jueves, 18 de noviembre de 2010

Capítulo 72.


No viví jamás momentos tan felices como los que se sucedieron a continuación.

-Hay algo que quiero que veas-dijo Michael.

-¿El qué?

-¿Ya estás preguntando? Es una sorpresa.

-¿Ya estás con las sorpresas?-me burlé mientras le sacaba la lengua.

Él volvió a deleitarme con una de sus sonrisas y se adentró en la habitación, cogiendo el mando de la televisión y sentándose en el borde de la cama. Palmeó el colchón, indicándome que me sentara a su lado. No tardé apenas tiempo en hacerlo.

-¿Vamos a ver una película?-pregunté con curiosidad.

-¿Sería eso una sorpresa por mi parte?

-No necesitaría mucho más teniéndote a mi lado-respondí a la vez que le daba un leve beso en el cuello.

Sentí como se estremeció ante esa muestra de cariño, pero no despegó los ojos de la pantalla del televisor.

-Vale,vale-refunfuñé-la sorpresa.

Él en cambio sólo me respondió con un asentimiento de cabeza.

-Te va a gustar, ya lo verás.-Y a continuación pulsó uno de los botones del mando.

Lo que vi reflejado en la televisión me dejó literalmente sin habla.
Se trataba de un vídeo casero, en Neverland, en el que se nos veía a Michael y a mí en diferentes momentos desde 1989. Corriendo, cocinando, bailando en el cine, paseando...mis ojos se anegaron en lágrimas a causa de la sorpresa y de la emoción. Esas imagines eran la confirmación de que todo lo que había vivido era real, la confirmación de que, no importara lo que pasara, esas escenas existirían siempre.
Apenas percibí como Michael me rodeó con sus brazos para compartir conmigo aquel momento. Era todo tan precioso, tan mágico...una de las escenas me hizo sonreír. Se trataba del primer día que vivi en Neverland, en el que exploté un globo de agua sobre la cabeza de Michael. Verme corriendo para tratar de esquivarlo me hizo darme cuenta de la cantidad de tiempo que había transcurrido, aún sin yo darme cuenta de ello.
El vídeo finalizó con una frase. Corta, sencilla, pero sincera. Michael la pronunció a la vez.

-A mi pequeña campanilla. Te quiero, Michael.

El vídeo se paró y la televisión se apagó, pero yo aún era incapaz siquiera de moverme o de decir algo, pues en mi mente aquellos escasos minutos no paraban de reproducirse una y otra vez, negándose a desaparecer. Y yo por supuesto tampoco quería. Su voz me sacó de mi ensoñación repentinamente.

-¿Y bien? ¿Te ha gustado?

Tragué saliva para poder hablar, pues la boca se me había quedado seca.

-Es...precioso.

-Sabía que te iba a gustar.

-Pero Michael, hay algo que no comprendo.

-¿El qué?

-¿Cómo no me di cuenta, nunca, en todos estos años, de que nos estaban grabando?

-Bueno, mis camarógrafos están contratados precisamente por eso, por su discreción. A mí desde pequeñito siempre me han grabado, no sólo sobre el escenario. Cuando cumplí la mayoría de edad desee que así continuase siendo, pero sin sentirme observado ni grabado en ningún momento. La verdad es que son unos expertos, ¿No crees?.

Asentí pensativa hasta que sonreí ampliamente.

-Me gusta entonces.

-¿Sí?-preguntó con curiosidad.

-Claro. Es más, si te fijas, se ve claramente como tú me tiraste al suelo, y no que me caí yo como me has hecho creer todos estos años.

-¡Eso no es verdad!- se quejó mientras me hacía cosquillas.

-¿No? Ya verás...¡Ponlo de nuevo!

¿Cómo transcurrió el resto de la noche? Como podéis imaginar. Viendo el vídeo una y otra vez, discutiendo y peleándonos para ver quien tenía razón. Tras unas horas, vi como el sol comenzó a alzarse en el horizonte, iluminando levemente la habitación. Michael seguía a menos de dos palmos de la televisión, sumamente atento.

-¡Ahí!¿Lo has visto?-exclamó mientras señalaba con el dedo a la pantalla.-¡Te caíste sola! ¡Fíjate bien!

Me eché a reír ante su insistencia, pero mi risa se cortó ante un repentino bostezo.

-Michael, estoy cansadísima. ¿Qué te parece si seguimos debatiendo mi torpeza después de dormir algo?

Tras apenas decir aquello, apagó la televisión y abrió la cama. Me tomó de la mano y me ayudó a acostarme, pues me costaba horrores mantenerme con fuerzas a esas horas.

-No es necesario que te molestes tanto, en serio...

-Ni siquiera tienes fuerza para taparte, tontorrona-susurró en mi oído.

-Pero...

-Y tampoco las tienes para discutirme. Anda, descansa. Mañana tenemos un día entero lleno de actividades.

Gemí bajo las sábanas.

-Querrás decir hoy...y estoy hecha polvo. No creo que pueda salir de la cama en meses.

-Exagerada- su suave risa me relajó aún más.

Sentí como se acostaba a mi lado y me rodeaba con sus brazos.

-¿Qué canción quieres que te cante hoy?

-Mmmm-el sueño me impedía hablar, prácticamente- la que quieras...

No contestó. Y mientras acariciaba mi pelo con dulzura, comenzó a tararear “Human Nature” hasta que me abandoné a la inconsciencia del sueño.

Y allí estaba él, de nuevo. Pensé que por fin su recuerdo, o lo que fuese, iba a dejar de acosarme cada noche, pero me equivocaba.

Matt, aquel extraño chico misterioso, se encontraba caminando al lado de la que suponía que debía de ser yo, por la calle, tranquilamente, como cualquier pareja. Les escuché reírse, pues me hallaba a escasos metros por detrás de ellos. Aceleré en paso para escuchar de qué hablaban.

-¿Recuerdas cuando me dijiste que me querías?-preguntó Matt.

-Cómo olvidarlo-me escuché responder- Después de tomarnos las uvas, en Nochevieja, con unas copas encima de más y delante de toda tu familia.

-Estabas taaan graciosa-cometó él mientras se reía.

-Lo que tú digas listillo, pero lo realmente gracioso fue ver la cara que se te quedó. ¡Estabas rojo como un tomate!

Mi doble empujó a Matt cariñosamente. Él continuó hablando.

-Lo que si que recuerdo bien era la canción que sonaba de Michael de fondo. “Human Nature”

-Sí, me encanta esa canción. Además, a veces tengo la sensación de que el propio Michael me la cantó alguna vez.

-Ja ja ja, qué graciosa. Ojalá Isa. Ojalá hubieses tenido la oportunidad de conocerle. Era una persona tan mágica...

-Qué suerte que tuviste tú de conocerle. Ahora para mí ya es tarde.

Ella empezó a llorar. Y yo también, como si de un acto reflejo se tratase.

Y de nuevo, me desperté ahogando un grito y bañada en sudor.

¿Hasta cuando? ¿Hasta cuándo iba a atosigarme el recuerdo de una persona que no conocía? ¿Qué demonios estaba ocurriendo?


miércoles, 17 de noviembre de 2010

Capítulo 71.


Sólo me hizo falta una mirada. Una mirada para darme cuenta de que él era la persona a la que amaba, la persona que siempre había formado parte de mí, aún muchas veces sin yo saberlo. Todo lo que pudiese querer o necesitar se encontraba a unos pocos centímetros de mi rostro. Sus ojos, su sonrisa, su voz, la perfecta forma de sus labios...Simplemente, él.

-¿Y bien?-preguntó impaciente.

-Sí, claro que quiero.

La sonrisa que esbozó a continuación me dejó literalmente sin habla y sin respiración. Con suma lentitud, se aproximó a mí y rozó levemente sus labios contra los míos. Ninguno quiso concluir ese beso, al contrario, prolongamos el momento inconscientemente. Eso era lo que yo siempre había soñado vivir, esa momento de cuentos de hadas que a lo largo de mi vida había estado buscando constantemente. Finalmente, nos separamos. Michael me contempló unos segundos más antes de echarse a reír.

-¿Qué pasa?-quise saber.

-Me encanta cuando te sonrojas. Es tan adorable...

-Ya deberías haberte acostumbrado.

-Nunca lo haré.-contestó en un susurro casi inaudible.

El tiempo restante de la velada transcurrió entre bromas, risas, besos y sobre todo, con tranquilidad, algo que nos había sido imposible tener en los últimos años. Ni Eric, ni Matt...nadie podía estropear aquella velada.

-Pequeña. Sólo hay un problema. No podemos casarnos de una manera oficial. Ya sabes que mi matrimonio con Lisa continúa, aunque sea sólo por meras apariencias.

-Lo entiendo. Tampoco quiero que lo sepa nadie.

-¿Nadie? ¿Ni siquiera Judith?

Negué con la cabeza rápidamente.

-Podrá sobrevivir a ello. Esto es un asunto entre tú y yo.

-¿Nadie? ¿Ni siquiera un cura o un matrimonio rápido en las vegas?-preguntó el con incredulidad.

-No. Nadie de nadie.

-¿Testigos?

Me eché a reír ante su insistencia.

-No, Michael. Tú y yo. ¿Qué hay más oficial que eso?

Le lancé una mirada llena de significado, a la espera de que lo comprendiera. Tras unos segundos, abrió la boca con sorpresa.

-Ah! Ya entiendo. ¿Cuándo te viene bien?

-Pues espera que mire mi agenda.

Simulé hojear un cuaderno inexistente, con gesto de concentración.

-Vaya...tengo muy pocos huecos libres. Veamos...Ah, sí. Mira, tengo uno dentro de 5 minutos, en la habitación.

Él se echó a reír ante mi absurda ocurrencia.

-Pues vamos entonces, antes de que se nos haga demasiado tarde.

Me tomó de la mano para ayudar a levantarme y abandonamos el restaurante.

-¿Prefieres subir en ascensor o subir por las escaleras?-preguntó Michael con inocencia.

-Ascensor, gracias. Ya he tenido bastante para bajar, no quiero ni imaginarme como debe de ser subir tantos pisos.

Al cabo de unos minutos, entramos en la habitación. Dejé el bolso sobre la cama y salí al balcón. Michael acudió a mi encuentro segundos después.

-No está mal el sitio que has escogido- comentó mientras miraba el paisaje.

Era ya de noche, el cielo se encontraba salpicado por montones de pequeñas estrellas, cada cual más reluciente. A lo lejos, se apreciaba el templo de Zeus, perfectamente iluminado. Y el ruido procendente de los grillos al cantar terminaban de hacer perfectos aquellos metros cuadrados.
Aspiré aire una vez más con lentitud y me giré hacia Michael.

-¿Cómo lo hacemos?

-De la manera que nos es más cómoda. Siendo nosotros mismos.-contesté.

Él sonrió y volvió a sacar la pequeña sortija de sus pantalones. Tendí mi mano y el colocó el anillo en mi dedo anular, que se deslizó con el más perfecto de los movimientos hasta el lugar donde siempre había pertenecido. Anillo y dedo, 2 piezas de un puzzle que estaban deseando encajar como en ese momento.

-Yo, Michael Joseph Jackson, te tomo a tí por...

No pude evitarlo. Comencé a reírme. Él me miró molesto.

-Así no se puede, Isa. No es serio.

-No tiene por qué serlo-le contesté.- Sólo sincero. Además, estoy segura de que no te sabes el texto completo.

Él elevó las comisuras de sus labios, sonrojándose levemente.

-¡Cómo me conoces!

Después de ese momento, rompimos a reír.

-¡Vamos Mike! Seriedad.

-Sí, sí...bueno, vamos allá de nuevo.

Rozó el anillo con la yema de sus dedos e incrustó sus penetrantes ojos oscuros en los míos. Sólo cuando me miraba de esa manera, me olvidaba hasta de mi propia existencia.

-Sólo puedo decir...-murmuró-que te querré siempre.

Acto seguido, se inclinó para besar el anillo y dejo caer mi mano con suavidad.

-Yo no he podido comprar un anillo, pero tengo éste-susurré.

Entré unos segundos en la habitación para abrir mi maleta. Rebusqué y rebusqué hasta encontrar lo que deseaba: un anillo que mi abuelo me había dado antes de fallecer como recuerdo. Lo aferré con fuerza unos segundos antes de volver a salir al balcón. Michael me esperaba allí, mirándome sorprendido.

-¿El anillo de tu abuelo? Eso es demasiado. No sé si puedo...

-Claro que puedes. Era de la persona a la que más quería, y estoy segura de que está de acuerdo en que ahora te pertenece a tí.

Él sonrió con ternura mientras colocaba el anillo en el dedo correspondiente. Tomé su mano y le contemplé de la misma manera que había hecho él momentos antes, pero estaba segura de que no me había quedado igual, sin duda.

-¿Algo que decir, aparte de que eres una patosa sin remedio y una enana que no crece nunca?-preguntó Michael, suavizando así el momento.

-Sí-contesté- que te querré hasta el final

Y me incliné sobre él para besarle, sellando así la más pura de las promesas. Y en aquella ocasión, sería para siempre.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Una breve pausa.


Mis niñas, os agradezco de veras que hayáis ayudado a mi historia a obtener votos en estas nuevas nominaciones. Sin embargo, tengo que deciros que he abandonado el certamen. Aquí os dejo el mensaje que he dejado en http://www.mjpremiacionfan-fics.blogspot.com/, aclarando los motivos:

" Susie, te agradezco muchísimo que hayas elegido mi historia para que sea nominada a estos premios...pero sin embargo, voy a pedirte que me elimines de todas las categorías.

¿El por qué? Sencillamente, yo escribo para honrar la memoria del hombre que ha cambiado mi vida, no a cambio de conseguir reconocimiento. Además, cada historia es un mundo, cada una mágica, cada una hace sentir de mil maneras diferentes...y por eso no quiero optar a ningún premio.

Me gusta como está, con mis lectores de siempre y sus comentarios motivadores, no necesito nada más, ya que para mí,tener premios no significa que sea mejor o peor.

Te pido disculpas por las molestias que esto de pueda ocasionar...pero creo que ya tengo todo lo que puedo merecer: a él, que va a estar siempre en mi corazón. Eso es lo único que importa.

¡Saludos!"

Sólo quería que lo supieseis... También quería compartir mi opinión con vosotras, ya que os habéis convertido en parte de mí, de esta historia que estoy construyendo poco a poco gracias a vuestro apoyo incondicional desde el principio, y que espero que así siga siendo.

¡Muchísimas gracias por todo, de verdad!

PD: Mañana o pasado intentaré subir el capítulo 71 :D

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Capítulo 70.


“Michael...¿Por qué no me respondes?” Eso es lo que me hubiese gustado preguntarle en ese momento, pero al verle desviar la llamada y contemplar el mar con gesto ausente, las palabras se quedaron atascadas en mi garganta.
Antes si quiera de darme cuenta, la sangre se agolpó bajo mis oídos, provocando que escuchara con más intensidad los latidos de mi corazón, que aumentaban su ritmo a medida que Michael se demoraba más en darme una contestación.

Con un esfuerzo hercúleo por mi parte, por fin decidí romper el silencio.

-Michael...

-Isa...-me interrumpió él...-no puedo contestarte.

-¿Por qué? ¿Tan malo es que te diga cuánto te quiero? ¿Es acaso demasiado pedir que me digas que tú también me quieres?

Percibí como aferraba los dedos de sus manos con fuerza en la barandilla del balcón.

-No puedo permitirte que me ames...ni yo permitírmelo a mí mismo.

No sentí mi cuerpo de cuello hacia debajo. ¿Qué demonios estaba diciendo? Hacía unas horas me estaba diciendo cuanto me quería, y ahora se excusaba diciendo que no podía dejar que mis sentimientos fuesen los mismos. Comenzaron a escocerme los ojos, como siempre que estaba a punto de echarme a llorar.
Aún así, reuní toda la dignidad que me fue posible en ese momento para comportarme como una joven racional, sensata y madura.

-Bien...¿Para qué me has traído entonces aquí?

Él me contempló por unos instantes con una expresión que no supe descifrar, antes de volver a retornar su mirada al mar.

-Para ayudarte a superar la pérdida de tu mejor amigo, para que pudiésemos recuperar nuestra amistad...y para decirte...que por mucho que me duela...no podemos seguir juntos.

-¿Qué?

-Soy consciente de que seguramente no lo entiendas....

-Mira Michael, ahí te doy la razón. No tengo ni la más mínima idea de qué está pasando- la sangre me hervía bajo la piel, sentía el veneno de mis propias palabras en mi lengua- Pero...¿Sabes qué? Ya no tengo fuerzas para intentar comprenderte. Llevo 6 años intentando hacerlo para no perderte, y aún así, siempre nos hemos tenido que separar. Ah, y otra cosa más...

Lo que más me enervó sin duda fue el hecho de que no me miró ni un sólo segundo mientras le decía todas aquellas palabras. Simplemente se limitó a asentir con la cabeza.

-No comprendo esa forma de amar que tienes.

Entonces sí que me miró, con los ojos abiertos como platos, expresando una gran incredulidad.

-No me mires así-continué-durante todos estos años, me has estado diciendo que el amor es lo que mueve el mundo, el único arma que el ser humano tiene para salvarlo...y sin embargo, siempre que te digo que te quiero, pretendes alejarme de ti. ¿Es que acaso quieres acabar sólo?

Michael se dio la vuelta y caminó un par de pasos hacia mí, intentando recortar las distancias entre nosotros, pero yo estaba demasiado dolida, así que repetí su movimiento, pero caminando hacia detrás.

-Isa...-comenzó- Precisamente porque te quiero, trato de alejarte de mí. No puedo permitirte que cargues con todo el dolor que llevo acumulado desde hace años. Te quiero, y por eso intento darte lo mejor de mí, en todo momento. No puedo amarte honestamente si te hago cargar con un dolor con el que apenas puedo yo.

Tras decir aquello, sus ojos comenzaron a brillar. Rápidamente me acerqué a él y presioné la palma de mi mano contra su mejilla, intentando consolarlo.

-¿Por qué, Michael? A mí no me importa ayudarte a llevar esa carga.

Él negó con la cabeza.

-Si el dolor que llevo conmigo es tan grande que no puedo enfrentarlo ni yo mismo, nadie puede hacerlo. A mí, nadie me puede salvar.

Esas palabras me acuchillaron en lo más profundo de mi pecho, haciéndome recordar cosas que hubiese preferido que siguieran olvidadas. Prensa, Paparazzis, Jordie Chandler, Gavin Arvizo, Martin Bashir...Conrad Murray.
Un 25 de Junio, medio planeta llorando su pérdida. Juicios, envidias, rencores....si todo aquello suponía demasiada carga para mí, no quería ni imaginarme lo que debía suponer para Michael.

-No pienso marcharme-murmuré al fin.-Tanto si me quieres a tu lado como si no, no pienso abandonarte. Respeto que no quieras compartir tu dolor, pero al menos déjame ser la persona que te levante si llegas a caerte. Nada más.

Él me contempló indeciso, con la duda abriéndose paso entre su mirada.

-No sé si debería.

-Ya lo creo que sí-contesté haciendo un esfuerzo por sonreír- Has puesto mi mundo patas arriba, lo menos que puedes hacer es dejarme seguir a tu lado. Tranquilo, no te obligaré a que te cases conmigo, lo prometo.

Tras esa frase, no le quedó más remedio que romper a reír.

-Mira que eres boba-comentó con sorna mientras arropaba mi cuerpo con el suyo en un tierno abrazo.

-Por eso me quieres, aunque no me lo digas-contesté.

-Sí, por eso te quiero.

Permanecimos en silencio durante algunos minutos más, dejando de ese modo aquella conversación atrás. Fue él quien rompió la quietud del momento.

-¿Me permitirás al menos invitarte a cenar esta noche? Ahora tengo que arreglar algunos asuntos...

-¿Más sorpresas?-vaticiné

-Unas cuantas más, sí.

-En ese caso, vale.-respondí.

-Bien, quedamos en...5 horas en el hall, de acuerdo?

Asentí. Michael se despidió de mí con un tierno beso antes de salir de la habitación.

El resto de la tarde lo dediqué por completo a mí misma: a dormir, a darme un baño relajante con más de mil jabones y piedras aromatizantes, a maquillarme, a vestirme...cuando hube terminado conmigo, al mirarme en el espejo me costó reconocerme.
No reconocía a aquella muchacha de ojos despiertos, mejillas sonrosadas, y pelo sedoso y ondulado. Había sustituido a la chica pálida y ojerosa de días anteriores. “Y aún así...-pensé para mis adentros- y aún así...me quiere” Sonreí con ganas ante ese pensamiento, me calcé, cogí el bolso, y bajé de dos en dos las escaleras de los 25 pisos hasta llegar al hall principal.
Por supuesto, llegué agotada, despeinada, con los pies doloridos, y con el maquillaje mal esparcido por todo mi rostro. Michael ya estaba allí. Al ver mi recién estrenado cambio de look comenzó a reírse con suavidad.

-Estás preciosa-comentó entre risas.

-Sí, llevo un estilo muy casual, ¿No te parece?

-Es muy propio de ti. Me gusta.

Me cogió de la mano y nos adentramos en uno de los restaurantes de hotel. Al llegar a una de las mesas, me ofreció asiento, como siempre hacía. Le dí las gracias e hice ademán de coger la carta para echar un vistazo a la comida, pero no me soltó la mano.

-¿Qué pasa?-pregunté.

-Mira Isa, hay algo que quiero decirte...

Aguardé, a la espera.

-¿Recuerdas lo que me has dicho esta mañana? ¿Que al menos te dejase que me acompañaras?

-Sí.

-Bien. Lo he estado pensando...pero no puedo aceptarlo.

La sangre abandonó mi rostro en cuestión de segundos.

-¿Por qué?

-No puedo aceptarlo...si no hay algo que lo haga oficial.

-Michael...¿Qué...?

Dejé de intentar terminar la frase, pues me quedé muda de asombro cuando le vi sacar una pequeña caja de terciopelo y abrirla con los dedos con sumo cuidado, dejando entrever una pequeña sortija plateada.

-No quería que fuese llamativa-dijo él derritiéndome con su mirada- Quería que fuese algo sencilla. Como lo eres tú. Así es como lo quiero.

Me obligué a mi misma a coger aire si no quería suicidarme yo sola por el hecho de que se me olvidase el acto de respirar.

Michael titubeó.

-Mira...no sé muy bien cómo va esto...así que lo diré como creo que tú lo prefieres, y como a mí me es más sencillo proponértelo.

Transcurrieron uno, dos, tres, siete segundos...

-¿Quieres casarte conmigo?-preguntó finalmente


Capítulo 69.


-¿Grecia?-pregunté minutos después, al desatarme la venda, perpleja tras echar un rápido vistazo a los billetes que sostenía Michael en la mano. Él la retiró con rápidez y endureció el gesto.
-Tramposa...

-Yo no hago trampas, es culpa tuya si dejas esos billetes a mi vista, y más con lo cotilla que soy.

Sonreí con suficiencia al percibir mi victoria ante mi lógica aplastante. Él, derrotado, finalmente esbozó una de sus sonrisas.

-Como quieras pequeña curiosa. Pero te puedo asegurar que no te vas a enterar de nada más.

Desde hacía años para nosotros, nos era imposible por las razones obvias coger un avión con más pasajeros, así que no me sorprendí cuando descendimos a la pista de despegue para subir a uno de sus flamantes Jets privados. Sonreí con ilusión.

-¿En este también hay uno de esos magníficos ajedrez de gominolas?

Michael correspondió a mi sonrisa mientras se echaba a un lado, como todo caballero, para cederme el paso.

-Por supuesto. No me iba a olvidar de cuánto te gusta hacer trampas.

-Bla, bla, bla...el caso es quejarse.

El viaje en el avión transcurrió rápidamente para mí, como si el tiempo avanzase como si de difusos borrones de colores y movimientos se tratase, a pesar de los miles de kilómetros que nos aguardaban por delante. Quizás era por tener a Michael a mi lado en todo momento, sujetando mi mano entre las suyas, y susurrándome pequeñas frases de sus canciones, como si únicamente hubiesen estado escritas para mí. Yo no hacía más que escucharle ensimismada, pues a pesar de los años que había vivido a su lado, seguía sin comprender cómo un ser tan perfecto como lo era él, me quería a mí como su compañera, su amiga, su pareja.
No había nada en mí capaz de retenerle, y aún así, ahí estaba él, envolviéndome con las miradas más dulces que jamás hubiese podido imaginar.

El Jet tomó tierra en la majestuosa Atenas, uno de los lugares más significativos para mí, protagonista de tantos y tantos poemas, escritos y mitos. Al igual que en Egipto, pisar esas tierras trajo consigo una sensación de una relajación completa, como si una parte de mí perteneciese a ese lugar, como si al fin estuviese en casa.

-¿Siempre ocurre esto?- pregunté a Michael mientras me ayudaba a descender por la escalera del avión.

-¿El qué?

-Llegar a un determinado lugar...y sentir que tu sitio está aquí, al lado del mar, la historia y los recuerdos.

Él tomó aire y lo dejó salir con lentitud.

-Dicen que cuando nos sentimos así es porque ya hemos estado en esos lugares anteriormente, inconscientemente o no.

-¿A tí te sucede a menudo?

-Desde que te conozco. Constantemente tengo una sensación parecida, como si realmente te hubiese conocido por una razón en concreto, y que estás aquí para advertirme.

Frené mis pasos en seco, nuevamente sorprendida por su suspicacia.

-¿Pasa algo?- preguntó.

-No, nada. Sólo que juraría que ya me has dicho eso antes.

-Sí, es posible...Bueno, ¿Vienes? Aún te queda lo mejor por ver.

-Dudo que puedas sorprenderme ya- comenté con una media sonrisa.

Michael se giró y me agarró de la mano con súbito entusiasmo.

-Eso suena a reto. Anda, vamos.

No añadí nada más. En el fondo, y para ser sincera, me encantaba que me sorprendiese a cada instante, pues jamás dejaba de hacerlo, aunque nunca le diese la satisfacción de reconocérselo.
En un lado de la pista, nos esperaba un flamante coche negro con cristales tintados. Eso me apenó en cierto modo, ya que no podría admirar el paisaje en todo su esplendor. Aún así, la sonrisa no desapareció de mi rostro.

Durante el camino, Michael habló sin cesar sobre su fascinación acerca de la cultura griega, según él, una de sus favoritas.

-...Sobretodo el concepto del amor que tenían-continuó él entusiasmado.

-¿Por qué? Todas las grandes historias de amor griegas terminan en tragedia.-respondí con el ceño fruncido.

-Precisamente por eso. Vivir un amor peligroso, prohibido, hasta el punto de llegar a perder a la persona que amas con tal de pasar a su lado un par de segundos más.

-Pero mira que eres fatalista a veces-me jacté dejando escapar un suspiro- entre esto, y lo de las momias...

Se echó a reir con ganas y me removió el pelo con dulzura.

-Campanilla-dijo-algún día comprenderás lo complicado que es el amor.

Le miré atónita. ¿Cómo podía poner en duda mis conocimientos sobre el amor? ¿Insinuaba que no lo había conocido? ¡Había puesto mi mundo del revés por él! Cuando estaba a punto de abrir la boca para reprocharle, el vehículo redujo la velocidad, hasta detenerse enfrente de un hotel de dimensiones desproporcionadas, un hotel más grande de lo que yo creí haber visto jamás. Abrí la boca de par en par, y si lo estáis pensando...no, no fui capaz de cerrarla. Al contemplar mi expresión Michael sonrió con suficiencia, y nuevamente me tendió la mano.

-¿Me acompañas?

-No me lo digas-murmuré con un hilo de voz- nuestra habitación es una suite.

-Acertaste.

Subí al ático prácticamente empujada por Michael, pues yo era incapaz de salir de mi asombro. Aquel sitio era mucho más hermoso de lo que me había esperado, sin duda. Y al llegar a las puertas dobles de la suite, Michael me tapó los ojos con sus manos. Me estremecí, temerosa de que una de esas visiones me abordara de nuevo, pero gracias a Dios, no pasó nada. Él abrió la puerta y guió nuestros pasos hacia lo que yo supuse que era el balcón, pues percibí como una suave brisa de aire acariciaba mi rostro.

-¿Preparada?- preguntó él.

-Siempre.

Y sin más preámbulos, liberó mis ojos de sus manos, y pude contemplar extasiada la belleza que se hallaba entre nosotros:
El imponente y grandioso templo de Zeus se habllaba a unos 500 metros del balcón, dotanto al entorno de una nobleza inigualable. Y a mi derecha, el más cristalino y diáfano mar. Un aroma salado nos envolvía, a la vez que el viento mecía nuestros cabellos como al son de una canción, lenta y melodiosa.

-Michael...esto es..sencillamente precioso.

-¿Te gusta?

-¿Estás de broma? ¡Esta es la novena maravilla del mundo!

-Querrás decir la octava...-me corrigió.

Negué con la cabeza.

-No, la novena. La primera de todas eres tú.

Él sonrió con dulzura e hizo rotar mi cuerpo con suavidad, para que así nuestras miradas se encontraran. Con una caricia, y el más suave de los movimientos, presionó sus labios con los míos, con la dulzura que siempre me enloquecía. Era todo tan perfecto, que hasta me pareció que la brisa aumentó su velocidad a la vez que él alargaba la duración del beso. Luego, demasiado pronto para mí, se separó.

-Te quiero, Michael.-susurré esbozando inconscientemente la más grande mis sonrisas.

Pero él, en cambio...no respondió.

jueves, 14 de octubre de 2010

Capítulo 68


No tuve tiempo de contestarle, pues me cogió de la mano y me arrastró literalmente fuera de la casa. Gracias a Dios no había desecho las maletas, pues eos nos retrasaría un tiempo más que considerable teniendo en cuenta la ingente cantidad de prendas que almacenaba después de aquellos años.

-Michael- le pregunté antes de ofrecer las maletas al chófer para que las metiera en la limusina.

-Dime.

-¿Y tu trabajo?

No es que deseara que hiciese giras, y conciertos multitudinarios, pero en mi cabeza las cuentas comenzaban a no cuadrarme, y más cuando estábamos a finales del 94, y el siguiente disco iba a ser lanzado el año siguiente.

-Retomaré la grabacioón del siguiente trabajo cuando volvamos, tampoco es que quede mucho por hacer. Venga, entra- añadió mientras abría la puerta del vehículo.

Sonreí con ganas y cogí asiento. Él se dejó caer a mi lado, donde bostezó ruidosamente.

-No he dormido nada.-comentó mientras un sonoro bostezo escapaba de sus labios.

Le miré con incredulidad, a sabiendas de que no era cierto, pues yo misma me había mantenido despiera hasta prácticamente el amanecer mientras contemplaba como dormía. Decidí no darle vueltas al asunto.

-Vaya...¿y eso?

-Porque te notaba inquieta todo el rato. Y luego cuando te dormiste, comenzaste a hablar...E Isa, no te ofendas...pero es que no te callas nunca.

Mi cuerpo entero se puso en tensión, súbitamente alerta.

-No seas exagerado, seguro que no hablé tanto...¿y qué decía, ya que estamos?

-Pues no se te entendía mucho, la verdad...no llegabas a vocalizar...-concluyó con una sonrisa de burla.

-Perdóname que no sepa hablar, señor perfecto- contesté frunciendo los labios.

-No te disculpes. Algún día, no sé cual, serás casi casi tan perfecta como lo soy yo.

Se echó a reír en cuanto hice ademán de lanzarme a su cuello como si fuese a ahogarle. Y yo, como no podía ser de otra manera, me quedé contemplándole sin habla, pues para mí, su sonrisa era una de las cosas más bellas que había visto jamás. Una sonrisa, que en mi humilde opinión, le haría sombra al más hermoso de los ángeles.

-Me encanta verte sonreír- susurré en cuanto clavó sus ojos en los míos.- Me pregunto si siempre sonríes con el corazón, o porque las circunstancias te obligan a ello.

-Depende. Estos últimos años las cosas no me han ido demasiado bien, ya sabes...En las entrevistas me noto obligado a hacerlo, por ofrecer una imagen, aún cuando hay muchísimas ocasiones en las que lo único que me apetece es levantarme de la silla e irme. Pero en los conciertos...aquello es otra historia. Y sé que la gente que me sigue lo nota, ¿sabes? siento que me ven feliz, que disfruto con lo que hago.

-Mmmm...

_Pero...¿quieres que te diga una cosa?

-Miedo me das- dije elevando las comisuras de mis labios.

-No, esta vez, sin bromas.

-A ver, sorpréndeme.

-Ahora no sonreía ni por la prensa, ni por los fans, ni por las actuaciones. Sonreía por poder estar de nuevo contigo, y esta vez sin obstáculos. Sólo tú y yo. Como aquel año- susurró mientras cogía mi mano entre las suyas.

Pocas veces me había sentido tan feliz como en aquella ocasión, y eso lo corroboró mi rostro, que se iluminó con una gran sonrisa, a la vez que percibía como me sonrojaba.

-Aún sigues sonrojándote como el primer día.

-Eso es porque te quiero como el primer día.-contesté.

En esa ocasión fue él quien sonrió a la vez que se mordía el labio inferior, uno de esos gestos que tanto me gustaba que hiciera. No hace falta decir que nos fundimos en un tierno beso. Lo que lo hacía más tierno, más bonito, era que ese beso sellaba no sólo una relación, si no una amistad, un sueño que creía imposible. Y una misión que cumplir: Hacerle feliz, durante tanto tiempo como me fuera posible.

El viaje transcurrió en silencio, ya que con Michael, muchas veces sobraban las palabras.

-Por cierto-le pregunté en un momento determinado- no me has dicho a dónde vamos.

-Ya te dije que era una sorpresa.

-Pues estamos en la carretera con dirección al aeropuerto.

-Bien, no pienso dejarte saber más de eso. Y pienso asegurarme de que no lo averigües.

-Pues tú dirás como.

-Así.

En sus manos tenía una venda negra, que extendió de lado a lado con una sonrisa.

-No pensarás hacerme ir por el aeropuerto con una venda, aún sabiendo lo torpe que soy y que me voy a caer, ¿verdad?

-No voy a dejarte caer.

Y acto seguido, se colocó detrás de mí para colocarme la prenda.

No debería haberlo hecho, pues el primer roce del pañuelo contra mi piel trajo consigo una imagen, una especie de deja vú. ¿Qué ví?
Me ví a mi misma, frente a una puesta de sol en la playa, y a Matt a unos centímetros por detrás, vendándome los ojos, y haciéndome girar después para robarme un beso, mientras tomaba con suavidad mi labio inferior entre sus dientes.

En ese momento, volví al presente. Y súbitamente, la tristeza me invadió, junto con una sensación de añoranza. ¿Por qué echaba de menos a alguien a quien ni siquiera podía hablar, o tocar?
Una lágrima rodó por mi mejilla, y la sequé con rapidez. Aquel iba a ser el viaje de nuestras vidas...ni siquiera el sentimiento ficticio que sentía por Matt iba a estropearlo.

O eso creía.

lunes, 11 de octubre de 2010

Capítulo 67.


-Buenas noches campanilla- susurró con dulzura.

Esbocé una pequeña sonrisa, e intenté conciliar el sueño, pero por más que lo intenté, me fue imposible. La sombra del recuerdo de el susodicho Matt me abordaba a cada instante. Miré el reloj que estaba colgado en una de las paredes : las 02;30, las 03:45, las 04:30..
Miré a Michael, que se encontraba plácidamente dormido. Ni siquiera el observar su rostro consiguió que me evadiera. Finalmente, y tras incontables vueltas de un lado hacia otro, logré perderme en la inconsciencia del sueño.

Me encontraba en mitad de un parque de atracciones, repleto de personas, cada una de ellas demasiado preocupadas en sus vidas cotidianas como para preocuparse por nadie. Confusa, giré a mi alrededor, buscando a Michael con la mirada, pues no habría ido a un lugar así a no ser que él me acompañase. Le busqué a lo largo de todo el recinto, pero no le localicé. Exhausta, me dejé caer sobre un banco. Percibí como una chica se sentaba a mi lado, pero no levanté la cabeza para averiguar de quién se trataba. Lo único que me preocupaba en ese instante era poder encontrar a Michael, o a alguien conocido, en su defecto.

-Ya era hora Matt, pensé que te habías perdido - comentó divertida mi compañera de banco.

Alcé la mirada con rápidez. Reconocía ese tono de voz suave, con un deje infantil, y la melodía de esa risa. Y la conocía tan bien...porque esa era mi voz.

Intenté no gritar al verme a mí misma sentada a mi lado, con otra ropa, otro peinado, pero sin duda se trataba de mí. Me contemplé boquiabierta a causa de la sorpresa.

-Sí, seguro que lo estabas desando para poder huir de mí, ¿verdad?

Sin salir de mi asombro, giré la cabeza 180º para observar al que se hacía llamar "Matt". Y cuál fue mi sorpresa al descubrir que se trataba de aquel chico, el mismo que había "visto" en las puertas de Neverland, aquel que me producía aquellas extrañas sensaciones en mi interior. Sólo que en esta ocasión pude apreciar su rostro con claridad. Debía de rondar los 30 años, por los claros signos de madurez escritos en sus facciones. Mandíbula cuadrada, nariz recta y fina...y podría haber seguido, pero al mirarle a los ojos perdí la noción del tiempo. Eran verdes, de un jade intenso, capaces de aturdir a cualquiera.
No me molesté en ocultarme, pues estaba claro que no se había percatado de mi presencia. Matt sonrió, provocando que me sonrojara. Bueno, y mi otro "yo", también.

-Oh, sí, estaba a punto de echarme a correr- se carcajeó mi doble.

Él se acercó hacia donde nos encontrábamos y se inclinó para besar a mi compañera con el más leve de los roces. Inmediatamente, sentí ese roce en mis labios, como si hubiese sido a mí a quien besaba. Ella se levantó, cogió su mano, y se marcharon entre risas y bromas.

Aturdida, confusa y con el corazón a punto de salírseme del pecho, me levanté, con intención de seguirles, pero una mano impidió mi propósito. No me hizo falta girarme para saber que se trataba de Eric.

-¿Qué quieres, Eric? No entiendo nada.

Me soltó y se colocó frente a mí, sonriendo burlón.

-Sólo quería mostrarte lo que debería ser tu presente, si no siguieras empeñada en seguir al lado de Michael, aún sabiendo que no vas a poder cambiar el rumbo de los acontecimientos.

-Ni pienso irme, Eric. No voy a estar siempre que me necesite. Estaré siempre, aunque no me necesite.


-¿Aunque ames a Matt de la misma manera que le amas a él?
Retrocedí un par de pasos, molesta.

-Eso no es cierto.

-Puede que no te lo parezca. Pero es así. Y si no, explícame que hacías intentando seguirle.

-Yo sólo... sentía curiosidad.

-Sí, seguro. Bueno, es hora de que te despiertes.

-¿Acaso esto era un sueño?

-Claro que lo era.

-Pues no lo hagas más.

-¿Que no haga más qué?- preguntó- ¿que no te muestre más lo feliz que podrías llegar a ser?

-Soy feliz ahora.- me defendí.

-Como quieras. Pero no pienso dejar de hacerlo.

Estuve a punto de rebatirle, pero la voz de Michael pronunciando mi nombre me arrancó de golpe de aquel extraño sueño.

-Isa, ¿estás bien?

Bostecé y rodé de lado, buscando sus labios con ansia, hasta que logré mi objetivo.

-¿Despiertas así todas las mañanas?-me preguntó esbozando mi sonrisa favorita.

-Humm...déjame pensar...si es contigo, sí.

-Entonces...tendremos que dormir más noches juntos.

Sonreí eufórica ante la expectativa.

-Suena genial.

Michael me tendió su mano y me ayudó a levantarme. Al hacerlo, no pude evitar quejarme.

-¿Estás bien?

-Sí, sólo me duele la espalda un poco.

-Recuérdame que la próxima vez durmamos en una cama. Venga, vámonos.

Le miré, perpleja.

-¿Irnos? ¿A dónde?

-Pues...es una sorpresa.

-¿No me lo vas a decir?

-Déjame pensar...no. Pero déjame decirte una cosa.

-¿Qué?

-¿Estás preparada para escaparte conmigo durante 2 semanas?

Me eché a reír con ganas, como hacía mucho tiempo que no me pasaba.

-¿Estás tu preparado para aguantarme durante todo ese tiempo?

Él me rodeó con sus brazos y acarició mi mejilla con sus labios, estremeciéndome por completo.

-No lo sabes tú bien.