Y he decidido agradecer todo vuestro apoyo de la siguiente manera: VOSOTR@S seréis quien decida cómo va a terminar la historia, pues va a tener 2 finales diferentes. El que estaba previsto, y el que vosotras elijáis. :)

Os agradecería muchísimo que fueséis poniéndome vuestras sugerencias para ir dando forma a la historia, que ya sabéis que le quedan pocos capítulos.

Un beso enorme, y muchísimas gracias por vuestra comprensión!!!!!

viernes, 10 de diciembre de 2010

Capítulo 75.


Lo que más habría deseado en ese momento sería, sin duda, que Michael se hubiese negado y que aquello no fuese más que un inoportuno encuentro.

Eso es lo que habría deseado. Michael, desde luego, no era esa clase de persona.


-Sí,¡claro!-respondió con una sonrisa- ¿Dónde lo quieres?

Matt dejó caer de su espalda una pequeña mochila, la abrió y empezó a sacar cosas: todas de Michael. Discos, camisetas, singles, cintas de vídeo, posters, entradas de conciertos… ni yo misma en mi época fan había llevado nunca semejante cantidad de cosas encima… más que nada por miedo a perderlas, dada mi capacidad para olvidarme las cosas en los sitios menos indicados.
Observé como Matt miraba indeciso entre todos los objetos, supuse que sin saber cual escoger.

-Pues…la verdad es que no lo sé-contestó él con una risa nerviosa.

-Bueno-respondió Michael-haz una cosa. ¿Por qué no te vienes a nuestra habitación? Tengo la mañana libre e incluso podría firmarte todo.

El chico le miró con los ojos como platos y la boca semiabierta a causa de la sorpresa. Tras unos segundos, comenzó a reírse, y Michael se unió a sus risas.

-Anda vamos-le dijo mientras le ayudaba a recoger la mochila y emprendían el camino a la habitación, charlando como si fuesen íntimos amigos.

Me quedé allí, a la espera de que al menos mi novio se acordara de que me había dejado atrás, pero no. Antes de entrar en la habitación se giró para localizarme.

-Isa, ¿vienes?

-Esto…si, ahora voy…tengo…tengo hambre, voy a bajar a por algo de comer.

Michael asintió con la cabeza, me guiñó un ojo, y entró en la habitación con Matt. Decir que estaba mosqueada era poco, muy poco. Odiaba que Mike fuese tan amable…bueno, no lo odiaba. Sólo odiaba que se comportase así con la gente que me estaba amargando la vida.

No tenía pensado pasarme por la habitación en horas, hasta que Matt se hubiese ido, por lo que decidí darme un paseo por el Hotel. Al pasar por una de las cafeterías, me encontré con Eric, que seguramente me estaba esperando.

-Te estaba esperando-comentó sonriendo.

(¿Veis?, lo que yo decía.)

-Hola- saludé desganada.

-¿Qué tal Matt? ¿Se lleva bien con Michael?

Le fulminé con la mirada y me senté en una de las mesas.

-¿Has hecho eso aposta?

-¿El qué?-preguntó.

-Eso…lo de que se lleven bien

-Isabel…puedo alterar el paso del tiempo, pero no interferir en el libre albedrío de las personas. Si a Michael le ha caído bien, o si se hacen amigos, no es asunto mío. Ya deberías saberlo.

Fruncí el ceño, disgustada. Evidentemente, tenía razón.

-Es igual…de todas formas no quiero volver a cruzármelo nunca más.

-No seas tonta, sólo son 3 días los que vais a estar aquí. Disfrútalo mujer. El chico es un encanto.

-Como si es el mismo mesías. Eric, que me da lo mismo. No quiero volver a verle.

-Bueno como quieras. Pero como se hagan amigos es algo que vas a tener que soportar… a no ser, claro…

-¿A no ser…?-pregunté.

-A no ser que me pidas que te lleve de vuelta al 2010.-respondió con una ancha sonrisa.

-Prueba con otra cosa. Porque eso será lo último que te pida.

-En ese caso no te quejes. Disfruta del tiempo que te he ofrecido al lado de Michael, y ya está.
Matt solo intervendrá en tu vida en caso de que lo desees así, ¿no te das cuenta? Libre albedrío, ¿recuerdas?

-Vale, vale, lo capto. ¿Y tú que estás haciendo aquí? ¿No deberías irte a donde quiera de donde provengas?.

-Puede. ¡Pero es que es taaan divertido espiaros!

Por primera vez desde que le había conocido, nos echamos a reír. Riéndome con la persona que me estaba complicando la vida. No tenía sentido. Aún así…¿algo de los últimos 7 años lo tenía?

-Bueno Eric, voy a subir a la habitación. Quizás se haya ido ya.

-No se ha ido-contestó él.

Suspiré y me encogí de hombros.

-En fin, pues esperaré. Hasta la próxima.

-No dudes que la habrá-respondió.

Abandoné el bar con la mente en blanco. Si lo que me había dicho Eric era verdad, no tenía ningún problema. Si yo no lo deseaba Matt no iba a cambiar nada, así que podía estar tranquila.
En cuanto llegué a la puerta de la habitación, cogí aire y llamé suavemente con los nudillos. Casi al instante Michael abrió la puerta de un tirón, mientras me regalaba su mejor sonrisa. Entré en la habitación y él me sepultó en un dulce abrazo. Sus labios comenzaron a recorrer mi mejilla, siempre con la presión y la suavidad de una pluma, pero no por ello menos intensos. Cuando descendió por mi cuello le detuve. Él me miró contrariado.

-No creo que hacer esto sea lo más adecuado cuando tenemos visita-le recordé.

-Está en el balcón haciendo unas llamadas.

-Aún así, no es el momento.

-Nunca es el momento-masculló, disgustado.

-¿Perdona?

-Lo que oyes, siempre dices que estás cansada o que no es el momento, o que no es lugar…siempre hay un pero.

En esta ocasión fui yo la que abrió los ojos como platos. ¿Qué YO me había negado a…a… a acostarme con Michael? ¿Eso desde cuando? “Eric y sus trampas, seguro” dijo una voz en mi cabeza.

-Esta noche, Michael.

-Ya, claro, siempre dices lo mismo- contestó bajando las comisuras de sus labios y mostrándome un perfecto puchero.

Me eché a reír.

-¡Michael! Esta noche. ¿Vale?

Él lo sopesó durante unos segundos.

-No sé, a lo mejor soy yo el que está cansado…es broma, es broma. En fin, yo me tengo que ir.

-¿Irte? ¿A dónde?

-Tengo ensayo. Mañana es el concierto. Pero no te preocupes, le he dicho a Matt que se quede contigo a hacerte compañía. Es muy simpático. No me pongas esa cara. ¡Seguro que os lleváis genial!

lunes, 6 de diciembre de 2010

Capítulo 74.


Me incorporé con lentitud y miré a mi alrededor para situarme. Me encontraba en una de las habitaciones de mi apartamento, tendida en la cama. Volví a mirar a Michael, sujetando su rostro entre mis manos, asegurándome de que él seguía siendo real, y que no había cambiado nada. Las facciones de su rostro se habían vuelto algo más finas y delicadas, su piel estaba coloreada de un color algo más claro que 2 años atrás. Pero seguía siendo Michael. Seguía siendo mi Michael. Aferré con fuerza el cuello de su camisa roja y tiré de él hasta tumbarle en la cama a mi lado para poder abrazarle con más facilidad. Él acarició con suavidad mi mejilla y esbozó una sonrisa burlona.
-Vaya, voy a tener que venir más a menudo a despertarte. No sabía que me echaras tanto de menos. Y más aún cuando nos vimos ayer por la tarde.
Iba a contestar, pero unos pasos que no eran los nuestros llamaron mi atención. En apenas un par de segundos, Judith entró en mi habitación como si de un torbellino se tratase.
-No es por ser una aguafiestas-anunció con petulancia en la voz-Pero tenéis que coger un avión en una hora, y el aeropuerto está atestado de periodistas. Y yo tengo que estar en el trabajo en 50 minutos. Y si queréis que os lleve en el coche de la empresa tenéis que...

Vale. Judith tampoco había cambiado. Seguía estresándome tanto o más que el primer día. Dejé que siguiera hablando. Estaba demasiado ocupada escuchando la respiración de Michael, que me rodeaba con los brazos. Tenía la sensación de que la charla de Judith le estaba importando lo mismo que a mí. Finalmente, se separó de mí, y me tendió una mano para ayudarme a ponerme en pie.
-¡Ya era hora!-exclamó Judith mientras abría el armario y sacaba una maleta- toma, aquí tienes tus cosas. Sí, ya me he encargado yo de preparártelas, porque como tuvieras que hacerlo tú, nos daría tiempo hasta de ver nacer a tus hijos, porque claro, como eres tan desordenada, pretendes que los demás...
-¡JUDITH!-La interrumpí alzando mi voz unas ocho octavas por encima de la suya- Ya vale. Y gracias por la maleta.
Ella me escudriñó con la mirada, para después encogerse de hombros.
-Os espero en el coche. Y como tardéis más de 5 minutos me voy sin vosotros.
Tras decir aquello abandonó la habitación. No respiré hasta oír como se cerraba la puerta del apartamento. Al comprobar que estábamos solos, Michael y yo soltamos el aire a la vez.
-Esto de que la hayan ascendido no la sienta bien, ¿eh?-comentó él mientras yo abría mi armario, escogía unos pantalones, una camiseta, y me cambiaba.
-Supongo que no-respondí. Desconocía que hubiesen ascendido a mi amiga, pero al fin y al cabo, era una buena noticia- Por cierto Michael...¿Cuántos días vamos a estar en España?
Le miré de reojo y ví como echaba cuentas mentalmente.
-Pues...creo que 4 días. Tengo 2 conciertos allí. Aunque si quieres podemos quedarnos más, claro.
¿Cómo? ¿Quedarme más allí? ¡Era obvio que no! Es más...¡ni siquiera quería ir!
-No hace falta amor, no quiero interrumpir tu gira.
Abrió los ojos como platos y esbozó una sonrisa de esas que con seguían dejarme sin respiración.
-¿Qué has dicho?-preguntó enarcando una perfecta ceja.
-Que no me apetece interrumpir tu gira por uno de mis caprichos.
-No, no digo eso. ¿Cómo me has llamado?
Adivinando sus intenciones, correspondí a su sonrisa y caminé hacia la puerta.
-Será mejor que nos vayamos ya, Judith debe de estar echando fuego por los ojos ahora mismo.
-Eh, no tan deprisa-dijo mientras se colocaba tras la puerta, impidiendo mi salida.- ¿Cómo me has llamado?
-Amor-contesté encogiendome de hombros.
-¿Amor?
-Sí. Perdona si te llamo amor-contesté citando a uno de mis autores favoritos del 2009.
Por el rostro de Michael pasó la más extrañas de las expresiones.
-¿No te gusta?-pregunté.
-Claro que me gusta. Es...diferente.
Mi móvil emitió un zumbido. Miré la pantalla. Se trataba de un mensaje de Judith. Lo leí en voz alta.
-“Me voy a ir ya, os lo digo en serio. Vosotros veréis, pero Michael actúa mañana, no sé como lo veréis...”
-Vamonos anda.
Aferré su mano con fuerza, y abandonamos el apartamento. Apenas fui consciente de nada más, sólo de que los brazos de Michael me rodearon en todo momento, firmes y dulces a la vez. En el avión me encontraba extrañamente cansada, así que dormí durante todo el viaje. Los labios de Michael presionando mi frente me despertaron.
-Arriba pequeña, ya hemos llegado.
Abrí los ojos, repentinamente alerta, y miré alrededor. Toda una comitiva de periodistas y fans nos esperaban. Miré a Michael con la interrogación en los ojos.
-No te preocupes-me tranquilizó él.-Yo salgo primero. Y pasados diez minutos sal tú, afuera hay un coche que te llevará al hotel. Nos encontraremos allí, ¿vale?
Asentí algo aturdida. Él besó mi frente con ternura y bajó del avión. Transcurrido el tiempo que el me había dicho, imité su movimiento. Para entonces por supuesto ya no había ni un alma en la pista. Salvo un flamante coche negro.
El viaje al hotel se me hizo muy corto, apenas fueron cinco minutos más. El hotel ya lo conocía, pues lo había visto en múltiples reportajes con anterioridad. En la recepción, rodeado de productores musicales y de empleados del hotel, se encontraba Michael, firmando unos papeles. No sé como lo supo, pero adivinó que había llegado, ya que alzó la cabeza y al localizarme, guiñó un ojo en mi dirección. Miré nerviosa a mi alrededor, como esperando encontrarme a Matt en cualquier momento. Pero nada. No había nada en aquel sitio aparte de Michael que me llamara la atención.
Me equivocaba. Al otro lado de la estancia, recostado sobre una pared, me contemplaba Eric, con una sonrisa de oreja a oreja. El brazo de Michael me distrajo.
-Ya he terminado Isa. ¿Subimos a la habitación?
-Sí, claro.
Cuando entramos en el ascensor y se cerraron las puertas no pude evitar soltar un suspiro de alivio.
-¿Estás bien?-preguntó preocupado.
-Sí,sí...es sólo que tanto trajín me agobia un poco.
-Claro, lo entiendo.
Las puertas del ascensor se abrieron al llegar al ático. Alcé la mirada. Allí estaban esos ojos verdes, mirándome con curiosidad desde el pasillo. La sangre dejó de circular por mis venas,a causa de la sorpresa. Ese era Matt, sin duda. Lo supe por el escalofrío que me recorrió nada más verle. Él en cambio, me ignoraba por completo, pues observaba completamente fascinado a Michael.
-Hola. Me llamo Matt, encantado de conocerte. ¿Me firmas un autógrafo, por favor?