Hice un esfuerzo sobrehumano para mantener mi compostura.
-Hola- saludé, con toda la frialdad que me fue posible.
Jordie se giró y sonrió a Michael.
-Mike…¿puedo subir al Zipper?
-Claro que sí.
-¡Gracias!¡Adiós Isa!
Y a continuación, echó a correr en dirección contraria. Sentí la mirada de Michael fija en mí, pero no dijo nada.
Medité unos instantes en silencio y recordé lo que me dijo aquel hombre en la fiesta de cumpleaños. ¿Sería cierto? ¿no podía intervenir? ¿tenía que ver como determinadas personas entraban en su vida, le lastimaban, y luego se marchaban? ¿No podía evitar de ninguna manera lo acontecido aquel 25 de Junio de 2009? El simple hecho de pensarlo provocó que un sudor frío recorriera mi frente.
Unas manos me retiraron el pelo hacia atrás y unos labios besaron mi cuello. No me hizo falta darme la vuelta para saber quien era. Reconocía el tacto de esos labios antes que los míos propios. Todos mis temores se esfumaron y me giré para rodear a Michael con mis brazos. Apoyé mi cabeza en su pecho y allí me quedé, escuchando su respiración.
-Cómo echaba de menos esto- murmuré exhalando un suspiro.
-Yo también.
Jugué un rato con sus rizos, inmersa en mis pensamientos. Vislumbré a Bianca caminando hacia nosotros.
-Señor Jackson, Jhonn Branca está al teléfono.
Michael refunfuñó.
-Pásamelo, por favor.
Ella asintió y se marchó. Me separé de él, acariciando su mejilla con suavidad.
-El trabajo te espera- anuncié.
- Lo odio.
- No lo odias. Te encanta, y lo sabes.
-Sí, pero hoy lo odio. Desearía pasar el día contigo.
Bianca apareció de nuevo, ofreciéndole el teléfono
-Dime, Jhonn.
Me hice a un lado para dejarle hablar con tranquilidad. Observé distraída a todos aquellos niños. Sonreí al verles disfrutar, gritar, saltar de alegría. Y no pude evitar sentirme afortunada. Jordie me miró desde lo lejos, con una extraña expresión en el rostro. Apreté los dientes. Odiaba a ese niño. Realmente sabía que quien tuvo la culpa de todo no fue de él, si no de su padre. Aún así, tuve que reprimir las ganas de ir a por él y ahorcarle con mis propias manos.
Michael colgó el teléfono y caminó hacia mí.
-Pequeña, tengo que ir a grabar un videoclip. Bueno, el video en sí se grabará en Alemania, pero tengo que ir a los estudios de grabación para coger algunas tomas.
-¿Puedo ir?- pregunté.
-Pues claro que sí. Sólo una cosa antes.
-¿Sí?
- Voy a tener que llevar a Jordie con nosotros. Le prometí a su madre que no le dejaría solo.
Resoplé, molesta. No sólo me incordiaba el hecho de no poder estar a solas con Michael, si no que ese mocoso iba a tener que venirse.
-¿Y ahora que pasa? – preguntó preocupado.
Intenté utilizar su misma técnica. Esbocé un gesto de desconsuelo, haciendo temblar mi labio inferior.
-Bueno, yo quería estar contigo.
¿Había funcionado? Eso parecía. Su mirada se dulcificó de un modo extremo. Me dedicó mi sonrisa favorita, acto que causó que mi cuerpo se estremeciera. Sujetó mi mentón con su mano, siempre con ternura. ¿Sabía las reacciones que provocaba en mí cuando me acariciaba?
-Yo también pequeña…pero no puedo faltar a mi palabra. No quiero meterme en líos.
Me mordí la lengua con fuerza, evitando decir “precisamente por no faltar a tu palabra ese niño te va a hacer un daño inmensurable”. Iba a hablar cuando algo me interrumpió. Jordie tiraba de la camisa de Michael, intentando llamar su atención. Él le dedicó una resplandeciente sonrisa.
-¿Sí, Jordie?
-Bianca me dijo que nos vamos a los estudios.
-Es cierto. Ve hacia la limusina, ahora te alcanzamos.
Esperé, pero Jordie no se movió. ¿Es que no me iba a dejar a solas con Michael ni 5 minutos?
-No, no quiero ir solo- respondió- ven conmigo Mike.
-Bueno, está bien.
Michael me dirigió una mirada a modo de disculpa y echó a caminar. Jordie le dio la mano y él la aferró. Aquella visión me causó tanta rabia, que no pude evitarlo: Pisé el bajo de los pantalones del niño. Jordie trastabilló y cayó al suelo de boca. Emitió un gemido de dolor.
-Uy, lo siento- dije rechinando los dientes.
Sobra decir que no me arrepentía en absoluto. De hecho, me quedé con ganas de rematar su caída con una buena patada. “Debería reprimir mis instintos homicidas” pensé para mis adentros. Michael se inclinó para ayudarle, pero le detuve.
-Vamos Michael. Ha sido una caída de nada…¿verdad Jordie?- pregunté con cierto tono de desdén en la voz.
No contestó. Se levantó y comenzó a caminar detrás de nosotros. Michael me rodeó la cintura con uno de sus brazos.
-Eres un encanto…prometo que esta noche te lo compensaré- comentó mientras me guiñaba un ojo.
Sólo me hizo falta echar un vistazo al fuego de su mirada para saber que no mentía.